/ jueves 9 de mayo de 2019

Visión californiana de Cortés

(Segunda de dos partes)

Cortés marchó por tierra desde México con Andrés de Tapia y algunos hombres más, y el resto se embarcó en Tehuantepec rumbo a Sinaloa. El Concepción se halló varado y en estado imposible para navegar. Parte del contingente y los bastimentos quedaron en Chiametla a cargo de Tapia, y la flota se dio de nuevo al mar el 15 de abril de 1535.

Se tomó la ruta del noroeste y llegó el 3 de mayo siguiente al sitio donde un año y medio antes fueron muertos Jiménez y sus seguidores, al que Hernán Cortés dio el nombre de puerto y bahía de Santa Cruz, del cual tomó posesión en nombre del rey Carlos según puede leerse en el acta que fue levantada con ese motivo.

La llegada de don Hernán a California aquel 3 de mayo de 1535 en que tomó posesión del puerto y bahía de Santa Cruz, hoy La Paz, en el extremo sur de la península noroccidental de México, tuvo varios ingredientes provechosos: fue trazado el primer mapa de esa tierra, que a partir de entonces comenzó a recibir el nombre de “California”, y pasó a formar parte de la historia, la geografía y la cultura universales.

En el libro de Mariano González Leal titulado Juan de Jasso, el Viejo, que consta de 325 páginas y se halla dividido en cuatro partes, la tercera de ellas transcribe testimonios documentales sobre este personaje, uno de los capitanes de Cortés que lo acompañó en su viaje a California.

En uno de dichos papeles pueden leerse las órdenes que dio el conquistador a Jasso el domingo 18 de julio del propio 1535, cuando éste se dirigía a comandar la cuarta exploración de la región aledaña a Santa Cruz para, como las precedentes, conocer su gente y las características de la tierra recién descubierta por ellos con el propósito de establecer ahí una colonia permanente, “en el servicio de Dios y el acrecentamiento del patrimonio real y la utilidad y provecho de los conquistadores y pobladores.”

En los textos de dichas órdenes queda constancia del cuidado y consideración que el extremeño pidió a su gente tener con los de la tierra, subrayando que en caso extremo de defensa frente a cualquier agresión debieran evitar que las mujeres y niños sufrieran daño alguno.

Por ello, en la presente comunicación sostenemos que el Hernán Cortés que llegó a California lo hizo con al menos dieciséis años de experiencia personal, tortuosa en varios casos, en su trato con nativos americanos, que en esta nueva empresa le indicaron el camino de la concordia para obtener frutos más convenientes a sus empeños.

El conquistador debió regresar a la capital de Nueva España, requerido principalmente por su esposa y el recién llegado primer virrey Antonio de Mendoza, por lo cual dejó encargado de la incipiente colonia a uno de sus hombres de confianza, el capitán Francisco de Ulloa, a quien además confió las exploraciones en la última de sus empresas en la esquiva tierra de sus afanes.

Ulloa navegó por el litoral del golfo de California y por la costa occidental de la península del noroeste novohispano en los años de 1539 y 1540. Lo hizo por encargo de Hernán Cortés, quien con la nueva empresa persistía en la pretensión de ampliar sus descubrimientos en la región del Pacífico septentrional de Nueva España.

El 8 de julio de 1539 zarpó Ulloa de Acapulco al mando de tres embarcaciones, una de las cuales fue separada del resto en el mar y no se le volvió a localizar, así que la expedición tuvo que contar sólo con la Santa Águeda y la Trinidad.

Subieron por las costas de los actuales estados de Michoacán, Colima, Jalisco, Nayarit y Sinaloa; de ahí se dirigieron al ya conocido puerto de Santa Cruz (hoy La Paz) desde el arribo del propio Cortés cuatro años antes, al que habían previamente acordado como punto de reunión.

A principios de septiembre (1539) salieron de Santa Cruz a reanudar el viaje con un californio a bordo en funciones de intérprete. Llegaron a la contracosta un poco al norte de Culiacán y siguieron hasta encontrarse con el fondo del golfo al que bautizaron como ancón de San Andrés y mar Bermeja, de donde le viene esa otra designación con que es conocido el seno californiano. Buscaron un canal por el cual pudiesen proseguir en sus naves al norte, que obviamente no hallaron, y continuando debieron avanzar por el litoral oriental de la California, cuya peninsularidad quedó así demostrada por primera vez, pues no vieron salida al mar abierto sino hasta después de haber regresado a Santa Cruz, lo que ocurrió el 19 de octubre de ese mismo 1539.

Salieron diez días después, pasaron por cabo San Lucas el 4 de noviembre y emprendieron el ascenso por la costa hasta llegar, luego de los muchísimos y consabidos contratiempos, a la isla de Cedros el 9 de enero del año siguiente. Desde entonces los temporales les impidieron adelantar la expedición, y el 24 de marzo decidió Ulloa mandar la Santa Águeda de regreso a México con su informe a Cortés, e insistir él en el viaje a bordo de la Trinidad.

Francisco Preciado acompañó como piloto a Ulloa en su navegación a esa parte de Nueva España en 1539 por encargo de Hernán Cortés, y de ese viaje produjo para la historia lo que se conoce como su “relación”, especie de recuento a la par que testimonio de acontecimientos dignos de recordación.

Entre otros asuntos igualmente relevantes de esa crónica sobresale el hecho de que en ella aparece en tres ocasiones la denominación de “California”, lo que parece ser la más antigua designación en referencia a la península.

En resumen, esta visión del conquistador legitima el que el mar interior peninsular y otras formas de conmemoración como calles e instituciones lleven también su nombre, y lo mismo podría sugerirse para otras formas de reconocimiento a un personaje fundamental del pasado mexicano en sentido amplio, y californiano de modo particular.

Y sería tal vez buena manera de intentar la reconciliación del indio y el español que todavía luchan en el interior de la sangre de los mexicanos, integrada --aunque ello aún sea inadmisible para muchos-- por la de ambos.

Medellín (Badajoz, Extremadura, España), 5 de abril de 2019.

(Segunda de dos partes)

Cortés marchó por tierra desde México con Andrés de Tapia y algunos hombres más, y el resto se embarcó en Tehuantepec rumbo a Sinaloa. El Concepción se halló varado y en estado imposible para navegar. Parte del contingente y los bastimentos quedaron en Chiametla a cargo de Tapia, y la flota se dio de nuevo al mar el 15 de abril de 1535.

Se tomó la ruta del noroeste y llegó el 3 de mayo siguiente al sitio donde un año y medio antes fueron muertos Jiménez y sus seguidores, al que Hernán Cortés dio el nombre de puerto y bahía de Santa Cruz, del cual tomó posesión en nombre del rey Carlos según puede leerse en el acta que fue levantada con ese motivo.

La llegada de don Hernán a California aquel 3 de mayo de 1535 en que tomó posesión del puerto y bahía de Santa Cruz, hoy La Paz, en el extremo sur de la península noroccidental de México, tuvo varios ingredientes provechosos: fue trazado el primer mapa de esa tierra, que a partir de entonces comenzó a recibir el nombre de “California”, y pasó a formar parte de la historia, la geografía y la cultura universales.

En el libro de Mariano González Leal titulado Juan de Jasso, el Viejo, que consta de 325 páginas y se halla dividido en cuatro partes, la tercera de ellas transcribe testimonios documentales sobre este personaje, uno de los capitanes de Cortés que lo acompañó en su viaje a California.

En uno de dichos papeles pueden leerse las órdenes que dio el conquistador a Jasso el domingo 18 de julio del propio 1535, cuando éste se dirigía a comandar la cuarta exploración de la región aledaña a Santa Cruz para, como las precedentes, conocer su gente y las características de la tierra recién descubierta por ellos con el propósito de establecer ahí una colonia permanente, “en el servicio de Dios y el acrecentamiento del patrimonio real y la utilidad y provecho de los conquistadores y pobladores.”

En los textos de dichas órdenes queda constancia del cuidado y consideración que el extremeño pidió a su gente tener con los de la tierra, subrayando que en caso extremo de defensa frente a cualquier agresión debieran evitar que las mujeres y niños sufrieran daño alguno.

Por ello, en la presente comunicación sostenemos que el Hernán Cortés que llegó a California lo hizo con al menos dieciséis años de experiencia personal, tortuosa en varios casos, en su trato con nativos americanos, que en esta nueva empresa le indicaron el camino de la concordia para obtener frutos más convenientes a sus empeños.

El conquistador debió regresar a la capital de Nueva España, requerido principalmente por su esposa y el recién llegado primer virrey Antonio de Mendoza, por lo cual dejó encargado de la incipiente colonia a uno de sus hombres de confianza, el capitán Francisco de Ulloa, a quien además confió las exploraciones en la última de sus empresas en la esquiva tierra de sus afanes.

Ulloa navegó por el litoral del golfo de California y por la costa occidental de la península del noroeste novohispano en los años de 1539 y 1540. Lo hizo por encargo de Hernán Cortés, quien con la nueva empresa persistía en la pretensión de ampliar sus descubrimientos en la región del Pacífico septentrional de Nueva España.

El 8 de julio de 1539 zarpó Ulloa de Acapulco al mando de tres embarcaciones, una de las cuales fue separada del resto en el mar y no se le volvió a localizar, así que la expedición tuvo que contar sólo con la Santa Águeda y la Trinidad.

Subieron por las costas de los actuales estados de Michoacán, Colima, Jalisco, Nayarit y Sinaloa; de ahí se dirigieron al ya conocido puerto de Santa Cruz (hoy La Paz) desde el arribo del propio Cortés cuatro años antes, al que habían previamente acordado como punto de reunión.

A principios de septiembre (1539) salieron de Santa Cruz a reanudar el viaje con un californio a bordo en funciones de intérprete. Llegaron a la contracosta un poco al norte de Culiacán y siguieron hasta encontrarse con el fondo del golfo al que bautizaron como ancón de San Andrés y mar Bermeja, de donde le viene esa otra designación con que es conocido el seno californiano. Buscaron un canal por el cual pudiesen proseguir en sus naves al norte, que obviamente no hallaron, y continuando debieron avanzar por el litoral oriental de la California, cuya peninsularidad quedó así demostrada por primera vez, pues no vieron salida al mar abierto sino hasta después de haber regresado a Santa Cruz, lo que ocurrió el 19 de octubre de ese mismo 1539.

Salieron diez días después, pasaron por cabo San Lucas el 4 de noviembre y emprendieron el ascenso por la costa hasta llegar, luego de los muchísimos y consabidos contratiempos, a la isla de Cedros el 9 de enero del año siguiente. Desde entonces los temporales les impidieron adelantar la expedición, y el 24 de marzo decidió Ulloa mandar la Santa Águeda de regreso a México con su informe a Cortés, e insistir él en el viaje a bordo de la Trinidad.

Francisco Preciado acompañó como piloto a Ulloa en su navegación a esa parte de Nueva España en 1539 por encargo de Hernán Cortés, y de ese viaje produjo para la historia lo que se conoce como su “relación”, especie de recuento a la par que testimonio de acontecimientos dignos de recordación.

Entre otros asuntos igualmente relevantes de esa crónica sobresale el hecho de que en ella aparece en tres ocasiones la denominación de “California”, lo que parece ser la más antigua designación en referencia a la península.

En resumen, esta visión del conquistador legitima el que el mar interior peninsular y otras formas de conmemoración como calles e instituciones lleven también su nombre, y lo mismo podría sugerirse para otras formas de reconocimiento a un personaje fundamental del pasado mexicano en sentido amplio, y californiano de modo particular.

Y sería tal vez buena manera de intentar la reconciliación del indio y el español que todavía luchan en el interior de la sangre de los mexicanos, integrada --aunque ello aún sea inadmisible para muchos-- por la de ambos.

Medellín (Badajoz, Extremadura, España), 5 de abril de 2019.

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