/ viernes 19 de octubre de 2018

Sumérgete en el mundo del séptimo arte en la Filmoteca de la UNAM

La Filmoteca cuenta con casi 60 mil películas

Un banco de imágenes, un centro de documentación, un taller de restauración, un área de depósito y resguardo de materiales, un laboratorio fotoquímico y otro digital, equipados con escáner e impresoras de primer nivel; salas de proyecciones y hasta un museo, integran la Filmoteca de la UNAM, donde se resguarda uno de los acervos cinematográficos más importantes de América Latina.

En él se hallan lo mismo películas de los años 20 y 30, del siglo pasado que emblemáticos trabajos sobre la Revolución Mexicana; documentales y materiales históricos diversos, entre ellos un reportaje sobre el asesinato del guerrillero Lucio Cabañas o la visita del presidente chileno Salvador Allende, así como un amplio catálogo de cine mexicano, incluido el de su Época de Oro.

La Filmoteca, cuyo nombre oficial es Dirección General de Actividades Cinematográficas de la UNAM, tiene como objetivos centrales rescatar, conservar, preservar y difundir la memoria fílmica de México, a través de sus diferentes departamentos, cuyo personal se distingue por su especialización, pero también por su pasión, entrega y amor por la cinematografía nacional.


LABOR TITÁNICA

Su historia se remonta a inicios de los años 60 con la apertura del Cineclub infantil de la Casa del Lago, y a partir de entonces comienza a crecer en acervo y actividades. Entre los momentos cruciales de su desarrollo se pueden mencionar 1970, cuando se adscribe al CUEC y establece relación con la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF).

Actualmente cuenta con 15 bóvedas que resguardan más de 50 mil realizaciones cinematográficas; su Banco de Imagen permite acceder a 12 mil registros de material con una amplia gama temática, que va de 1896 a finales del siglo XX; mientras su Centro de Documentación custodia libros, revistas, periódicos, más de nueve mil carteles y 85 mil fotografías, stills, recortes hemerográficos, fotomontajes y un buen número de películas en formato DVD.

Cortesía

Además de colecciones tan importantes como los fondos Fernando de Fuentes, Alejandro Galindo y Salvador Toscano, por mencionar algunos; todo lo cual puede ser consultado por estudiantes, académicos, investigadores y público en general, tanto de México como del extranjero en sus instalaciones, ubicadas en el circuito exterior Mario de la Cueva, en Ciudad Universitaria.

En total, la Filmoteca cuenta con casi 60 mil películas que resguarda en siete bóvedas para material en nitrato y de la A a la F para acetato y poliéster, para formatos de 35, 16, 70, ocho y súper ocho, que son los que almacenan.

Las copias de color se mantienen en 14 grados y 40 por ciento de humedad, mientras que las de blanco y negro y materiales positivos están a 15 grados y 55 por ciento de humedad relativa.

En el Taller de Restauración, donde son enviadas las copias que presentan algún deterioro, el jefe del área, Jorge Arturo Martínez Torres, explica que “aquí revisamos, reparamos, fichamos y guardamos los materiales que llegan en diferentes formatos, medimos el material, vemos si tiene título, el soporte; el pietaje, que transformamos a metraje y duración”.

Cortesía

Y detalle que “el nitrato se descompone, se sulfata y eso contamina las latas, en ese caso, lo que hacemos es cambiarla, estabilizar los materiales y reemplazar la cédula de identificación”.

El objetivo es rescatar las cintas, por eso, si alguna viene con un alto olor a vinagre, se procede a hacer una medición y a colocarle un desencante, con el que se sella y se guarda a cinco grados, para retrasar su deterioro, por lo menos hasta que se pueda hacer una copia digital, en caso de que sea muy tarde para un cambio de soporte.

Un material muy dañado, comenta, se puede llevar hasta dos semanas de trabajo en un solo rollo, aunque hay otros que en dos o tres días ya pueden pasar al laboratorio o a la bóveda, si no requieren de mayor intervención.

Otra de las labores del personal de este laboratorio es el monitoreo de materiales en bóveda.


REHABILITAR EL CINE

Ya diagnosticado y después de “los primeros auxilios”, el material cinematográfico está listo para ser enviado a laboratorios, donde, según sus condiciones, puede ser cambiado de soporte mediante un proceso de impresión de contacto, o sólo digitalizado.

El jefe del laboratorio cinematográfico de la Filmoteca, Francisco Ramírez Vázquez, comenta con orgullo que éste es uno de los tres laboratorios fotoquímicos que quedan en esta ciudad, junto con el de los Estudios Churubusco y uno privado en División del Norte.

Cortesía

Aquí, expone, se procesan las películas de 35 y 16 milímetros en blanco y negro, respaldos que hacen a partir del material del acervo. “Tenemos películas con más de 100 años de vida, así que nuestra labor es preservar esas imágenes pasándolas a un nuevo soporte para alcanzar, bien almacenados, unos 200 años más de vida”.

“Después de la impresión de contacto que une la película a un nuevo soporte, queda una imagen latente que se pasa por la máquina reveladora, aquí entra la parte fotoquímica, tenemos la parte de revelador, fijador, agua, estabilizador y gabinete de secado, para que la película salga y pueda ser proyectada o para poder generar una nueva copia y pasarla a digital”.

En caso de generarse una nueva copia, añade, hay dos procesos más, el de revisión de color y el de impresión, aquí se cuenta con máquinas de alta tecnología que permiten imprimir en código binario los cambios de color que requieran los negativos, mismos que pueden ser leídos en impresoras BH y de ventanilla húmeda, que permiten mejorar la calidad tanto de la imagen como del sonido.

Cortesía

En el caso de los materiales que tienen un deterioro considerable se pasan directo al laboratorio digital, donde se realiza una limpieza ultrasónica en una máquina con percloro de etileno, para despojarlos de polvo o grasa y proceder a digitalizar.

Sobre este proceso en el laboratorio digital, el coordinador de Nuevas Tecnologías e Informática en la Filmoteca, Gerardo León Lastra, detalla que una vez limpia la imagen que se pretende restaurar pasa a un gran escáner que cuenta con un sensor que copia uno a uno los fotogramas sin comprimirlos, igual que el audio, para hacer una restauración cuadro por cuadro.

“Hay cintas que por su relevancia se restauran digitalmente y ya restauradas se generan formatos más accesibles para acceder mediante tecnología web, y vamos armando un catálogo que se va a poder consultar en Filmoteca; un soporte más accesible para la catalogación, pues la idea es hacer cada vez más público el acervo”, señala.

En otra oficina, una restauradora de nombre Lupita trabaja en una computadora con un software con herramientas semiautomáticas que le facilitan la labor manual para restaurar un campo, modificar su color o completar imágenes deterioradas. Dependiendo las condiciones en las que se encuentra una película, estima, el proceso puede ir de tres meses a un año.

León acota que formalmente se requiere un conocimiento en la materia prima con la que se trabaja, como son los soportes y emulsiones, así como la vista educada para detectar los problemas que presentan; el manejo de las herramientas de uso diario, e incluso profundizar en cómo funciona nuestro sistema visual, pues entre mayores conocimientos se tengan más provecho se podrá sacar de ese personal.

Cortesía

En general, explica, son los proyectos de desarrollo que hay en la propia Universidad los que permiten ir sacando adelante el trabajo, por ejemplo, dice, las bases de datos en las que se visualiza el catálogo han sido hechas por becarios que él entrena y que luego son los programadores número uno. Actualmente, adelanta, están en pláticas con ingenieros para desarrollar un prototipo de robot que pueda emplearse en el área de almacenamiento.

Luego sigue la parte de la difusión, dice, la cual es todo un entramado de servicios que están disponibles para los usuarios, dentro y fuera del país, y que tienen que ver no sólo con las películas del acervo, sino con el banco de imágenes, el centro de documentación, las proyecciones, los catálogos, el préstamo y los ciclos que se proyectan en diversas salas.

La visita concluye con unas tomas por el espacio donde se hallan distribuidos viejos aparatos que dan testimonio de la evolución del cine, del desarrollo tecnológico que ha permeado la realización, producción y difusión del llamado Séptimo Arte, cuya colección completa puede ser apreciada en un pequeño museo in situ o desde un recorrido virtual accesible desde el sitio www.filmoteca.unam.mx/pages/acervo/museo.

DATOS

60 mil películas resguarda en 15 bóvedas

12 mil registros de material con una amplia gama temática tiene el Banco de Imagen

1970 año en que se adscribe al CUEC y establece relación con la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF)

Un banco de imágenes, un centro de documentación, un taller de restauración, un área de depósito y resguardo de materiales, un laboratorio fotoquímico y otro digital, equipados con escáner e impresoras de primer nivel; salas de proyecciones y hasta un museo, integran la Filmoteca de la UNAM, donde se resguarda uno de los acervos cinematográficos más importantes de América Latina.

En él se hallan lo mismo películas de los años 20 y 30, del siglo pasado que emblemáticos trabajos sobre la Revolución Mexicana; documentales y materiales históricos diversos, entre ellos un reportaje sobre el asesinato del guerrillero Lucio Cabañas o la visita del presidente chileno Salvador Allende, así como un amplio catálogo de cine mexicano, incluido el de su Época de Oro.

La Filmoteca, cuyo nombre oficial es Dirección General de Actividades Cinematográficas de la UNAM, tiene como objetivos centrales rescatar, conservar, preservar y difundir la memoria fílmica de México, a través de sus diferentes departamentos, cuyo personal se distingue por su especialización, pero también por su pasión, entrega y amor por la cinematografía nacional.


LABOR TITÁNICA

Su historia se remonta a inicios de los años 60 con la apertura del Cineclub infantil de la Casa del Lago, y a partir de entonces comienza a crecer en acervo y actividades. Entre los momentos cruciales de su desarrollo se pueden mencionar 1970, cuando se adscribe al CUEC y establece relación con la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF).

Actualmente cuenta con 15 bóvedas que resguardan más de 50 mil realizaciones cinematográficas; su Banco de Imagen permite acceder a 12 mil registros de material con una amplia gama temática, que va de 1896 a finales del siglo XX; mientras su Centro de Documentación custodia libros, revistas, periódicos, más de nueve mil carteles y 85 mil fotografías, stills, recortes hemerográficos, fotomontajes y un buen número de películas en formato DVD.

Cortesía

Además de colecciones tan importantes como los fondos Fernando de Fuentes, Alejandro Galindo y Salvador Toscano, por mencionar algunos; todo lo cual puede ser consultado por estudiantes, académicos, investigadores y público en general, tanto de México como del extranjero en sus instalaciones, ubicadas en el circuito exterior Mario de la Cueva, en Ciudad Universitaria.

En total, la Filmoteca cuenta con casi 60 mil películas que resguarda en siete bóvedas para material en nitrato y de la A a la F para acetato y poliéster, para formatos de 35, 16, 70, ocho y súper ocho, que son los que almacenan.

Las copias de color se mantienen en 14 grados y 40 por ciento de humedad, mientras que las de blanco y negro y materiales positivos están a 15 grados y 55 por ciento de humedad relativa.

En el Taller de Restauración, donde son enviadas las copias que presentan algún deterioro, el jefe del área, Jorge Arturo Martínez Torres, explica que “aquí revisamos, reparamos, fichamos y guardamos los materiales que llegan en diferentes formatos, medimos el material, vemos si tiene título, el soporte; el pietaje, que transformamos a metraje y duración”.

Cortesía

Y detalle que “el nitrato se descompone, se sulfata y eso contamina las latas, en ese caso, lo que hacemos es cambiarla, estabilizar los materiales y reemplazar la cédula de identificación”.

El objetivo es rescatar las cintas, por eso, si alguna viene con un alto olor a vinagre, se procede a hacer una medición y a colocarle un desencante, con el que se sella y se guarda a cinco grados, para retrasar su deterioro, por lo menos hasta que se pueda hacer una copia digital, en caso de que sea muy tarde para un cambio de soporte.

Un material muy dañado, comenta, se puede llevar hasta dos semanas de trabajo en un solo rollo, aunque hay otros que en dos o tres días ya pueden pasar al laboratorio o a la bóveda, si no requieren de mayor intervención.

Otra de las labores del personal de este laboratorio es el monitoreo de materiales en bóveda.


REHABILITAR EL CINE

Ya diagnosticado y después de “los primeros auxilios”, el material cinematográfico está listo para ser enviado a laboratorios, donde, según sus condiciones, puede ser cambiado de soporte mediante un proceso de impresión de contacto, o sólo digitalizado.

El jefe del laboratorio cinematográfico de la Filmoteca, Francisco Ramírez Vázquez, comenta con orgullo que éste es uno de los tres laboratorios fotoquímicos que quedan en esta ciudad, junto con el de los Estudios Churubusco y uno privado en División del Norte.

Cortesía

Aquí, expone, se procesan las películas de 35 y 16 milímetros en blanco y negro, respaldos que hacen a partir del material del acervo. “Tenemos películas con más de 100 años de vida, así que nuestra labor es preservar esas imágenes pasándolas a un nuevo soporte para alcanzar, bien almacenados, unos 200 años más de vida”.

“Después de la impresión de contacto que une la película a un nuevo soporte, queda una imagen latente que se pasa por la máquina reveladora, aquí entra la parte fotoquímica, tenemos la parte de revelador, fijador, agua, estabilizador y gabinete de secado, para que la película salga y pueda ser proyectada o para poder generar una nueva copia y pasarla a digital”.

En caso de generarse una nueva copia, añade, hay dos procesos más, el de revisión de color y el de impresión, aquí se cuenta con máquinas de alta tecnología que permiten imprimir en código binario los cambios de color que requieran los negativos, mismos que pueden ser leídos en impresoras BH y de ventanilla húmeda, que permiten mejorar la calidad tanto de la imagen como del sonido.

Cortesía

En el caso de los materiales que tienen un deterioro considerable se pasan directo al laboratorio digital, donde se realiza una limpieza ultrasónica en una máquina con percloro de etileno, para despojarlos de polvo o grasa y proceder a digitalizar.

Sobre este proceso en el laboratorio digital, el coordinador de Nuevas Tecnologías e Informática en la Filmoteca, Gerardo León Lastra, detalla que una vez limpia la imagen que se pretende restaurar pasa a un gran escáner que cuenta con un sensor que copia uno a uno los fotogramas sin comprimirlos, igual que el audio, para hacer una restauración cuadro por cuadro.

“Hay cintas que por su relevancia se restauran digitalmente y ya restauradas se generan formatos más accesibles para acceder mediante tecnología web, y vamos armando un catálogo que se va a poder consultar en Filmoteca; un soporte más accesible para la catalogación, pues la idea es hacer cada vez más público el acervo”, señala.

En otra oficina, una restauradora de nombre Lupita trabaja en una computadora con un software con herramientas semiautomáticas que le facilitan la labor manual para restaurar un campo, modificar su color o completar imágenes deterioradas. Dependiendo las condiciones en las que se encuentra una película, estima, el proceso puede ir de tres meses a un año.

León acota que formalmente se requiere un conocimiento en la materia prima con la que se trabaja, como son los soportes y emulsiones, así como la vista educada para detectar los problemas que presentan; el manejo de las herramientas de uso diario, e incluso profundizar en cómo funciona nuestro sistema visual, pues entre mayores conocimientos se tengan más provecho se podrá sacar de ese personal.

Cortesía

En general, explica, son los proyectos de desarrollo que hay en la propia Universidad los que permiten ir sacando adelante el trabajo, por ejemplo, dice, las bases de datos en las que se visualiza el catálogo han sido hechas por becarios que él entrena y que luego son los programadores número uno. Actualmente, adelanta, están en pláticas con ingenieros para desarrollar un prototipo de robot que pueda emplearse en el área de almacenamiento.

Luego sigue la parte de la difusión, dice, la cual es todo un entramado de servicios que están disponibles para los usuarios, dentro y fuera del país, y que tienen que ver no sólo con las películas del acervo, sino con el banco de imágenes, el centro de documentación, las proyecciones, los catálogos, el préstamo y los ciclos que se proyectan en diversas salas.

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