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A modo de crónica

  • El Sudcaliforniano

La montaña sagrada de los Pai Pai

 Leonardo Reyes Silva

El lugar se localiza en la sierra de Las Cacachilas más arriba de los ranchos de Los Divisaderos y Agua de los López, cerca de una cañada cubierta con arbustos y cactus que hacen difícil la ruta hacia esa estructura rocosa. En realidad la Piedra Larga son dos grandes piedras, una encima de la otra, pero que a la distancia semejan una sola y que, por estar situada en lo alto de un promontorio, se puede observar desde lejos.

La leyenda cuenta que cuando los primeros expedicionarios españoles llegaron a la península, llevando consigo la religión católica y sus imágenes sagradas, los indígenas sintieron el rechazo a sus creencias representadas por su dios Guamongo y obligados en cierto modo a aceptar la de los recién llegados.

Fue por eso que buscaron un lugar donde practicar sus ritos ancestrales fuera de la mirada de los conquistadores. Allí, en ese sitio el Guama o hechicero invocaba a su dios tutelar para que los defendiera de esa gente extraña que había invadido sus dominios y pretendían acabar con sus costumbres y creencias.

La referencia viene al caso porque en la región norte de la península, casi en la frontera con los Estados Unidos, existe una sierra conocida como Cuchumá que es parte de la montaña de la Rumorosa, al este de la ciudad de Tecate. Esa sierra como toda la Rumorosa eran lugares sagrados para los antiguos habitantes de esa región, los K´miai, los Pai Pai, los Yumanos y los Cochimíes; era la región donde veneraban a las deidades que regían sus vidas invocadas por los chamanes.

Pero fue Cuchumá el centro ceremonial más importante al que acudían los miembros de las diversas tribus en busca de protección, a la vez que afirmaban su veneración a sus dioses tutelares. En ese lugar se encontraron utensilios y pinturas que confirman la existencia de estos indígenas antes de la colonización española. Ellos, evitando las intromisiones de los hombres blancos seguían conservando sus tradiciones milenarias.

Unas tradiciones que tenían que ver con la mitología de esos grupos aborígenes, razón de ser de sus actitudes ante la vida y el universo. Así, los Pai Pai conservaban sus leyendas como “Las hijas del tecolote” y “La muerte del padre de Miabkiak y los animales”. O las que sustentaban las creencias de los K´miai conocidas como Maija Awi Dios serpiente de agua y La creación.

De esas ceremonias en el cerro de Cuchumá solo queda el recuerdo y de los Pai Pai y los Kumai también. A principios de este siglo solamente quedaban 300 indígenas de la segunda tribu diseminados en las comunidades de San José de la Zorra, San José de Tecate, Juntas de Nejí, La Huerta y San Antonio Necua.

Por cierto, Carlos Lazcano Sahagún en su libro “Pa-Tai, la historia olvidada de Ensenada” describe las formas de vida de los Kumiai incluyendo su vestimenta, su alimentación, su aspecto físico, creencias y ritos y costumbres funerarias. Habla también del ocaso de ese grupo debido a la colonización y al despojo de sus tierras.

Cosas parecidas las de los Pai Pai. Ellos fueron dueños milenarios de la zona montañosa del norte de Baja California. Ahora, con cerca de 400 habitantes, radican en Santa Catarina y otras rancherías aledañas, pero es una etnia que está en peligro de extinción.

Este grupo tenía o tiene dentro de sus tradiciones un mito que se conocía como la Piedra Larga. Según su creencia esa piedra no era como las demás, le tenemos que tener miedo porque es muy peligrosa. ¿Quieres ser bueno para robar? Ve a la piedra larga. ¿Quieres ser un mentiroso? Ve a la piedra larga. ¿Quieres tener mucho dinero? Ve a la piedra larga.

Como se verá, todos los indígenas que poblaban la península bajacaliforniana creían en un universo mágico dador de bienes y maleficios, Y fueron los guamas, los hechiceros y los curanderos los guías espirituales, tal como se hace en las religiones del mundo.

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