/ domingo 7 de julio de 2019

Hojas de Papel Volando | Antoine de Saint Exupéry "...lo esencial es invisible a los ojos"

En El Principito, Saint Exupéry quiso verse niño otra vez; y pensar que el universo, que parece lejano e incierto, está cubierto de virtudes, como de secretos silenciosos

A las 8.45 de la mañana del 31 de julio de 1944, Antoine de Saint Exupéry abordó como piloto el avión Lightning P38, en Borgo, Isla de Córcega, Francia. Eran los días finales de la Segunda Guerra Mundial y él, como parte del Ejército Francés, habría de hacer un reconocimiento aéreo para preparar un desembarco en Provenza... A las 13 horas los radares del aeropuerto dejaron de percibir al avión. A las 14.30 se dio por desaparecido en el mar Mediterráneo.

Se ignoran las razones del accidente. Algunos dicen que pudo ser una falla mecánica. Otros que Saint Exupéry pudo haber sufrido un infarto mientras piloteaba. Muchos aseguran que pudo ser derribado por fuerzas aéreas alemanas.

Había desaparecido el hombre que fue declarado parte de las fuerzas colaboracionistas de Vichy –Francia- que apoyaban a los alemanes; Charles de Gaulle acusó al piloto de trabajar para los alemanes, y aunque él lo negó enfático, el estigma lo marcó en adelante y por un tiempo se entregó al alcohol, desesperado por la imputación.

Antoine Jean Baptiste Marie Roger de Saint Exupéry nació en Lyon (Francia) el 29 de junio de 1900. Venía de una familia de clase media alta originaria de Provenza y que llevaba encima títulos nobiliarios que el escritor nunca quiso ni presumir ni utilizar.

Muy pequeño quedó huérfano de padre y se mantuvo al cuidado de su madre. Desde niño sintió vocación por la mecánica y por los aviones y su pilotaje, lo que pudo cumplir en 1921 cuando hizo su servicio militar en Estrasburgo.

Al mismo tiempo le gustaba escribir. Desde pequeño intentaba poesía y relatos breves que le aplaudía su madre. En 1920 hizo trámites para ingresar a las fuerzas aéreas francesas, y lo consiguió,como también el reconocimiento de sus mandos ‘por su audacia y habilidad’.

Como periodista comenzó a escribir reportajes para periódicos y revistas con temas vinculados a la aviación. De sus viajes a Moscú y España escribió un gran número de crónicas y artículos... Antes, comenzó su obra literaria formal: En 1926 publicó su primera novela: El aviador; en 1929, Correo del Sur y a finales de 1930, Vuelo nocturno. Esta última con gran éxito.

A principios de los treinta permanece un tiempo en Buenos Aires y ahí conoce a quien sería su esposa: Consuelo Suncín, una salvadoreña que lo apoya en sus “locuras” como piloto y escritor, pero con quien mantuvo una relación tormentosa de separaciones y reconciliaciones.

En 1935 sufre uno de los tres accidentes aéreos que marcaron su vida. Sin embargo, éste tendría grandes repercusiones para él y para su obra. El 30 de diciembre de ese año, luego de un larguísimo viaje de 19 horas y 38 minutos y con rumbo a Saigón, él y su copiloto André Prevot tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso en el desierto del Sahara. Querían batir el récord de menor tiempo aéreo entre París y Saigón.

Quedaron en medio del desierto sin alimentos, sin medicinas, sin agua. Sólo tenían ‘uvas, dos naranjas y una pequeña ración de vino’. Perdieron el sentido de la ubicación y ya comenzaban a tener alucinaciones. Esto duró cuatro días hasta quea pareció un beduino, quien les salvó la vida.

Esta experiencia la llevó el escritor a una de sus grandes obras: Tierra de hombres, pero sobre todo es parte fundamental de su obra monumental: El Principito.

El Principito fue escrita por Saint Exupéry en 1943, durante una estancia obligada en Estados Unidos. Es una obra de culto y referencia. Se ha publicado en un sinfín de ediciones, en 250 idiomas y dialectos.

Al escribirla pensaba en su infancia; en sus sueños desde la inocencia, el candor y un profundo amor por la vida y los seres humanos; como también sobre el sentido de la solidaridad universal y el supramundo de la amistad. Todo estaba ahí, en un relato que él mismo ilustró.

Saint Exupéry quiso verse niño otra vez; y pensar que el universo, que parece lejano e incierto, está cubierto de virtudes, como de secretos silenciosos.

Aun así, aparece ahí una crítica del escritor a las perversiones del hombre en sociedad, pero también que éste puede resarcirse en su contacto con la naturaleza y con la racionalidad de lo que parece irracional: su zorro amigo.

El lenguaje que utiliza Saint Exupéry para expresar el candor, la tristeza, la soledad y la ilusión del pequeño Príncipe están puestos a disposición del personaje;pero al mismo tiempo está puesto a disposición de los lectores cuyos recuerdos de infancia se expresan letra a letra en ese niño que somos todos y quien lo único que quiere es regresar a su planeta-asteroide-reino, para regar a su rosa, la que le da sentido a su vida, la que le viste de ilusión y a la que desde el planeta tierra observa en el universo, porque sabe que ahí, aunque distante, su rosa lo está esperando.

En el recorrido por los distintos planetas que visita, el Principito encuentra personajes de toda catadura. El rico avaro, cuya vida es “contar-contar-contar” su riqueza; el hombre con cuyo farol ilumina a su planeta y, para hacerlo, tan sólo tiene que dar unos cuantos pasos... Y más.

En la tierra cae en un desierto. Y en ese desierto está un hombre cuyo avión cayó por accidente. Y se encuentran los dos personajes que son al mismo tiempo Saint Exupéry, él mismo, niño y hombre, en una confronta entre los años ocurridos y los sueños que están por llegar.

De pronto el mecánico-piloto intenta arreglar la avería de su avión, en tanto que el Principito le pide que le haga dibujos, le platica de su planeta, le habla de la importancia de la luz de las estrellas y de la inmensidad del universo que ya conoce y de su pequeño planeta en donde le espera su rosa.

También conoce al zorro, quien lo ve con desconfianza, pero que poco a poco, luego de un ritual acordado para darle sentido a la amistad, se entrega al amor fraterno-filial: ambos se necesitan y ambos saben que “sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos”...

- Busco amigos, dijo El Principito. ¿Qué significa "domesticar"?

- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."

- ¿Crear lazos?

- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...

El zorro se calló y miró largamente al Principito:

- Por favor... ¡domestícame! – dijo.

- Me parece bien – respondió el Principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

- ¿Qué hay que hacer? – dijo el Principito.

- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente el Principito regresó.

- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad!...

Por ahí rastrea la serpiente. Todos ahí le tienen miedo. El Principito no. Ella le advierte. El asume que no es mala, en todo caso es parte de su naturaleza de subsistencia. Le habla de su veneno mortal. Él le pide que le ayude así; sólo así podrá regresar a su pequeño planeta para ver a su rosa... Se despide del piloto y termina el ritual. El Principito está de regreso en el universo.

Varios días después de que cayó el avión, un cadáver sin identificar, con insignias francesas, se encontró al sur de Marsella. Se supuso que era el escritor, aunque sin certeza. En septiembre de 1998 un pescador francés encontró un brazalete de plata con los nombres de Saint Exupéry y Consuelo. En mayo de 2000 un buzo encontró restos del avión del escritor.

El gobierno francés organizó un gran homenaje en 2004 a Saint Exupéry. Un asteroide descubierto en 1975 fue nombrado 2578 Saint-Exupéry y otro asteroide descubierto en 1993 fue nombrado 466 Bésixdouze que es “donde vive El Principito”:

Ya están juntos y se les pude ver en noches iluminadas por estrellas y asteroides, en silencio y con la sonrisa del niño que llevamos en nosotros, siempre.

A las 8.45 de la mañana del 31 de julio de 1944, Antoine de Saint Exupéry abordó como piloto el avión Lightning P38, en Borgo, Isla de Córcega, Francia. Eran los días finales de la Segunda Guerra Mundial y él, como parte del Ejército Francés, habría de hacer un reconocimiento aéreo para preparar un desembarco en Provenza... A las 13 horas los radares del aeropuerto dejaron de percibir al avión. A las 14.30 se dio por desaparecido en el mar Mediterráneo.

Se ignoran las razones del accidente. Algunos dicen que pudo ser una falla mecánica. Otros que Saint Exupéry pudo haber sufrido un infarto mientras piloteaba. Muchos aseguran que pudo ser derribado por fuerzas aéreas alemanas.

Había desaparecido el hombre que fue declarado parte de las fuerzas colaboracionistas de Vichy –Francia- que apoyaban a los alemanes; Charles de Gaulle acusó al piloto de trabajar para los alemanes, y aunque él lo negó enfático, el estigma lo marcó en adelante y por un tiempo se entregó al alcohol, desesperado por la imputación.

Antoine Jean Baptiste Marie Roger de Saint Exupéry nació en Lyon (Francia) el 29 de junio de 1900. Venía de una familia de clase media alta originaria de Provenza y que llevaba encima títulos nobiliarios que el escritor nunca quiso ni presumir ni utilizar.

Muy pequeño quedó huérfano de padre y se mantuvo al cuidado de su madre. Desde niño sintió vocación por la mecánica y por los aviones y su pilotaje, lo que pudo cumplir en 1921 cuando hizo su servicio militar en Estrasburgo.

Al mismo tiempo le gustaba escribir. Desde pequeño intentaba poesía y relatos breves que le aplaudía su madre. En 1920 hizo trámites para ingresar a las fuerzas aéreas francesas, y lo consiguió,como también el reconocimiento de sus mandos ‘por su audacia y habilidad’.

Como periodista comenzó a escribir reportajes para periódicos y revistas con temas vinculados a la aviación. De sus viajes a Moscú y España escribió un gran número de crónicas y artículos... Antes, comenzó su obra literaria formal: En 1926 publicó su primera novela: El aviador; en 1929, Correo del Sur y a finales de 1930, Vuelo nocturno. Esta última con gran éxito.

A principios de los treinta permanece un tiempo en Buenos Aires y ahí conoce a quien sería su esposa: Consuelo Suncín, una salvadoreña que lo apoya en sus “locuras” como piloto y escritor, pero con quien mantuvo una relación tormentosa de separaciones y reconciliaciones.

En 1935 sufre uno de los tres accidentes aéreos que marcaron su vida. Sin embargo, éste tendría grandes repercusiones para él y para su obra. El 30 de diciembre de ese año, luego de un larguísimo viaje de 19 horas y 38 minutos y con rumbo a Saigón, él y su copiloto André Prevot tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso en el desierto del Sahara. Querían batir el récord de menor tiempo aéreo entre París y Saigón.

Quedaron en medio del desierto sin alimentos, sin medicinas, sin agua. Sólo tenían ‘uvas, dos naranjas y una pequeña ración de vino’. Perdieron el sentido de la ubicación y ya comenzaban a tener alucinaciones. Esto duró cuatro días hasta quea pareció un beduino, quien les salvó la vida.

Esta experiencia la llevó el escritor a una de sus grandes obras: Tierra de hombres, pero sobre todo es parte fundamental de su obra monumental: El Principito.

El Principito fue escrita por Saint Exupéry en 1943, durante una estancia obligada en Estados Unidos. Es una obra de culto y referencia. Se ha publicado en un sinfín de ediciones, en 250 idiomas y dialectos.

Al escribirla pensaba en su infancia; en sus sueños desde la inocencia, el candor y un profundo amor por la vida y los seres humanos; como también sobre el sentido de la solidaridad universal y el supramundo de la amistad. Todo estaba ahí, en un relato que él mismo ilustró.

Saint Exupéry quiso verse niño otra vez; y pensar que el universo, que parece lejano e incierto, está cubierto de virtudes, como de secretos silenciosos.

Aun así, aparece ahí una crítica del escritor a las perversiones del hombre en sociedad, pero también que éste puede resarcirse en su contacto con la naturaleza y con la racionalidad de lo que parece irracional: su zorro amigo.

El lenguaje que utiliza Saint Exupéry para expresar el candor, la tristeza, la soledad y la ilusión del pequeño Príncipe están puestos a disposición del personaje;pero al mismo tiempo está puesto a disposición de los lectores cuyos recuerdos de infancia se expresan letra a letra en ese niño que somos todos y quien lo único que quiere es regresar a su planeta-asteroide-reino, para regar a su rosa, la que le da sentido a su vida, la que le viste de ilusión y a la que desde el planeta tierra observa en el universo, porque sabe que ahí, aunque distante, su rosa lo está esperando.

En el recorrido por los distintos planetas que visita, el Principito encuentra personajes de toda catadura. El rico avaro, cuya vida es “contar-contar-contar” su riqueza; el hombre con cuyo farol ilumina a su planeta y, para hacerlo, tan sólo tiene que dar unos cuantos pasos... Y más.

En la tierra cae en un desierto. Y en ese desierto está un hombre cuyo avión cayó por accidente. Y se encuentran los dos personajes que son al mismo tiempo Saint Exupéry, él mismo, niño y hombre, en una confronta entre los años ocurridos y los sueños que están por llegar.

De pronto el mecánico-piloto intenta arreglar la avería de su avión, en tanto que el Principito le pide que le haga dibujos, le platica de su planeta, le habla de la importancia de la luz de las estrellas y de la inmensidad del universo que ya conoce y de su pequeño planeta en donde le espera su rosa.

También conoce al zorro, quien lo ve con desconfianza, pero que poco a poco, luego de un ritual acordado para darle sentido a la amistad, se entrega al amor fraterno-filial: ambos se necesitan y ambos saben que “sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible para los ojos”...

- Busco amigos, dijo El Principito. ¿Qué significa "domesticar"?

- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."

- ¿Crear lazos?

- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...

El zorro se calló y miró largamente al Principito:

- Por favor... ¡domestícame! – dijo.

- Me parece bien – respondió el Principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

- ¿Qué hay que hacer? – dijo el Principito.

- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente el Principito regresó.

- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad!...

Por ahí rastrea la serpiente. Todos ahí le tienen miedo. El Principito no. Ella le advierte. El asume que no es mala, en todo caso es parte de su naturaleza de subsistencia. Le habla de su veneno mortal. Él le pide que le ayude así; sólo así podrá regresar a su pequeño planeta para ver a su rosa... Se despide del piloto y termina el ritual. El Principito está de regreso en el universo.

Varios días después de que cayó el avión, un cadáver sin identificar, con insignias francesas, se encontró al sur de Marsella. Se supuso que era el escritor, aunque sin certeza. En septiembre de 1998 un pescador francés encontró un brazalete de plata con los nombres de Saint Exupéry y Consuelo. En mayo de 2000 un buzo encontró restos del avión del escritor.

El gobierno francés organizó un gran homenaje en 2004 a Saint Exupéry. Un asteroide descubierto en 1975 fue nombrado 2578 Saint-Exupéry y otro asteroide descubierto en 1993 fue nombrado 466 Bésixdouze que es “donde vive El Principito”:

Ya están juntos y se les pude ver en noches iluminadas por estrellas y asteroides, en silencio y con la sonrisa del niño que llevamos en nosotros, siempre.

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