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El silbido de la bestia

  • Reflejo Nocturno

Jessica Patiño

Viajar es llevar tus pasos a los sueños. Las fronteras, espacios que se convierten en tierra de nadie, incertidumbre de muchas vidas, que todos los días las atraviesan con la esperanza de encontrar mejores oportunidades de trabajo. La frontera sur de México, ruta natural para llegar a E.U, se ha convertido en un infierno. Cerca de medio millón de personas al año procedentes de Centroamérica cruzan la frontera en un tren de mercancía de forma ilegal, al que denominan La bestia.

El tren de carga, un medio supuestamente gratuito para los inmigrantes, es un viaje que, si logran superar las expectativas, tardarán de 20 a 25 días en llegar a la frontera norte, pagando poco menos de 15mil pesos a las mafias y cárteles que les van cobrando en el camino; es un trayecto donde se viaja a la intemperie, con riesgo de caer de los vagones con la inclemencia del clima, los puede tumbar una rama de árbol, se pueden caer de sueño, sufren hambre, los pueden secuestrar, asaltar, extorsionar, violar; si mueren en el trayecto son llevados a la fosa común porque viajan sin identificación, las mujeres usan anticonceptivos para por lo menos no embarazarse, al tener la seguridad de que serán violadas en cualquier tramo, por los propios pasajeros del tren, civiles, militares o delincuentes. Existen dos organizaciones mexicanas no gubernamentales cerca de frontera que los apoyan con comida y alojamiento durante el trayecto y a su llegada al país. En el sexenio pasado se hizo una propuesta para otorgarles permisos temporales de tránsito para que no se arriesgaran viajando en el tren, pero fue negada por el ejecutivo. Historias estremecedoras de pobreza, muerte y desolación, que golpean al norte y sur de nuestro país.

… He dejado a La bestia detrás de mí, mis pasos tambaleantes, desgastados por las horas, la incertidumbre me acompaña… soy uno más en la larga brecha que desfila hacia el espejismo de una vida sin dolor, en la cruel circunstancia de ser un paria… he dejado a mis padres, mi juventud y mis días de verano en mi adiós… conozco de hambre y frío, enfermedad y violencia… Si pudiera no llevarlas tatuadas en el color de mi piel… si pudiera…

… No hay tranquilidad en su mente… es una larga jornada de pensamientos agolpados, torturantes… la culpa se hace presa en sus manos, y la niña no muere en la mujer, se hace grande, confusa, el mundo parece darle la peor cara cuando ella quiere ser feliz, dejando huellas en su semblante, los días son templos sagrados que se derrumban, duerme de cansancio de sí misma, pues complacer al mundo es carga pesada, y como cada mañana despierta esperando que sus sueños sean… la violencia que de niña la atemorizaba es su única compañía. Todas las noches delinea con sus labios la espalda del vértigo, y sus manos prodigan caricias entrañables en tierras lejanas….

… Y como cada tarde, dejaba sus lágrimas en la estación, esperando su regreso. En la soledad consumía las noches de sus días, tenía miedo de dormir y despertar en el vacío y aletargado tiempo, el reloj marcaba las 3, y nadie llegó, su mente se perdía para no sentir, un proceso inútil, la realidad delineaba su contorno estremecido por el dolor, algo más grande que su estatura surgía de su cuerpo, esa prolongación de ella misma que evitaba sentir… Una mañana su viejo y triste corazón dejó de latir…