/ lunes 7 de septiembre de 2020

La geografía de la muerte

La geografía de la pandemia no solo es de dolor y de muerte: es también política. Bajo el desastroso manejo federal, se oculta la desdicha de la sumisión incompetente de los estados gobernados -es un decir- por el partido Morena.

En los hechos, han sido los gobiernos estatales los que han enfrentado, como han podido o querido, el embate de una ola de devastación.

Las cifras oficiales dicen que tenemos 629 mil contagiados y 67 mil muertos. Las reales reflejan una tragedia humanitaria sin paralelo. IGEA reporta -con base en cifras estatales, laboratorios privados excluidos por Gatell y factores de transmisión internacionales- algo más de 18 millones de contagios y más de 250 mil muertes.

Pero tomemos los datos oficiales.

4 de los cinco estados con más decesos son gobernados por Morena: la Ciudad de México, Veracruz, Puebla y Baja California.

3 de cada 10 muertos en el país se ubican en esos 4 estados.

El índice de letalidad nacional -la cantidad de enfermos que mueren- es brutal: 10.7% contra 3.3% mundial.

En los estados es de horror. En Morelos y Baja California la letalidad es de 19%. En Chiapas es de 17%. En Veracruz y Puebla, alcanza 13%.

Hay una responsabilidad directa de los gobiernos estatales.

Cuauhtémoc Blanco posó con el presidente López Obrador haciendo una cuauhtemiña y Cuitláhuac García hacía recorridos presenciales, sin sana distancia ni cubrebocas, en el pico de la pandemia. García mantuvo abiertas las playas a grupos de cien bañistas. El alcalde de Xalapa pidió el 7 de abril ampliar el cementerio de la capital, en lugar de forzar el confinamiento. Miguel Barbosa dijo que el COVID sólo atacaba a ricos.

Tabasco tiene solo 2.6 millones de habitantes, pero la segunda tasa de contagio por cada cien mil habitantes más alta del país: 1,142. De hecho, el municipio de Centro -Villahermosa- es el tercero con más contagios de todo el país, solo por debajo de Puebla e Iztapalapa.

El número de contagios puede deberse al uso masivo de pruebas, no así el de letalidad. Más pruebas resulta en la detección oportuna de más enfermos que pueden ser aislados y tratados a tiempo. Se evitan muertes y contagios.

No es el caso de los estados gobernados por Morena, a excepción, bastante digna, de la Ciudad de México.

Veamos: el promedio de pruebas en México por cada 100 mil habitantes es de apenas 8.5. En los estados gobernados por Morena, el promedio sube marginalmente a 8.8.

Pero es un espejismo. La Ciudad de México aplica 31.8 pruebas por cada cien mil habitantes. Si se excluye a la capital, el promedio baja a 5. Baja California aplica 3.8; Morelos 3.2, Veracruz 3.1 y ¡Chiapas 0.9!

La tragedia estatal se debe a una mezcla fatal: gobernadores ignorantes, incompetentes y vasallos.

Siguen el mal ejemplo. Bailan al son que les toque el gobierno federal. La excepción, insisto, es la Ciudad de México.

Fuera de eso, el color de los gobiernos de Morena corresponde a la geografía de la incompetencia.

Y de la muerte.

La geografía de la pandemia no solo es de dolor y de muerte: es también política. Bajo el desastroso manejo federal, se oculta la desdicha de la sumisión incompetente de los estados gobernados -es un decir- por el partido Morena.

En los hechos, han sido los gobiernos estatales los que han enfrentado, como han podido o querido, el embate de una ola de devastación.

Las cifras oficiales dicen que tenemos 629 mil contagiados y 67 mil muertos. Las reales reflejan una tragedia humanitaria sin paralelo. IGEA reporta -con base en cifras estatales, laboratorios privados excluidos por Gatell y factores de transmisión internacionales- algo más de 18 millones de contagios y más de 250 mil muertes.

Pero tomemos los datos oficiales.

4 de los cinco estados con más decesos son gobernados por Morena: la Ciudad de México, Veracruz, Puebla y Baja California.

3 de cada 10 muertos en el país se ubican en esos 4 estados.

El índice de letalidad nacional -la cantidad de enfermos que mueren- es brutal: 10.7% contra 3.3% mundial.

En los estados es de horror. En Morelos y Baja California la letalidad es de 19%. En Chiapas es de 17%. En Veracruz y Puebla, alcanza 13%.

Hay una responsabilidad directa de los gobiernos estatales.

Cuauhtémoc Blanco posó con el presidente López Obrador haciendo una cuauhtemiña y Cuitláhuac García hacía recorridos presenciales, sin sana distancia ni cubrebocas, en el pico de la pandemia. García mantuvo abiertas las playas a grupos de cien bañistas. El alcalde de Xalapa pidió el 7 de abril ampliar el cementerio de la capital, en lugar de forzar el confinamiento. Miguel Barbosa dijo que el COVID sólo atacaba a ricos.

Tabasco tiene solo 2.6 millones de habitantes, pero la segunda tasa de contagio por cada cien mil habitantes más alta del país: 1,142. De hecho, el municipio de Centro -Villahermosa- es el tercero con más contagios de todo el país, solo por debajo de Puebla e Iztapalapa.

El número de contagios puede deberse al uso masivo de pruebas, no así el de letalidad. Más pruebas resulta en la detección oportuna de más enfermos que pueden ser aislados y tratados a tiempo. Se evitan muertes y contagios.

No es el caso de los estados gobernados por Morena, a excepción, bastante digna, de la Ciudad de México.

Veamos: el promedio de pruebas en México por cada 100 mil habitantes es de apenas 8.5. En los estados gobernados por Morena, el promedio sube marginalmente a 8.8.

Pero es un espejismo. La Ciudad de México aplica 31.8 pruebas por cada cien mil habitantes. Si se excluye a la capital, el promedio baja a 5. Baja California aplica 3.8; Morelos 3.2, Veracruz 3.1 y ¡Chiapas 0.9!

La tragedia estatal se debe a una mezcla fatal: gobernadores ignorantes, incompetentes y vasallos.

Siguen el mal ejemplo. Bailan al son que les toque el gobierno federal. La excepción, insisto, es la Ciudad de México.

Fuera de eso, el color de los gobiernos de Morena corresponde a la geografía de la incompetencia.

Y de la muerte.

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