/ jueves 20 de septiembre de 2018

Vendedor, periodista y panadero, así recordamos a Juan José Arreola a 100 años de su natalicio

El prolífico escritor trabajó como jefe de distribución en 1943 para El Occidental, periódico de la familia OEM

Un estilista de la prosa, dueño de un puñado de las más perfectas páginas escritas en lenguaje español, intelectual y promotor de la cultura como pocos, ajedrecista, actor y dueño de una generosidad tremenda, celebramos este viernes el centenario de Juan José Arreola.

El cuarto de 14 hijos Nace en Zapotlán el Grande 21 de septiembre de 1918 y desde pequeño es conocido en el pueblo como Juanito el recitador, ya que desde entonces y con un puñado de libros a los que pudo acceder le nació el amor por el lenguaje y la palabra hablada sobre todo. La Guerra Cristera impidió que siguiera su formación escolar, y su padre decidió que lo mejor que podía hacerse por el muchacho era que aprendiera un oficio.

El único problema es que la curiosidad que desde siempre lo caracterizó no lo llevó por uno, sino por cualquier cantidad de ellos, como lo recuerda en su texto De memoria y olvido: “He sido vendedor ambulante y periodista; mozo de cuerda y cobrador de banco. Impresor, comediante y panadero. Lo que ustedes quieran”.

En Guadalajara inició a publicar las revistas junto a Antonio Alatorre y Juan Rulfo, quien trabajaba en una oficinita de inmigración a escasos metros de EL OCCIDENTAL, periódico en el que un joven Arreola se desempeñó como jefe de distribución por allá de 1943 y que facilitó los medios para que los primeros textos impresos de ambos vieran la luz.

En esta misma casa editorial se encargó de cubrir y reseñar la visita de la Comedia Francesa en una breve temporada en el Teatro Degollado en la que conoció a Louis Jouvet, quien arregló para él una estancia en París para formarse con esta compañía teatral y que representaría uno de sus grandes recuerdos ya que el arte dramático es trascendental no sólo para la construcción de su obra sino de todo su personaje público.

Foto: Cuartoscuro

Los días de oro con intelectuales mexicanos

Foto: Cuartoscuro

A su regreso a México comenzó a trabajar en el Fondo de Cultura Económica como corrector y ahí comenzó una de las facetas más generosas, ya que acompañó la formación de escritores mexicanos como: Francisco Tario, Rubén Bonifaz Nuño, Carlos Pellicer, José de la Colina, Emilio Uranga, Alfonso Reyes y fue el primer editor de Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Emilio Carballido, José Emilio Pacheco, José Revueltas, Carlos Monsivais, José Agustín, y fue maestro y amigo de personajes como José Luis Martínez, Antonio Alatorre, Juan Rulfo, Alí Chumacero, Fernando del Paso, Sergio Pitol y muchos más; es decir toda la primera plana de al menos dos generaciones de primerísimo nivel en las letras mexicanas le deben algo a Arreola, quien siempre tuvo la delicadeza para encontrar lo valioso en cada texto.

En 1959 fue el primer director de la Casa del Lago, que abrió con sesiones de ajedrez y poesía recitada en el Lago de Chapultepec y fue el iniciador de los talleres literarios en México. Cronista de tenis y de futbol en el mundial del 70 y las olimpiadas del 92, fue de los primeros intelectuales que rompió el estigma de aparecer en televisión y valiéndose de sus dotes histriónicos y una memoria prodigiosa que permitía recitar de memoria textos enteros, logró llegar a un público mucho más amplio.

Foto: Cuartoscuro

Obra

Foto: Cuartoscuro

Su obra narrativa es breve: apenas unos cuantos libros en los que la brevedad es una portento del ingenio. Entre ellos destacan Varia Invención (1949), Confabulario (1952), La Feria (1963), la que fuera su única novela, y Bestiario (1972) que le dictó a José Emilio Pacheco.

Fue reconocido con premios de primer nivel como el Premio Jalisco de Literatura 1953, Premio Xavier Villaurrutia, 1963, por La feria, Premio Nacional de Periodismo, 1977, Oficial de Artes y Letras del Gobierno de Francia, 1977, Premio Nacional de Ciencias y Artes (Lingüística y Literatura), 1979, Premio Internacional de Literatura Juan Rulfo, 1990, Premio Internacional Alfonso Reyes, 1995. Doctor honoris causa, en 1996, por la Universidad de Colima, y por la UAM y en 2000, la Universidad del Claustro de Sor Juana, Casa Lamm, y el Centro Universitario de Integración Humanística y de Estudios Universitarios de Londres, le entregaron una de las 17 medallas a los sabios de fin del siglo XX, entre muchos más.

Juan José Arreola falleció en Guadalajara apenas en 2001 y desde este espacio nos sumamos al cariño y las celebraciones por el primer centenario de este juglar de los tiempos modernos.

Foto: Cuartoscuro

Un estilista de la prosa, dueño de un puñado de las más perfectas páginas escritas en lenguaje español, intelectual y promotor de la cultura como pocos, ajedrecista, actor y dueño de una generosidad tremenda, celebramos este viernes el centenario de Juan José Arreola.

El cuarto de 14 hijos Nace en Zapotlán el Grande 21 de septiembre de 1918 y desde pequeño es conocido en el pueblo como Juanito el recitador, ya que desde entonces y con un puñado de libros a los que pudo acceder le nació el amor por el lenguaje y la palabra hablada sobre todo. La Guerra Cristera impidió que siguiera su formación escolar, y su padre decidió que lo mejor que podía hacerse por el muchacho era que aprendiera un oficio.

El único problema es que la curiosidad que desde siempre lo caracterizó no lo llevó por uno, sino por cualquier cantidad de ellos, como lo recuerda en su texto De memoria y olvido: “He sido vendedor ambulante y periodista; mozo de cuerda y cobrador de banco. Impresor, comediante y panadero. Lo que ustedes quieran”.

En Guadalajara inició a publicar las revistas junto a Antonio Alatorre y Juan Rulfo, quien trabajaba en una oficinita de inmigración a escasos metros de EL OCCIDENTAL, periódico en el que un joven Arreola se desempeñó como jefe de distribución por allá de 1943 y que facilitó los medios para que los primeros textos impresos de ambos vieran la luz.

En esta misma casa editorial se encargó de cubrir y reseñar la visita de la Comedia Francesa en una breve temporada en el Teatro Degollado en la que conoció a Louis Jouvet, quien arregló para él una estancia en París para formarse con esta compañía teatral y que representaría uno de sus grandes recuerdos ya que el arte dramático es trascendental no sólo para la construcción de su obra sino de todo su personaje público.

Foto: Cuartoscuro

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Foto: Cuartoscuro

A su regreso a México comenzó a trabajar en el Fondo de Cultura Económica como corrector y ahí comenzó una de las facetas más generosas, ya que acompañó la formación de escritores mexicanos como: Francisco Tario, Rubén Bonifaz Nuño, Carlos Pellicer, José de la Colina, Emilio Uranga, Alfonso Reyes y fue el primer editor de Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Emilio Carballido, José Emilio Pacheco, José Revueltas, Carlos Monsivais, José Agustín, y fue maestro y amigo de personajes como José Luis Martínez, Antonio Alatorre, Juan Rulfo, Alí Chumacero, Fernando del Paso, Sergio Pitol y muchos más; es decir toda la primera plana de al menos dos generaciones de primerísimo nivel en las letras mexicanas le deben algo a Arreola, quien siempre tuvo la delicadeza para encontrar lo valioso en cada texto.

En 1959 fue el primer director de la Casa del Lago, que abrió con sesiones de ajedrez y poesía recitada en el Lago de Chapultepec y fue el iniciador de los talleres literarios en México. Cronista de tenis y de futbol en el mundial del 70 y las olimpiadas del 92, fue de los primeros intelectuales que rompió el estigma de aparecer en televisión y valiéndose de sus dotes histriónicos y una memoria prodigiosa que permitía recitar de memoria textos enteros, logró llegar a un público mucho más amplio.

Foto: Cuartoscuro

Obra

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Su obra narrativa es breve: apenas unos cuantos libros en los que la brevedad es una portento del ingenio. Entre ellos destacan Varia Invención (1949), Confabulario (1952), La Feria (1963), la que fuera su única novela, y Bestiario (1972) que le dictó a José Emilio Pacheco.

Fue reconocido con premios de primer nivel como el Premio Jalisco de Literatura 1953, Premio Xavier Villaurrutia, 1963, por La feria, Premio Nacional de Periodismo, 1977, Oficial de Artes y Letras del Gobierno de Francia, 1977, Premio Nacional de Ciencias y Artes (Lingüística y Literatura), 1979, Premio Internacional de Literatura Juan Rulfo, 1990, Premio Internacional Alfonso Reyes, 1995. Doctor honoris causa, en 1996, por la Universidad de Colima, y por la UAM y en 2000, la Universidad del Claustro de Sor Juana, Casa Lamm, y el Centro Universitario de Integración Humanística y de Estudios Universitarios de Londres, le entregaron una de las 17 medallas a los sabios de fin del siglo XX, entre muchos más.

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