/ viernes 28 de diciembre de 2018

La comunidad sorda sufre discriminación

Los oyentes, tenemos la oportunidad de incluir a la comunidad sorda a través del lenguaje de señas y así satisfacer sus necesidades sociales, inherentes a todo ser humano

La Paz, Baja California Sur.- ¿Has evitado a una persona sorda por no saber cómo tratarla o cómo hablarle? Todos somos personas con iguales necesidades y brindamos atenciones a quienes están a nuestro alrededor, que pueden ir desde un saludo ocasional a alguien en la calle hasta una conversación cotidiana en el transporte público, sin embargo, algo pasa en nosotros cuando nos encontramos frente a una persona sorda, y muchos de nosotros los hemos evadido de una forma gentil y a veces inconsciente, negándole esa atención cotidiana que tenemos con el resto de las personas, y esto para una persona sorda, puede ser interpretado como un rechazo o indiferencia.

En el artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se encuentra consagrada la tan importante no discriminación por motivo de las discapacidades, y debido a la indivisibilidad de los derechos, si este primero no se respeta, se pueden estar violando una serie de derechos por consecuencia, como el acceso a la educación, a la manifestación de ideas y acceso a la información, a no ser molestado en su persona, etcétera.

De acuerdo a Dassy Aida Osuna Osuna, fundadora del “Instituto Dassy, Centro de educación y salud auditiva”, esta respuesta por parte de la sociedad se debe a varios factores, entre ellos la falta de interés en la comunidad sorda y el lenguaje de señas, y/o la falta de tiempo o dinero para instruirse.

 

 

IGUALDAD ENTRE OYENTES Y SORDOS

Entre otros factores se encuentra el desconocimiento de la cultura de esta comunidad, por lo cual es importante que difundamos información sobre ella y seamos el contrapeso de los estigmas que existen sobre esta misma. Por ejemplo, aún en nuestro tiempo sigue existiendo la confusión entre las personas sordas, mudas y sordomudas, que resulta muy básico en la solución de este problema.

La persona sorda se diferencia de las personas oyentes, por no escuchar, ya que perdieron su capacidad auditiva durante el desarrollo de su vida o nacieron sin ese sentido, pero de ninguna manera son mudos, puesto que no hablan debido a que no escuchan, pero si escucharan, podrían hablar con normalidad, ya que sí tienen voz, y esa voz la utilizan para hacer sonidos cuando están hablando en lenguaje de señas o al demostrar sentimientos.

 

 

UN PUENTE CON SU ENTORNO

Una persona sorda en la mayoría de los casos se enfrenta a un mundo que fue creado por y para oyentes, y entre ese mundo y ella solo existe un puente: el lenguaje de señas. El lenguaje de señas es la voz de la persona muda y el oído de la sorda, pues permite comunicarlos con las personas de su misma comunidad y con la sociedad en general. Si alguna de las dos partes que conforman la comunicación, no conoce el lenguaje de señas, ese puente se corta, y la comunicación se hace imposible o superficial, como es el caso de muchos familiares de personas sordas, quienes afirman que “se dan a entender” con ellos, pero en realidad la persona sorda necesita, como todos, más que eso, pues también tiene problemas y sentimientos, y como cualquiera de nosotros necesita recurrir al amigo o amiga para platicar a profundidad; ellos también lo requieren. Sin embargo, las personas a su alrededor que conocen el lenguaje de señas son limitadas. ¿Te imaginas vivir toda tu vida en un país donde solo 5 personas hablaran tu idioma? De ahí viene la frustración y el “mal carácter”, atribuido a la comunidad sorda.

LOS DÍAS SIN SONIDO

Las situaciones de la vida cotidiana como escuchar el ruido del carro para saber de qué está fallando, se convierten en algo imposible para una persona sorda, además, la hace depender de la ayuda de los oyentes para resolverlo, quienes en algunos casos suelen aprovecharse de su discapacidad.

Se trata de los derechos que todas las personas tenemos; de la atención y ayuda que deberíamos brindar a cualquier persona en la calle.

Como sociedad, tenemos una parte de responsabilidad para que los derechos de la comunidad sorda se garanticen, pues está en nosotras/os incluirlas/os; y para que la cultura sorda sea comprendida y aceptada, y no solo reciba miradas despectivas, burlas y abusos. Un simple saludo puede ser un profundo acto de inclusión y contribuir esa necesidad tan humana de comunicarse para una persona sorda.

La Paz, Baja California Sur.- ¿Has evitado a una persona sorda por no saber cómo tratarla o cómo hablarle? Todos somos personas con iguales necesidades y brindamos atenciones a quienes están a nuestro alrededor, que pueden ir desde un saludo ocasional a alguien en la calle hasta una conversación cotidiana en el transporte público, sin embargo, algo pasa en nosotros cuando nos encontramos frente a una persona sorda, y muchos de nosotros los hemos evadido de una forma gentil y a veces inconsciente, negándole esa atención cotidiana que tenemos con el resto de las personas, y esto para una persona sorda, puede ser interpretado como un rechazo o indiferencia.

En el artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se encuentra consagrada la tan importante no discriminación por motivo de las discapacidades, y debido a la indivisibilidad de los derechos, si este primero no se respeta, se pueden estar violando una serie de derechos por consecuencia, como el acceso a la educación, a la manifestación de ideas y acceso a la información, a no ser molestado en su persona, etcétera.

De acuerdo a Dassy Aida Osuna Osuna, fundadora del “Instituto Dassy, Centro de educación y salud auditiva”, esta respuesta por parte de la sociedad se debe a varios factores, entre ellos la falta de interés en la comunidad sorda y el lenguaje de señas, y/o la falta de tiempo o dinero para instruirse.

 

 

IGUALDAD ENTRE OYENTES Y SORDOS

Entre otros factores se encuentra el desconocimiento de la cultura de esta comunidad, por lo cual es importante que difundamos información sobre ella y seamos el contrapeso de los estigmas que existen sobre esta misma. Por ejemplo, aún en nuestro tiempo sigue existiendo la confusión entre las personas sordas, mudas y sordomudas, que resulta muy básico en la solución de este problema.

La persona sorda se diferencia de las personas oyentes, por no escuchar, ya que perdieron su capacidad auditiva durante el desarrollo de su vida o nacieron sin ese sentido, pero de ninguna manera son mudos, puesto que no hablan debido a que no escuchan, pero si escucharan, podrían hablar con normalidad, ya que sí tienen voz, y esa voz la utilizan para hacer sonidos cuando están hablando en lenguaje de señas o al demostrar sentimientos.

 

 

UN PUENTE CON SU ENTORNO

Una persona sorda en la mayoría de los casos se enfrenta a un mundo que fue creado por y para oyentes, y entre ese mundo y ella solo existe un puente: el lenguaje de señas. El lenguaje de señas es la voz de la persona muda y el oído de la sorda, pues permite comunicarlos con las personas de su misma comunidad y con la sociedad en general. Si alguna de las dos partes que conforman la comunicación, no conoce el lenguaje de señas, ese puente se corta, y la comunicación se hace imposible o superficial, como es el caso de muchos familiares de personas sordas, quienes afirman que “se dan a entender” con ellos, pero en realidad la persona sorda necesita, como todos, más que eso, pues también tiene problemas y sentimientos, y como cualquiera de nosotros necesita recurrir al amigo o amiga para platicar a profundidad; ellos también lo requieren. Sin embargo, las personas a su alrededor que conocen el lenguaje de señas son limitadas. ¿Te imaginas vivir toda tu vida en un país donde solo 5 personas hablaran tu idioma? De ahí viene la frustración y el “mal carácter”, atribuido a la comunidad sorda.

LOS DÍAS SIN SONIDO

Las situaciones de la vida cotidiana como escuchar el ruido del carro para saber de qué está fallando, se convierten en algo imposible para una persona sorda, además, la hace depender de la ayuda de los oyentes para resolverlo, quienes en algunos casos suelen aprovecharse de su discapacidad.

Se trata de los derechos que todas las personas tenemos; de la atención y ayuda que deberíamos brindar a cualquier persona en la calle.

Como sociedad, tenemos una parte de responsabilidad para que los derechos de la comunidad sorda se garanticen, pues está en nosotras/os incluirlas/os; y para que la cultura sorda sea comprendida y aceptada, y no solo reciba miradas despectivas, burlas y abusos. Un simple saludo puede ser un profundo acto de inclusión y contribuir esa necesidad tan humana de comunicarse para una persona sorda.

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