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Fernando Jordán Juárez

  • Eligio Moisés Coronado

Este 14 de mayo recordamos al gran Jordán por cumplirse sesenta y dos años de su muerte. El célebre autor de “El otro México” nació en la ciudad de México el 26 de abril de 1920.Se inició en ingeniería, antropología y periodismo, oficio en el cual quedó a radicar. En el periódico Novedades, de la capital mexicana, fueron publicadas sus primicias; para la revista Mañana escribió luego una serie de reportajes sobre una expedición a las islas Revillagigedo.

A poco tiempo de fundarse Impacto inició, a finales de 1950, un recorrido por toda la península bajacaliforniana, donde tuvo origen la colección de 25 artículos que tituló “La tierra incógnita” y que constituyeron el principio de su libro “El otro México”, ahora texto clásico de la bibliografía californiana, editado por primera vez en 1951.

Acerca de esta obra escribí hace algún tiempo un artículo de titulé “Una biografía poética de Baja California”, en el cual afirmé que se trata de un documento, una geografía, una crónica, un libro de viajes que, partiendo de lo que entonces era el territorio de Baja California Norte, recorre “Los bastiones de la patria”, realiza “Una aventura en las islas”, continúa “En busca del otro México”, camina por “La ruta sobre el desierto”, atravesando el paralelo 28…, experimenta “Una aventura en el canal”, incursiona “En el país de los oasis” y concluye en “La tierra del futuro”.

En la introducción, el escritor afirma “sin pudor alguno, que se originó en el desconcierto. En el desconcierto y… en el amor. Ni más ni menos.” Todo lo cual constituye reiteración de algo que será constante en su libro y en todo lo que escriba acerca de la California mexicana.

“De la realidad bajacaliforniana, hasta entonces, había escrito precisamente lo obvio, lo superficial, lo sensacional y lo que creí oportuno. Se me había escapado lo más importante: lo que tenía sentido, lo que llevaba implícito un mensaje y un signo.”

Afortunadamente encuentra el camino y expresa:

“Hubo que volver atrás. Regresar nuevamente a los caminos, al desierto, a los hombres. ¡Más aún! A la historia, a los hechos que fueron… la clave de los hechos que son.”

Y en virtud de este descubrimiento es como se inicia la gestación de la obra:

“en una revisión regresiva…, tratando de aclarar el significado de una intempestiva y sincera respuesta”.

“Si he tenido o no razón –admite el cronista— de llamar a este libro “El otro México”, no es asunto que yo deba dilucidar. Sin embargo, quisiera afirmar que el nombre de esta biografía no me llevó al libro, sino que el libro me confirmó el nombre que lleva. Mi preocupación personal fue la de mantenerme objetivo en el tratamiento histórico y en el dibujo geográfico. No creo haber violado ninguno de los preceptos del historiador, del geógrafo o del biógrafo.”

Efectivamente: en la página 72 de un total de 268 que comprende la obra (en su primera edición, de Biografías Gandesa), termina la historia y se aclara: En los próximos capítulos el lector descansará de fechas y citas, y no encontrará más relatos de héroes ni de gestas. Lo que seguirá después será lo que vi, no lo que aprendí de otros libros; lo que se me quedó metido en el fondo de los sentidos y no lo que llevo en la memoria.”

Es precisamente ahí donde tal vez empieza la historia; la de una parte de México con fisonomía propia, a la cual debe evitarse enmarcar dentro de los acontecimientos generales del suceder nacional, so pena de renunciar a entender hechos y causas en varios sentidos diferentes al contexto indebidamente totalizador de lo que se conoce como historia de México.

Y termina la parte introductoria, confesando:

“Me han dicho que éste es un libro apasionado. ¡Enhorabuena! No importa que sea ése el menor de sus defectos. Si eso es verdad, para mí representa un motivo de orgullo. Sentiría vergüenza de haber escrito acerca de un trozo lejano de mi patria sin calor, sin emoción, sin amor.”

Calor, emoción y amor que se manifiestan en cada renglón de la prosa jordaniana.

Calor cuando recuerda las palabras pronunciadas en el senado norteamericano durante el gobierno de Roosevelt en cuanto a que la California mexicana es solamente un lujo para México, y para los Estados Unidos una necesidad. “Mejor sería –sentencia– que nosotros las tuviéramos en cuenta para el presente y para el futuro.”

Emoción cuando, al describir el mar de California asegura que “se formó con el exclusivo propósito de ser el más original de los golfos de los siete mares.”

Y hay también amor cuando invita: “Detengámonos, pues, en el paralelo 28 y volvamos los ojos atrás. Dejemos la huella estrecha del camino y viajemos un poco desordenadamente, recorriendo a vuelo de pájaro la desolada ternura del desierto.”

Finalmente poeta, escribió “Calafia”, que fue la composición triunfadora en los juegos florales de La Paz en 1955, elaborada veinticuatro horas antes de cerrarse el certamen; recibió por ello flor natural y quinientos pesos en efectivo.

Jordán es, como afirmó el periodista Enrique Peña Moyrón, uno de sus más autorizados biógrafos, “el más insigne literato de la época actual que haya cantado las glorias y las bellezas de la península de Baja California.”

Coincidimos en ello, claro está…