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Inclusión financiera y dinero electrónico

  • Perspectiva Económica

Adilene Espinoza Castillo*

El dinero fiduciario (como el peso), es una moneda de curso legal que fue emitida por una autoridad central, el Banco de México. La moneda virtual es un “un tipo de moneda digital no regulada que emite y controla un ente, y que se utiliza y acepta entre miembros de una comunidad virtual específica” (Banco Central Europeo, 2012). El dinero electrónico consiste en la conversión del dinero físico en dinero virtual para realizar operaciones financieras (Alide, 2013). En los sistemas de dinero electrónico, el vínculo entre este y el dinero fiduciario permanece intacto, mientras que en los sistemas de monedas virtuales, la unidad de cuenta no tiene una moneda fiduciaria física de contrapartida.

Países como Ecuador y Perú han encontrado una función específica en el dinero electrónico que va más allá del intercambio de bienes y servicios, entendiendo que existe un alto grado de penetración de la telefonía móvil en sus territorios, que además del desarrollo de microfinanzas, constituye una oportunidad para ampliar el acceso y uso de servicios financieros, mediante el uso de plataforma de tecnología móvil como un canal de distribución  (Rodríguez Cairo, 2014). Perú estudia el dinero electrónico como una forma de inclusión financiera – entiéndase como tal, al acceso y uso de servicios financieros formales bajo regulación apropiada que garantice esquemas de protección al consumidor y promueva la educación financiera para mejorar las capacidades financieras  de todos los segmentos de la población (CNBV, 2016) – mientras que en México, es prioridad para el Gobierno de la República ya que propicia una mejor administración de recursos personales, que permite proteger el patrimonio de las familias, el fortalecimiento de finanzas personales y una mayor inclusión social.

Más de 55 países han firmado compromisos relacionados con inclusión financiera y más de 30 países se encuentran elaborando una estrategia nacional sobre el tema (Banco Mundial, 2016). En México, acorde al Reporte Nacional de Inclusión Financiera 2017 del Consejo Nacional de Inclusión Financiera, la población que posee al menos un producto financiero pasó de 39 a 52 millones, lo que permitió reducir la brecha de género a nivel nacional.

Los retos de ésta inclusión se basa en cuatro temas: 1) La infraestructura financiera es insuficiente, 2) La adquisición y uso limitado de los productos y servicios financieros, 3) Falta de conocimiento del sistema financiero y, 4) La falta conocimiento del sistema financiero; éstos desafíos son similares a aquellos países en vías de desarrollo. Sin embargo, respecto al uso de dinero electrónico, en diversos países éste ha sido importante para cerrar la brecha del acceso financiero y de forma paulatina se han creado Sociedades Proveedoras de Dinero Electrónico (SPDE), que permiten realizar trámites simplificados para abrir cuentas de dinero electrónico y de ahorros.  Además de que para atender una mayor proporción de la población de bajos ingresos y alentar el uso del dinero electrónico, algunos gobiernos están priorizando sus pagos de transferencias por medio de servicios digitales a particulares (Microscopio Global, 2016); por ejemplo,  en México, el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi) realiza pagos digitales a 6,5 millones de beneficiarios de transferencias sociales como parte del programa Prospera, empleando la red estatal de tiendas comunitarias Diconsa como parte de su mecanismo de distribución.

En síntesis, el uso masivo de dispositivos móviles facilita en gran medida la inclusión financiera en zonas remotas, lo que aunado a la categorización de la inclusión financiera como uno de los objetivos de desarrollo sostenible, ha revalorizado la importancia de la penetración en mercados de pagos digitales. Cada vez más gobiernos empiezan a apostar por esta modalidad  y parece prudente observar las posibilidades que podrían implicar la implementación del uso de dinero no fiduciario en otros ámbitos de la economía. Sin embargo, aún existen desafíos para la inclusión financiera en nuestro país, y aún más para una regulación en las modalidades de dinero electrónico.

 * Estudiante de la Maestría en Administración Estratégica (MAE) de la UABCS, correo: asarahesp@gmail.com