/ sábado 9 de mayo de 2020

Vicario, la Leona madre

Figura importante en la lucha de Independencia, mujer apasionada de sus ideales, pero también maternal y amorosa con los niños


A doña Tere, mi madre

Nombrada como la Benemérita Dulcísima Madre de la Patria por el Estado mexicano, fue una figura importante en la lucha de Independencia además de una mujer apasionada de sus ideales, pero también maternal y amorosa con los niños

Leona Vicario, la mujer, la revolucionaria, la insurgente, la primera periodista que registra nuestra historia nunca usó un arma, ella utilizó como campo de batalla un periódico donde escribir, sus municiones fueron el conocimiento adquirido a través de los libros y el fusil una pluma para expresar sus más anhelados deseos de libertad. Su legado como amorosa madre fue el enseñar a sus hijas su pasión por la naciente patria mexicana y el inagotable deseo por el conocimiento.

Todas esas Leonas: la feminista, la intelectual, la libertaria, no impidieron su labor como mamá, es más, con el fuerte carácter que la distinguía, la convirtieron en una sola Leona para amar, defender y educar a sus hijas.

Con el objetivo de conocer más sobre la vida de Leona Vicario en su faceta de madre, José Alfonso Suárez del Real, secretario de Cultura de la Ciudad de México, explica: “Fue una madre amorosa, definitivamente nosotros lo podemos entender desde el punto de vista de una mujer que perdió a su madre cuando más la necesitaba, prácticamente desde la adolescencia a la joven adulta que sufrió el machismo recalcitrante de sus tíos y encontró en Andrés Quintana Roo a un compañero que la rescató como ser humano más que como mujer, fueron además muy buenos esposos y es evidente que los nacimientos de sus hijas no fueron en las mejores circunstancias, pero esto no fue óbice que el amor de Leona no aflorara al momento de ser madre.

“Que fue una madre exigente, sí lo fue, porque les exigió a sus hijas exactamente lo que le había permitido su mamá, que supieran leer, escribir y que pudieran pensar y definir el camino de sus vidas”.

HEREDERA EN FUGA

Antes de continuar con Leona Vicario en su faceta de madre es necesario hacer un preámbulo para recordar su esencia libertaria.

A Andrés Quintana Roo -un joven estudiante de derecho-, María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador (1789-1842) lo convirtió en su compañero de vida, su cómplice, en el padre de sus hijas, pese a la oposición de su tío Agustín Pomposo Fernández de San Salvador, quien se quedó como su tutor y albacea de una cuantiosa herencia de cien mil pesos oro al quedar huérfana a la edad de 17 años.

Su tío permitió que viviera sola, lo que le dio oportunidad de seguir sus instintos y pertenecer a la sociedad secreta de Los Guadalupes, cuyos integrantes eran descendientes de españoles nacidos en América y que buscaban la independencia del Virreinato.

En las altas y bajas que pasaron durante los casi 11 años que duró la lucha insurgente, Leona y Andrés huyeron a la sierra de Michoacán y ahí vivieron la más extrema pobreza. Había muerto el padre José María Morelos y Pavón y por dos años cambiaron de guarida constantemente.

Debieron huir y esconderse como animales heridos ante la implacable persecución de la que fueron objeto sólo por el peligro que representaban con sus escritos revolucionarios que no hacían más que alimentar los ideales de la insurgencia.

En ese ir y venir, en esa vida silvestre y salvaje, Leona se embarazó y en el momento en que se le rompió la fuente, su esposo no tuvo alternativa más que buscar una cueva en medio de la nada para que naciera su primera hija, Genoveva, sin la ayuda de una partera experta, en medio de las condiciones más insalubres en un frío 3 de enero de 1817.

Una fogata quizá ayudó en ese momento, pero con una recién nacida en brazos, debían pensar en cambiar su situación de parias y perseguidos. No había otra opción más que aceptar el indulto que tantas veces le ofrecieron a Leona y que ella había rechazado, incluso cuando fue detenida en Huisquilican (Estado de México 1813) y llevada al convento de Belén de las Mochas (Ciudad de México), donde permaneció 41 días.

En esa ocasión su tío Agustín Pomposo logró con sus oficios de abogado que no fuera trasladada a las celdas de la Santa Inquisición; sin embargo, lo que no pudo evitar es que la interrogara personal de ese tribunal religioso.

Leona nunca dio nombres ni lugares de las reuniones que realizaban Los Guadalupes. Y mientras ella permanecía en este sitio Quintana Roo planeó el rescate, que efectuó el general Luis Alconedo junto con otros dos insurgentes.

Una vez fuera, Leona se vistió de sirvienta y pintó su piel de negro, se fue en una especie de carruaje jalada por burros con una imprenta desarmada, escondida en huacales, hacia el escondite donde se encontraba el general Morelos. Ahora era libre, pero pobre, pues la Santa Inquisición le había arrebatado lo que quedaba de su herencia; parte de ella la había gastado en la confección de cañones, balas y armas. Su herencia la recuperaría después, una vez consumada la independencia.

Una vez aceptado el indulto en 1820, para Leona y Andrés se pensó el destierro en España, pero por falta de recursos fueron enviados a Toluca, en el Estado de México. En el destierro (1821) nace su segunda hija, Soledad, más adelante, ya consumada la independencia, llega su tercera niña, Dolores.

Los historiadores hablan de la Benemérita Dulcísima Madre de la Patria -nombrada así por el Estado mexicano, a los cuatro días de su muerte (25 de agosto de 1842)-, como una mujer apasionada de sus ideales, pero también maternal y amorosa con los niños. En el libro La Insurgenta, su autor, Carlos Pascual, la describe atrás del pequeño Juan Nepomuceno, el primer hijo de José María Morelos y Pavón, pues la segunda mujer del general, doña Gerónima, no lo atendía. Leona se daba la tarea de asearlo y darle de comer.

Alguien más que la convirtió en su madre fue Guillermo Prieto, quien a los 13 años quedó huérfano de padre y a causa de ello su madre perdió la razón. Desde entonces Andrés Quintana Roo y Leona Vicario lo apoyaron y le enseñaron su amor por las letras.

MUJERES EN REFORMA

Este 2020 fue declarado el Año de Leona Vicario por el gobierno de la Ciudad de México. El secretario de Cultura, José Alfonso Suárez del Real, expone que es porque cumple dos siglos de que la mandan al destierro y es cuando se va a vivir al Estado de México.

Para el próximo mes de agosto se tiene planeado hacer un homenaje en la columna del Ángel de la Independencia, donde están sus restos, junto con el de otros ilustres insurgentes. Está programado para el 21 de agosto que cumple 178 años de haber fallecido.

Además, está programada la colocación de dos estatuas en el Paseo de la Reforma, una de Leona Vicario a la altura de la colonia Cuauhtémoc, y frente a ella, del lado de la colonia Juárez, se instalará la imagen de la Mexicana Anónima Forjadora de la República, misma que integra a todas aquellas mujeres que participaron en la Independencia.

Según el secretario de Cultura, la colocación de estas estatuas “tiene un significado muy especial, porque en Reforma no hay estatuas de mujeres” y tampoco se había permitido el trabajo de mujeres escultoras en esta zona del “paseo de los hombres en el Paseo de la Reforma; el mensaje aquí de la jefatura de Gobierno es que ahora serán las mujeres las que van a ornamentar esta parte del Paseo de la Reforma hasta la Puerta de los Leones, a través de los pedestales y esculturas que se van a proponer a otras entidades de la Federación a efectos de honrar a sus mujeres ilustres.

Se tienen previstas 14 estatuas en una primera fase, está pensada para concluirse antes de septiembre del año 2021, a efecto de que para el 27 de septiembre que se conmemora el bicentenario de la consumación de la Independencia estén cubiertas las 14 mujeres ilustres que ornamentarán esta parte del Paseo de la Reforma.


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A doña Tere, mi madre

Nombrada como la Benemérita Dulcísima Madre de la Patria por el Estado mexicano, fue una figura importante en la lucha de Independencia además de una mujer apasionada de sus ideales, pero también maternal y amorosa con los niños

Leona Vicario, la mujer, la revolucionaria, la insurgente, la primera periodista que registra nuestra historia nunca usó un arma, ella utilizó como campo de batalla un periódico donde escribir, sus municiones fueron el conocimiento adquirido a través de los libros y el fusil una pluma para expresar sus más anhelados deseos de libertad. Su legado como amorosa madre fue el enseñar a sus hijas su pasión por la naciente patria mexicana y el inagotable deseo por el conocimiento.

Todas esas Leonas: la feminista, la intelectual, la libertaria, no impidieron su labor como mamá, es más, con el fuerte carácter que la distinguía, la convirtieron en una sola Leona para amar, defender y educar a sus hijas.

Con el objetivo de conocer más sobre la vida de Leona Vicario en su faceta de madre, José Alfonso Suárez del Real, secretario de Cultura de la Ciudad de México, explica: “Fue una madre amorosa, definitivamente nosotros lo podemos entender desde el punto de vista de una mujer que perdió a su madre cuando más la necesitaba, prácticamente desde la adolescencia a la joven adulta que sufrió el machismo recalcitrante de sus tíos y encontró en Andrés Quintana Roo a un compañero que la rescató como ser humano más que como mujer, fueron además muy buenos esposos y es evidente que los nacimientos de sus hijas no fueron en las mejores circunstancias, pero esto no fue óbice que el amor de Leona no aflorara al momento de ser madre.

“Que fue una madre exigente, sí lo fue, porque les exigió a sus hijas exactamente lo que le había permitido su mamá, que supieran leer, escribir y que pudieran pensar y definir el camino de sus vidas”.

HEREDERA EN FUGA

Antes de continuar con Leona Vicario en su faceta de madre es necesario hacer un preámbulo para recordar su esencia libertaria.

A Andrés Quintana Roo -un joven estudiante de derecho-, María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador (1789-1842) lo convirtió en su compañero de vida, su cómplice, en el padre de sus hijas, pese a la oposición de su tío Agustín Pomposo Fernández de San Salvador, quien se quedó como su tutor y albacea de una cuantiosa herencia de cien mil pesos oro al quedar huérfana a la edad de 17 años.

Su tío permitió que viviera sola, lo que le dio oportunidad de seguir sus instintos y pertenecer a la sociedad secreta de Los Guadalupes, cuyos integrantes eran descendientes de españoles nacidos en América y que buscaban la independencia del Virreinato.

En las altas y bajas que pasaron durante los casi 11 años que duró la lucha insurgente, Leona y Andrés huyeron a la sierra de Michoacán y ahí vivieron la más extrema pobreza. Había muerto el padre José María Morelos y Pavón y por dos años cambiaron de guarida constantemente.

Debieron huir y esconderse como animales heridos ante la implacable persecución de la que fueron objeto sólo por el peligro que representaban con sus escritos revolucionarios que no hacían más que alimentar los ideales de la insurgencia.

En ese ir y venir, en esa vida silvestre y salvaje, Leona se embarazó y en el momento en que se le rompió la fuente, su esposo no tuvo alternativa más que buscar una cueva en medio de la nada para que naciera su primera hija, Genoveva, sin la ayuda de una partera experta, en medio de las condiciones más insalubres en un frío 3 de enero de 1817.

Una fogata quizá ayudó en ese momento, pero con una recién nacida en brazos, debían pensar en cambiar su situación de parias y perseguidos. No había otra opción más que aceptar el indulto que tantas veces le ofrecieron a Leona y que ella había rechazado, incluso cuando fue detenida en Huisquilican (Estado de México 1813) y llevada al convento de Belén de las Mochas (Ciudad de México), donde permaneció 41 días.

En esa ocasión su tío Agustín Pomposo logró con sus oficios de abogado que no fuera trasladada a las celdas de la Santa Inquisición; sin embargo, lo que no pudo evitar es que la interrogara personal de ese tribunal religioso.

Leona nunca dio nombres ni lugares de las reuniones que realizaban Los Guadalupes. Y mientras ella permanecía en este sitio Quintana Roo planeó el rescate, que efectuó el general Luis Alconedo junto con otros dos insurgentes.

Una vez fuera, Leona se vistió de sirvienta y pintó su piel de negro, se fue en una especie de carruaje jalada por burros con una imprenta desarmada, escondida en huacales, hacia el escondite donde se encontraba el general Morelos. Ahora era libre, pero pobre, pues la Santa Inquisición le había arrebatado lo que quedaba de su herencia; parte de ella la había gastado en la confección de cañones, balas y armas. Su herencia la recuperaría después, una vez consumada la independencia.

Una vez aceptado el indulto en 1820, para Leona y Andrés se pensó el destierro en España, pero por falta de recursos fueron enviados a Toluca, en el Estado de México. En el destierro (1821) nace su segunda hija, Soledad, más adelante, ya consumada la independencia, llega su tercera niña, Dolores.

Los historiadores hablan de la Benemérita Dulcísima Madre de la Patria -nombrada así por el Estado mexicano, a los cuatro días de su muerte (25 de agosto de 1842)-, como una mujer apasionada de sus ideales, pero también maternal y amorosa con los niños. En el libro La Insurgenta, su autor, Carlos Pascual, la describe atrás del pequeño Juan Nepomuceno, el primer hijo de José María Morelos y Pavón, pues la segunda mujer del general, doña Gerónima, no lo atendía. Leona se daba la tarea de asearlo y darle de comer.

Alguien más que la convirtió en su madre fue Guillermo Prieto, quien a los 13 años quedó huérfano de padre y a causa de ello su madre perdió la razón. Desde entonces Andrés Quintana Roo y Leona Vicario lo apoyaron y le enseñaron su amor por las letras.

MUJERES EN REFORMA

Este 2020 fue declarado el Año de Leona Vicario por el gobierno de la Ciudad de México. El secretario de Cultura, José Alfonso Suárez del Real, expone que es porque cumple dos siglos de que la mandan al destierro y es cuando se va a vivir al Estado de México.

Para el próximo mes de agosto se tiene planeado hacer un homenaje en la columna del Ángel de la Independencia, donde están sus restos, junto con el de otros ilustres insurgentes. Está programado para el 21 de agosto que cumple 178 años de haber fallecido.

Además, está programada la colocación de dos estatuas en el Paseo de la Reforma, una de Leona Vicario a la altura de la colonia Cuauhtémoc, y frente a ella, del lado de la colonia Juárez, se instalará la imagen de la Mexicana Anónima Forjadora de la República, misma que integra a todas aquellas mujeres que participaron en la Independencia.

Según el secretario de Cultura, la colocación de estas estatuas “tiene un significado muy especial, porque en Reforma no hay estatuas de mujeres” y tampoco se había permitido el trabajo de mujeres escultoras en esta zona del “paseo de los hombres en el Paseo de la Reforma; el mensaje aquí de la jefatura de Gobierno es que ahora serán las mujeres las que van a ornamentar esta parte del Paseo de la Reforma hasta la Puerta de los Leones, a través de los pedestales y esculturas que se van a proponer a otras entidades de la Federación a efectos de honrar a sus mujeres ilustres.

Se tienen previstas 14 estatuas en una primera fase, está pensada para concluirse antes de septiembre del año 2021, a efecto de que para el 27 de septiembre que se conmemora el bicentenario de la consumación de la Independencia estén cubiertas las 14 mujeres ilustres que ornamentarán esta parte del Paseo de la Reforma.


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