/ viernes 28 de mayo de 2021

Copa del Mundo 1986 | México estaba de pie

Pese a los daños que dejó el terremoto de 1985 y la inconformidad social, nada evitó que el país albergara su segundo mundial de futbol

Cuando los aficionados todavía suspiraban por las andanzas de Pelé en el setenta, la posibilidad de albergar una segunda Copa del Mundo fue como un estallido. Colombia había declinado su sede porque se veía incapaz de atender las necesidades de la FIFA, cada vez más decidida a que sus partidos llegaran hasta el último confín del mundo.

Entonces a México, que tenía el impulso de la experiencia, no le pareció una mala idea, y una mañana los diarios de todo el país amanecieron con la noticia a ocho columnas: México iba por su segundo Mundial.

Vistas bajo la perspectiva del tiempo, las diligencias ante la FIFA fueron relativamente sencillas. La figura de don Guillermo Cañedo de la Bárcena y la gran amistad cultivada con el presidente Joao Havelange hicieron posible el milagro. En el Comité Ejecutivo de la FIFA, celebrado en Estocolmo, en mayo de 1984, las votaciones favorecieron a México. En el camino quedaron Estados Unidos y Canadá.

“Visitamos a los 24 miembros del Comité Ejecutivo para platicarles de lo que podía hacer México, sobre todo con la experiencia que tenía de 1970, íbamos a ser el primer país en tener un segundo Mundial, hicimos nuestra labor y llegamos a Estocolmo, ahí se decidió todo. Estados Unidos tuvo una gran presentación, iba con Pelé, que jugaba con el Cosmos. La de Canadá fue un poco más modesta, y estábamos nosotros”, recordó Justino Compeán, quien fue parte del Comité Organizador.

“La experiencia de Guillermo Cañedo en el Comité Ejecutivo de la FIFA y la gran amistad que tenía con Joao Havelange lo convencieron para que apoyara, junto con algunos miembros del comité, a México, y la sorpresa fue que con una representación muy austera le ganamos a Estados Unidos, que prometía mucho”, añadió.

La noticia, como era de esperarse, fue tomada con entusiasmo. En un país como México, el futbol tiene capacidades curativas. La economía, con sus dólares perdidos, aún resentía los estragos de la crisis de 1982, pero el Azteca se convertiría en el primer estadio en albergar dos finales de Copa del Mundo.

Foto: MUNDIAL 1986 FOTOTECA HEMEROTECA MARIO VAZQUEZ RAÑA

Y llegó lo inesperado

En esa dualidad de entusiasmos, en la que uno es perfectamente capaz de sentirse feliz a pesar de la culpa, México comenzó con la planeación de su fiesta. Cuando parecía que no habría mayores contratiempos, y que el 31 de mayo de 1986 Italia y Bulgaria echarían a rodar la pelota en la cancha del Azteca, un terremoto fue capaz de resquebrajar lo más profundo de sus cimientos. Los 8.1 grados en la escala de Richter y los movimientos trepidatorios no sólo destruyeron la zona centro de la capital, sino que llegaron a poner en duda el Mundial.

La mañana del jueves 19 de septiembre de 1985, las oficinas del Comité Organizador, ubicadas en Las Lomas, fueron parte de la conmoción que gobernaba a todo el Distrito Federal. En una ciudad incomunicada con el resto del mundo, un teléfono se quedó prendido a la línea y de alguna manera funcionaba. La planeación, congelada en las pizarras, alertaba los 254 días que faltaban para el partido inaugural, sin embargo, la prioridad de ese día y los que siguieron no fue otra más que avisar a los familiares de los conocidos que, a pesar de todo, estaban bien.

Foto: MUNDIAL 1986 FOTOTECA HEMEROTECA MARIO VAZQUEZ RAÑA

“En las oficinas del Comité Organizador, una línea de teléfono, por alguna razón, estaba sirviendo, alguien estaba hablando a Estados Unidos y se quedó conectada, entonces iba gente ahí a las oficinas a hablar por teléfono. A través de esa línea nos quedamos comunicados a Estados Unidos y de ahí a Suiza para avisarle a la FIFA cómo íbamos. Había mucha gente que quería saber de sus familiares. El Comité Organizador se convirtió en un enlace, en una línea de salvación, sobre todo por la comunicación. En 24 horas estuvimos hablando a todos lados”, rememoró Compeán, con la voz emocionada.

En la FIFA, al enterarse de la noticia, la preocupación no hizo más que ir en aumento. Era difícil imaginar que una ciudad devastada fuera capaz de reconstruirse en apenas unos meses, así que mandó a una comitiva a valorar los daños. Se pensaba lo peor.

Foto: MUNDIAL 1986 FOTOTECA HEMEROTECA MARIO VAZQUEZ RAÑA

“Fue muy complicado, porque algunas de las pistas del mismo aeropuerto quedaron dañadas. Todos los equipos llegarían por avión, eso se arregló rápidamente. La gente de la FIFA mandó una serie de técnicos y aquí Alejandro Burillo se encargó de recibir a todos los visitantes, inspectores y técnicos. Junto con el arquitecto Héctor Ortiz, que era el encargado de los estadios, les hicieron una visita y la verdad el Azteca resistió maravillosamente, tenía pequeños detalles, cuarteaduras, pero nada de fondo”, agregó Compeán.

Azotados por el vértigo de un tiempo que no se detenía, el Comité Organizador dividió los días en dos necesidades. Había obras pendientes, pero la situación en la zona centro era crítica, entonces las máquinas destinadas para edificar el Mundial se ocuparon en remover los escombros.

“Estaban construyendo el Centro de Prensa. Recuerdo que todas las grúas que estaban poniendo la fachada, fueron al centro a quitar escombros y a levantar lo que había en los edificios caídos, entonces se atrasó más de un mes la entrega del centro porque toda la gente y todas la constructoras tuvieron que ir a apoyar al asunto del temblor. Luego tuvimos que recuperar el tiempo, trabajando de noche, para que entregaran todo en forma, y lo logramos”, comentó el miembro del Comité Organizador.

“El señor Cañedo tenía empatía con la gente, nos vendió una mística preciosa del Mundial, de México, y después del temblor pues con mayor razón, teníamos que demostrar que México estaba de pie, que los estadios estaban de pie, que la afición mexicana iba a responder, eso fue un acicate, de una tragedia la convertimos en un mes de gozo, de unión”, agregó.

Foto: MUNDIAL 1986 FOTOTECA HEMEROTECA MARIO VAZQUEZ RAÑA

Silbatina y fiesta

Los meses que siguieron, sin embargo, estuvieron marcados por la inconformidad social. El pueblo mexicano, que con su solidaridad levantó lo que pudo, consideró que el país no estaba para mundiales, y que los esfuerzos destinados para organizar la Copa del Mundo debían ocuparse en reactivar a un país en ruinas. Aunque la cosa no era fácil.

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“El Mundial ya estaba comprometido, ya no nos podíamos echar para atrás, estando las televisoras que tenían los derechos de la Selección, a través de la OTI (Organización de Telecomunicaciones de Iberoamérica), que teníamos que cumplirles, al igual que a todas las televisoras del mundo. Había dudas, en la sociedad también, pero a través de campañas de convencimiento logramos salir adelante”, reconoció Compeán.

Así, el 31 de mayo de 1986, en la cancha del Estadio Azteca y ante 96,000 espectadores, comenzó el esperado segundo Mundial de México. Una silbatina inclemente nulificó el discurso del presidente Miguel de la Madrid; era la forma de reprocharle su falta de respuesta ante la tragedia. Luego vino Maradona, con su mano, con su genio, el gol de Negrete y el zape del Vasco, la ola en los estadios, el chiquitibum, los ingleses y sus hooligans. Y la copa que mira a un cielo pintado de albiceleste.


LA CIFRA

24 selecciones participaron en el mundial

EL DATO

Ganó México

El 20 de mayo de 1983, la FIFA designó por voto de unanimidad a México como país organizador, en sustitución de Colombia.

Partido inaugural

31 de mayo de 1986

Bulgaria 1-1 Italia

EL APUNTE

Fue una tragedia

Según los datos oficiales, 3 mil 192 personas fallecieron en el terremoto de 1985, sin embargo, organizaciones estiman que la cifra ronda los 20 mil

Cuando los aficionados todavía suspiraban por las andanzas de Pelé en el setenta, la posibilidad de albergar una segunda Copa del Mundo fue como un estallido. Colombia había declinado su sede porque se veía incapaz de atender las necesidades de la FIFA, cada vez más decidida a que sus partidos llegaran hasta el último confín del mundo.

Entonces a México, que tenía el impulso de la experiencia, no le pareció una mala idea, y una mañana los diarios de todo el país amanecieron con la noticia a ocho columnas: México iba por su segundo Mundial.

Vistas bajo la perspectiva del tiempo, las diligencias ante la FIFA fueron relativamente sencillas. La figura de don Guillermo Cañedo de la Bárcena y la gran amistad cultivada con el presidente Joao Havelange hicieron posible el milagro. En el Comité Ejecutivo de la FIFA, celebrado en Estocolmo, en mayo de 1984, las votaciones favorecieron a México. En el camino quedaron Estados Unidos y Canadá.

“Visitamos a los 24 miembros del Comité Ejecutivo para platicarles de lo que podía hacer México, sobre todo con la experiencia que tenía de 1970, íbamos a ser el primer país en tener un segundo Mundial, hicimos nuestra labor y llegamos a Estocolmo, ahí se decidió todo. Estados Unidos tuvo una gran presentación, iba con Pelé, que jugaba con el Cosmos. La de Canadá fue un poco más modesta, y estábamos nosotros”, recordó Justino Compeán, quien fue parte del Comité Organizador.

“La experiencia de Guillermo Cañedo en el Comité Ejecutivo de la FIFA y la gran amistad que tenía con Joao Havelange lo convencieron para que apoyara, junto con algunos miembros del comité, a México, y la sorpresa fue que con una representación muy austera le ganamos a Estados Unidos, que prometía mucho”, añadió.

La noticia, como era de esperarse, fue tomada con entusiasmo. En un país como México, el futbol tiene capacidades curativas. La economía, con sus dólares perdidos, aún resentía los estragos de la crisis de 1982, pero el Azteca se convertiría en el primer estadio en albergar dos finales de Copa del Mundo.

Foto: MUNDIAL 1986 FOTOTECA HEMEROTECA MARIO VAZQUEZ RAÑA

Y llegó lo inesperado

En esa dualidad de entusiasmos, en la que uno es perfectamente capaz de sentirse feliz a pesar de la culpa, México comenzó con la planeación de su fiesta. Cuando parecía que no habría mayores contratiempos, y que el 31 de mayo de 1986 Italia y Bulgaria echarían a rodar la pelota en la cancha del Azteca, un terremoto fue capaz de resquebrajar lo más profundo de sus cimientos. Los 8.1 grados en la escala de Richter y los movimientos trepidatorios no sólo destruyeron la zona centro de la capital, sino que llegaron a poner en duda el Mundial.

La mañana del jueves 19 de septiembre de 1985, las oficinas del Comité Organizador, ubicadas en Las Lomas, fueron parte de la conmoción que gobernaba a todo el Distrito Federal. En una ciudad incomunicada con el resto del mundo, un teléfono se quedó prendido a la línea y de alguna manera funcionaba. La planeación, congelada en las pizarras, alertaba los 254 días que faltaban para el partido inaugural, sin embargo, la prioridad de ese día y los que siguieron no fue otra más que avisar a los familiares de los conocidos que, a pesar de todo, estaban bien.

Foto: MUNDIAL 1986 FOTOTECA HEMEROTECA MARIO VAZQUEZ RAÑA

“En las oficinas del Comité Organizador, una línea de teléfono, por alguna razón, estaba sirviendo, alguien estaba hablando a Estados Unidos y se quedó conectada, entonces iba gente ahí a las oficinas a hablar por teléfono. A través de esa línea nos quedamos comunicados a Estados Unidos y de ahí a Suiza para avisarle a la FIFA cómo íbamos. Había mucha gente que quería saber de sus familiares. El Comité Organizador se convirtió en un enlace, en una línea de salvación, sobre todo por la comunicación. En 24 horas estuvimos hablando a todos lados”, rememoró Compeán, con la voz emocionada.

En la FIFA, al enterarse de la noticia, la preocupación no hizo más que ir en aumento. Era difícil imaginar que una ciudad devastada fuera capaz de reconstruirse en apenas unos meses, así que mandó a una comitiva a valorar los daños. Se pensaba lo peor.

Foto: MUNDIAL 1986 FOTOTECA HEMEROTECA MARIO VAZQUEZ RAÑA

“Fue muy complicado, porque algunas de las pistas del mismo aeropuerto quedaron dañadas. Todos los equipos llegarían por avión, eso se arregló rápidamente. La gente de la FIFA mandó una serie de técnicos y aquí Alejandro Burillo se encargó de recibir a todos los visitantes, inspectores y técnicos. Junto con el arquitecto Héctor Ortiz, que era el encargado de los estadios, les hicieron una visita y la verdad el Azteca resistió maravillosamente, tenía pequeños detalles, cuarteaduras, pero nada de fondo”, agregó Compeán.

Azotados por el vértigo de un tiempo que no se detenía, el Comité Organizador dividió los días en dos necesidades. Había obras pendientes, pero la situación en la zona centro era crítica, entonces las máquinas destinadas para edificar el Mundial se ocuparon en remover los escombros.

“Estaban construyendo el Centro de Prensa. Recuerdo que todas las grúas que estaban poniendo la fachada, fueron al centro a quitar escombros y a levantar lo que había en los edificios caídos, entonces se atrasó más de un mes la entrega del centro porque toda la gente y todas la constructoras tuvieron que ir a apoyar al asunto del temblor. Luego tuvimos que recuperar el tiempo, trabajando de noche, para que entregaran todo en forma, y lo logramos”, comentó el miembro del Comité Organizador.

“El señor Cañedo tenía empatía con la gente, nos vendió una mística preciosa del Mundial, de México, y después del temblor pues con mayor razón, teníamos que demostrar que México estaba de pie, que los estadios estaban de pie, que la afición mexicana iba a responder, eso fue un acicate, de una tragedia la convertimos en un mes de gozo, de unión”, agregó.

Foto: MUNDIAL 1986 FOTOTECA HEMEROTECA MARIO VAZQUEZ RAÑA

Silbatina y fiesta

Los meses que siguieron, sin embargo, estuvieron marcados por la inconformidad social. El pueblo mexicano, que con su solidaridad levantó lo que pudo, consideró que el país no estaba para mundiales, y que los esfuerzos destinados para organizar la Copa del Mundo debían ocuparse en reactivar a un país en ruinas. Aunque la cosa no era fácil.

▶️ Mantente informado en nuestro canal de Google Noticias

“El Mundial ya estaba comprometido, ya no nos podíamos echar para atrás, estando las televisoras que tenían los derechos de la Selección, a través de la OTI (Organización de Telecomunicaciones de Iberoamérica), que teníamos que cumplirles, al igual que a todas las televisoras del mundo. Había dudas, en la sociedad también, pero a través de campañas de convencimiento logramos salir adelante”, reconoció Compeán.

Así, el 31 de mayo de 1986, en la cancha del Estadio Azteca y ante 96,000 espectadores, comenzó el esperado segundo Mundial de México. Una silbatina inclemente nulificó el discurso del presidente Miguel de la Madrid; era la forma de reprocharle su falta de respuesta ante la tragedia. Luego vino Maradona, con su mano, con su genio, el gol de Negrete y el zape del Vasco, la ola en los estadios, el chiquitibum, los ingleses y sus hooligans. Y la copa que mira a un cielo pintado de albiceleste.


LA CIFRA

24 selecciones participaron en el mundial

EL DATO

Ganó México

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