/ viernes 17 de mayo de 2019

El Archivo Histórico de Baja California Sur

Una vez trasladados desde el edificio “Sobarzo” al primer piso de la Casa de la Cultura (de 5 de Mayo y Belisario Domínguez) los papeles que constituyeron su fondo principal, quedó establecido el primer archivo histórico de Baja California Sur (BCS).

Como parte de un largo tránsito desde Loreto, primera capital californiana hasta 1829 en que ésta fue cambiada a San Antonio y al cabo de un año a La Paz, se perdieron muchos documentos, así como durante la intervención norteamericana (1846-1848) y la invasión filibustera de 1853 que enfrentó la población sudpeninsular, en que fueron utilizados en la manufactura de cartuchos para balas, además del deterioro natural que les produjeron los traslados y, en tiempos más recientes, cuando la torre del Sobarzo sirvió de “confesonario” donde fueron eventualmente confinados los sospechosos de efectuar actos delincuenciales, quienes en el proceso de la inquisición policiaca limpiaban sus heridas con el papel que tenían a la mano; era razonable la nula importancia que concedían al hecho de que se tratara de un manuscrito valioso e irreemplazable de los siglos XVIII o XIX.

El 9 de mayo de 1969, dos investigadoras de la UNAM comisionadas por su Instituto de Historia para efectuar las tareas iniciales de organización, entregaron al gobernador Hugo Cervantes del Río el Archivo Histórico, que fue puesto bajo custodia de algunos de los empleados de la dirección de Acción Social que participaron en los trabajos iniciales de rescate.

Con motivo del fallecimiento de don Pablo L. Martínez Márquez, a principios de 1970, dicho centro documental recibió el nombre de este historiador sudcaliforniano, y a partir de entonces se le conoce universalmente con las siglas AHPLM.

En marzo de 1971 asumió la dirección José Andrés Cota Sandoval, quien obtuvo luego el título de licenciado en Historia (UAG) mediante la preparación del catálogo del ramo de la Colonia (1774-1821), primero del propio repositorio.

Como titular de la dirección de Acción Social y Cultural –de la que dependía el archivo--, correspondió a este cronista suscribir un convenio con el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y la Bancroft Library de la Universidad de California en Berkeley (representada por el Dr. W. Michael Mathes) para efectuar un programa de microfilmación de los documentos cuyos ejemplares son custodiados desde entonces por el propio centro de investigación, el organismo de la UNAM en la capital del país, el Centro de Investigaciones Históricas de la UABC, el Centro de Estudios de Historia de México de Condumex y la institución altacaliforniana.

De 1975 a 1979, Félix Lucero fue encargado del archivo, y en ese periodo se cambió su contenido al edificio de las calles Melitón Albáñez y Antonio Navarro, que compartió con el archivo general del estado, ambas dependencias adscritas a la Oficialía Mayor de Gobierno en 1977.

De 1979 a 1981 tuve oportunidad de dirigirlo y entonces se inició la publicación frecuente del boletín, fue adquirido el lector de microfilme, se incrementó la biblioteca, continuaron las tareas de catalogación de los materiales, uno de los trabajadores tomó un curso de rehabilitación de papeles en la ciudad de México y creamos el área de restauración.

En la IV Reunión Nacional de Archivos efectuada en 1980, que tuvo como sede a la ciudad de Guanajuato, se logró que la capital sudcaliforniana fuera sede del encuentro el año siguiente.

En 1982, el AHPLM pasó a depender nuevamente de la dirección de Acción Social, y desde 1983 a la recién creada dirección estatal de Cultura.

En 1986 fue cambiado a la planta alta del cuerpo frontal del Teatro de la Ciudad, y finalmente adquirió espacio propio en su nuevo, amplio y funcional edificio de Altamirano entre Encinas y Legaspy, cuya construcción fue promovida por su directorala maestra Elizabeth Acosta Mendía, gestora además de una importante serie editorial que ha enriquecido notablemente a la bibliografía de BCS.

El programa conmemorativo de su fundación hace ya medio siglo, en el presente 2019 ha estado cumpliéndose mediante la aparición y presentación de publicaciones, conferencias, reunión de archivistas y varias acciones más que hacen de este guardián de los tesoros de la memoria colectiva un organismo vivo, vigente y dinámico, fuente de saber de California del Sur, orgullo de nuestro país y patrimonio del mundo.

Una vez trasladados desde el edificio “Sobarzo” al primer piso de la Casa de la Cultura (de 5 de Mayo y Belisario Domínguez) los papeles que constituyeron su fondo principal, quedó establecido el primer archivo histórico de Baja California Sur (BCS).

Como parte de un largo tránsito desde Loreto, primera capital californiana hasta 1829 en que ésta fue cambiada a San Antonio y al cabo de un año a La Paz, se perdieron muchos documentos, así como durante la intervención norteamericana (1846-1848) y la invasión filibustera de 1853 que enfrentó la población sudpeninsular, en que fueron utilizados en la manufactura de cartuchos para balas, además del deterioro natural que les produjeron los traslados y, en tiempos más recientes, cuando la torre del Sobarzo sirvió de “confesonario” donde fueron eventualmente confinados los sospechosos de efectuar actos delincuenciales, quienes en el proceso de la inquisición policiaca limpiaban sus heridas con el papel que tenían a la mano; era razonable la nula importancia que concedían al hecho de que se tratara de un manuscrito valioso e irreemplazable de los siglos XVIII o XIX.

El 9 de mayo de 1969, dos investigadoras de la UNAM comisionadas por su Instituto de Historia para efectuar las tareas iniciales de organización, entregaron al gobernador Hugo Cervantes del Río el Archivo Histórico, que fue puesto bajo custodia de algunos de los empleados de la dirección de Acción Social que participaron en los trabajos iniciales de rescate.

Con motivo del fallecimiento de don Pablo L. Martínez Márquez, a principios de 1970, dicho centro documental recibió el nombre de este historiador sudcaliforniano, y a partir de entonces se le conoce universalmente con las siglas AHPLM.

En marzo de 1971 asumió la dirección José Andrés Cota Sandoval, quien obtuvo luego el título de licenciado en Historia (UAG) mediante la preparación del catálogo del ramo de la Colonia (1774-1821), primero del propio repositorio.

Como titular de la dirección de Acción Social y Cultural –de la que dependía el archivo--, correspondió a este cronista suscribir un convenio con el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y la Bancroft Library de la Universidad de California en Berkeley (representada por el Dr. W. Michael Mathes) para efectuar un programa de microfilmación de los documentos cuyos ejemplares son custodiados desde entonces por el propio centro de investigación, el organismo de la UNAM en la capital del país, el Centro de Investigaciones Históricas de la UABC, el Centro de Estudios de Historia de México de Condumex y la institución altacaliforniana.

De 1975 a 1979, Félix Lucero fue encargado del archivo, y en ese periodo se cambió su contenido al edificio de las calles Melitón Albáñez y Antonio Navarro, que compartió con el archivo general del estado, ambas dependencias adscritas a la Oficialía Mayor de Gobierno en 1977.

De 1979 a 1981 tuve oportunidad de dirigirlo y entonces se inició la publicación frecuente del boletín, fue adquirido el lector de microfilme, se incrementó la biblioteca, continuaron las tareas de catalogación de los materiales, uno de los trabajadores tomó un curso de rehabilitación de papeles en la ciudad de México y creamos el área de restauración.

En la IV Reunión Nacional de Archivos efectuada en 1980, que tuvo como sede a la ciudad de Guanajuato, se logró que la capital sudcaliforniana fuera sede del encuentro el año siguiente.

En 1982, el AHPLM pasó a depender nuevamente de la dirección de Acción Social, y desde 1983 a la recién creada dirección estatal de Cultura.

En 1986 fue cambiado a la planta alta del cuerpo frontal del Teatro de la Ciudad, y finalmente adquirió espacio propio en su nuevo, amplio y funcional edificio de Altamirano entre Encinas y Legaspy, cuya construcción fue promovida por su directorala maestra Elizabeth Acosta Mendía, gestora además de una importante serie editorial que ha enriquecido notablemente a la bibliografía de BCS.

El programa conmemorativo de su fundación hace ya medio siglo, en el presente 2019 ha estado cumpliéndose mediante la aparición y presentación de publicaciones, conferencias, reunión de archivistas y varias acciones más que hacen de este guardián de los tesoros de la memoria colectiva un organismo vivo, vigente y dinámico, fuente de saber de California del Sur, orgullo de nuestro país y patrimonio del mundo.

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