/ miércoles 6 de mayo de 2020

Estrés laboral, el otro inquilino de la cuarentena

El cambio de rutina obliga a realizar tres trabajos de forma simultánea, el profesional, el familiar y el del hogar

Hombres y mujeres que se encargan del hogar y simultáneamente trabajan desde casa enfrentan un doble reto, lo que detona el estrés .

Al principio, la mayoría de los padres que tuvieron que quedarse en casa para reducir la posibilidad de contagio de Covid-19, vieron en el llamado home office una buena oportunidad para estar más cerca de sus hijos durante la contingencia.

En teoría, la idea de pasar más tiempo cerca de la familia se traduciría en más horas para llevar a cabo no sólo las tareas diarias, sino también una buena oportunidad para gozar de ciertas comodidades en compañía de los seres queridos.

Sin embargo, desde los primeros días del confinamiento los padres de familia se dieron cuenta de que el escenario sería muy distinto.

Aseo personal y de los niños, revisar el correo electrónico, preparar el desayuno, atender llamadas, lavar los trastes, ver pendientes del trabajo, lavar la ropa, trabajar un poco más, cuidar a los niños, supervisar que estudien, avanzar otro poco en el trabajo, salir a pagar la luz o cualquier otro pendiente, preparar los alimentos, seguir trabajando, comer, lavar los trastes, atender alguna videoconferencia, supervisar que los niños hagan la tarea, más pendientes del trabajo, preparar la cena y acostar a los niños, son sólo algunas de las tareas que todos los días tienen que realizar sin falta los jefes de familia que además laboran desde casa.

Si bien la contingencia sanitaria está generando estrés en la población en general, como alertó la Organización Mundial de la Salud en su informe Salud mental y consideraciones psicosociales durante el brote de Covid-19, este padecimiento se presenta de manera particular en los padres de familia que viven ahora otro tipo de dinámicas.

Sin la posibilidad de contar con el apoyo de trabajadores domésticos, niñeras, ni de familiares que antes cumplían esas funciones, todas las responsabilidades se concentran en la figura de los padres de familia, dando lugar a situaciones de cansancio, dolores musculares, dolores de cabeza, falta de energía y concentración, mal humor y trastornos del sueño, entre otros síntomas.

“¡SIENTO QUE TRABAJO TODOS LOS DÍAS, TODO EL TIEMPO!”

Miriam Euan, gestora de proyectos y emprendedora del Estado de México, trabaja ahora desde casa, mientras se encarga también del hogar y de los cuidados de su hijo de cinco años.

“En el día me es imposible concentrarme, por la comida, la tarea que le dejan en la escuela a mi hijo, la limpieza, etcétera. Mi hijo, feliz de que esté con él, pero pienso que todo esto sí repercute en la dinámica de horarios y deberes en la casa”, menciona Miriam.

Agrega que la noche, después de que lleva a dormir a su hijo, es el tiempo reservado para ella y sus proyectos laborales, por lo que a veces termina yéndose a dormir a las cinco de la mañana.

Alejandro M., de 50 años, trabaja en una empresa de entretenimiento, y aunque lleva las tareas del hogar en compañía de su pareja, asegura que atender al mismo tiempo las necesidades de un niño de nueve años y de una niña de tres años se ha convertido en “un dolor de cabeza”.

“Tienes que cocinar, limpiar, atender tu chamba, las tareas de los niños, su higiene. Los horarios son una locura, despierto temprano, me duermo tarde, ¡siento que trabajo todos los días, todo el tiempo!”

Alejandro está consciente que si bien el estrés es un padecimiento que actualmente sufren varios sectores de la población, derivado de la pandemia, en el caso de los padres de familia que además trabajan esto se multiplica:

“Todos andamos jodidos, pero la cosa es más con las familias con niños pequeños”, enfatiza.

Alejandro señala que está cumpliendo al 100 por ciento con todas las tareas, aunque queda sobreestimulado por el estrés y el cansancio que cada día se acumulan.

“Esa idea de ser megaproductivos está mal, muy mal; esa mentalidad de que sólo el trabajo te hará feliz, y de que si es mucho trabajo mejor, es como de esclavo. Es una paradoja, porque trabajas mucho para poder estar mejor y pasa lo contrario”.

Agrega que por ahora lo único que pueden hacer es ser más eficientes en todos los sentidos y seguir puliendo su estructura de las tareas más básicas. “Lo demás ya lo vamos enfrentando mejor en el momento”.

Sobre el estado de ánimo de los integrantes de la familia, puntualiza que sí ha repercutido esta situación. “Pero es más complejo que estar feliz o enojado”.

“No es lo mismo tener un par de días que fueron estresantes a que pase una semana o dos o tres semanas con la misma intensidad”.

La psicóloga Isabel Navarro Moncada, directora de la clínica Te Queremos Escuchar, asegura que cuando nos referimos a estas situaciones no estamos hablando del equivalente a dos trabajos, sino a tres: “el cuidado de los hijos de tiempo completo, el trabajo laboral y aparte el trabajo de casa, la comida y la limpieza”.

Considera que en esta situación, el llamado de atención debe ser principalmente para las empresas.

“Muchas veces quieren seguir manteniendo la productividad al mismo nivel, o incluso también se está viendo reflejado que ahora hay todavía una mayor cantidad de trabajo, porque los jefes se sienten con la oportunidad de poder pedir cualquier cosa a cualquier hora, ya que consideran que si estás en tu casa, no estás haciendo otra cosa.”

También destaca que los padres de familia deben poner límites y no decir que sí a todo, tanto en el trabajo de oficina como en las responsabilidades con los hijos.

“Todo el mundo puede tener en mayor o menor medida estrés; el estrés es algo inherente al ser humano, es una reacción fisiológica que siempre estamos detonando. Lo que importa es la cantidad de estrés y cuánto dura”.

Agrega que al exponerse a algún tipo de estrés por un tiempo prolongado, las personas corren cuatro riesgos, que son: estrés crónico, síndrome de burnout, trastorno de ansiedad generalizada e incluso un trastorno depresivo.

Para evitar llegar a esos extremos, la especialista recomienda no realizar más de lo que se puede cubrir: “Primero aprendan a hablar con sus jefes, a negociar, a decir qué sucede en su casa, a lo mejor los jefes no son conscientes de la situación. Lo segundo es no autoexigirse, luego uno quiere dar el 100 por ciento y que la casa quede impecable, que los hijos aprendan todo rápido y saquen 10. Tenemos que aceptar la situación, ser más conscientes, porque nos seguimos exigiendo como si estuviéramos en una situación normal y la verdad es que no es así”.

Finalmente, destaca que como el estrés es una situación que va ligada a la salud, hay que darse un tiempo para respirar y de ser posible, para meditar.

“Incluso sentir que tienes un tiempo para ti en el día, porque a las personas las agobia sentir que todo su tiempo está destinado para los demás: la pareja, los hijos, el trabajo, el jefe. Hay que darse un tiempo para sí mismos, mínimo 20 o 30 minutos cada día”.


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Omny

Hombres y mujeres que se encargan del hogar y simultáneamente trabajan desde casa enfrentan un doble reto, lo que detona el estrés .

Al principio, la mayoría de los padres que tuvieron que quedarse en casa para reducir la posibilidad de contagio de Covid-19, vieron en el llamado home office una buena oportunidad para estar más cerca de sus hijos durante la contingencia.

En teoría, la idea de pasar más tiempo cerca de la familia se traduciría en más horas para llevar a cabo no sólo las tareas diarias, sino también una buena oportunidad para gozar de ciertas comodidades en compañía de los seres queridos.

Sin embargo, desde los primeros días del confinamiento los padres de familia se dieron cuenta de que el escenario sería muy distinto.

Aseo personal y de los niños, revisar el correo electrónico, preparar el desayuno, atender llamadas, lavar los trastes, ver pendientes del trabajo, lavar la ropa, trabajar un poco más, cuidar a los niños, supervisar que estudien, avanzar otro poco en el trabajo, salir a pagar la luz o cualquier otro pendiente, preparar los alimentos, seguir trabajando, comer, lavar los trastes, atender alguna videoconferencia, supervisar que los niños hagan la tarea, más pendientes del trabajo, preparar la cena y acostar a los niños, son sólo algunas de las tareas que todos los días tienen que realizar sin falta los jefes de familia que además laboran desde casa.

Si bien la contingencia sanitaria está generando estrés en la población en general, como alertó la Organización Mundial de la Salud en su informe Salud mental y consideraciones psicosociales durante el brote de Covid-19, este padecimiento se presenta de manera particular en los padres de familia que viven ahora otro tipo de dinámicas.

Sin la posibilidad de contar con el apoyo de trabajadores domésticos, niñeras, ni de familiares que antes cumplían esas funciones, todas las responsabilidades se concentran en la figura de los padres de familia, dando lugar a situaciones de cansancio, dolores musculares, dolores de cabeza, falta de energía y concentración, mal humor y trastornos del sueño, entre otros síntomas.

“¡SIENTO QUE TRABAJO TODOS LOS DÍAS, TODO EL TIEMPO!”

Miriam Euan, gestora de proyectos y emprendedora del Estado de México, trabaja ahora desde casa, mientras se encarga también del hogar y de los cuidados de su hijo de cinco años.

“En el día me es imposible concentrarme, por la comida, la tarea que le dejan en la escuela a mi hijo, la limpieza, etcétera. Mi hijo, feliz de que esté con él, pero pienso que todo esto sí repercute en la dinámica de horarios y deberes en la casa”, menciona Miriam.

Agrega que la noche, después de que lleva a dormir a su hijo, es el tiempo reservado para ella y sus proyectos laborales, por lo que a veces termina yéndose a dormir a las cinco de la mañana.

Alejandro M., de 50 años, trabaja en una empresa de entretenimiento, y aunque lleva las tareas del hogar en compañía de su pareja, asegura que atender al mismo tiempo las necesidades de un niño de nueve años y de una niña de tres años se ha convertido en “un dolor de cabeza”.

“Tienes que cocinar, limpiar, atender tu chamba, las tareas de los niños, su higiene. Los horarios son una locura, despierto temprano, me duermo tarde, ¡siento que trabajo todos los días, todo el tiempo!”

Alejandro está consciente que si bien el estrés es un padecimiento que actualmente sufren varios sectores de la población, derivado de la pandemia, en el caso de los padres de familia que además trabajan esto se multiplica:

“Todos andamos jodidos, pero la cosa es más con las familias con niños pequeños”, enfatiza.

Alejandro señala que está cumpliendo al 100 por ciento con todas las tareas, aunque queda sobreestimulado por el estrés y el cansancio que cada día se acumulan.

“Esa idea de ser megaproductivos está mal, muy mal; esa mentalidad de que sólo el trabajo te hará feliz, y de que si es mucho trabajo mejor, es como de esclavo. Es una paradoja, porque trabajas mucho para poder estar mejor y pasa lo contrario”.

Agrega que por ahora lo único que pueden hacer es ser más eficientes en todos los sentidos y seguir puliendo su estructura de las tareas más básicas. “Lo demás ya lo vamos enfrentando mejor en el momento”.

Sobre el estado de ánimo de los integrantes de la familia, puntualiza que sí ha repercutido esta situación. “Pero es más complejo que estar feliz o enojado”.

“No es lo mismo tener un par de días que fueron estresantes a que pase una semana o dos o tres semanas con la misma intensidad”.

La psicóloga Isabel Navarro Moncada, directora de la clínica Te Queremos Escuchar, asegura que cuando nos referimos a estas situaciones no estamos hablando del equivalente a dos trabajos, sino a tres: “el cuidado de los hijos de tiempo completo, el trabajo laboral y aparte el trabajo de casa, la comida y la limpieza”.

Considera que en esta situación, el llamado de atención debe ser principalmente para las empresas.

“Muchas veces quieren seguir manteniendo la productividad al mismo nivel, o incluso también se está viendo reflejado que ahora hay todavía una mayor cantidad de trabajo, porque los jefes se sienten con la oportunidad de poder pedir cualquier cosa a cualquier hora, ya que consideran que si estás en tu casa, no estás haciendo otra cosa.”

También destaca que los padres de familia deben poner límites y no decir que sí a todo, tanto en el trabajo de oficina como en las responsabilidades con los hijos.

“Todo el mundo puede tener en mayor o menor medida estrés; el estrés es algo inherente al ser humano, es una reacción fisiológica que siempre estamos detonando. Lo que importa es la cantidad de estrés y cuánto dura”.

Agrega que al exponerse a algún tipo de estrés por un tiempo prolongado, las personas corren cuatro riesgos, que son: estrés crónico, síndrome de burnout, trastorno de ansiedad generalizada e incluso un trastorno depresivo.

Para evitar llegar a esos extremos, la especialista recomienda no realizar más de lo que se puede cubrir: “Primero aprendan a hablar con sus jefes, a negociar, a decir qué sucede en su casa, a lo mejor los jefes no son conscientes de la situación. Lo segundo es no autoexigirse, luego uno quiere dar el 100 por ciento y que la casa quede impecable, que los hijos aprendan todo rápido y saquen 10. Tenemos que aceptar la situación, ser más conscientes, porque nos seguimos exigiendo como si estuviéramos en una situación normal y la verdad es que no es así”.

Finalmente, destaca que como el estrés es una situación que va ligada a la salud, hay que darse un tiempo para respirar y de ser posible, para meditar.

“Incluso sentir que tienes un tiempo para ti en el día, porque a las personas las agobia sentir que todo su tiempo está destinado para los demás: la pareja, los hijos, el trabajo, el jefe. Hay que darse un tiempo para sí mismos, mínimo 20 o 30 minutos cada día”.


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