/ domingo 12 de mayo de 2019

La Llorona de Santa Rosalía

Una joven que perdió la razón por un amor mal correspondido, se convirtió en un fantasma viviente 

La leyenda de La Llorona es una narración que todos los mexicanos conocemos y de la cual hay vastas versiones.

La más recurrente la ubica en una joven en la época de la colonia, quien sin escrúpulos tiró en un lago (al parecer en el de Chapultepec) a sus hijos pero no mucho después se arrepintió y comenzó a vagar por las calles llorando su pérdida y gritando “¡Ay mis hijos!”

Por norma general de la leyenda la aparición de la espectral mujer es más recurrente cerca de cuerpos de agua, ya sea ríos y lagos. Según testigos, los ladridos de los perros anuncian su llegada, y si la escuchas cerca es que está lejos, pero si la escuchas lejos es que está cerca.

Al respecto, Gilberto Manuel Ortega Avilés, investigador de leyendas y fenómenos paranormales, indicó que existen relatos muy similares en Baja California Sur, sin duda inspirados en esta leyenda.

LA VERSIÓN DE CACHANÍA

Mencionó que una historia real y triste, verificada no sólo en testimonios sino en documentos que avalan la existencia de los personajes, los cuales probablemente aún vivan, así que omitiré nombres y fechas.

“Era la época que aún El Boleo era próspero, una joven pareja de novios no disimulaban su amor, y se les veía felices con un futuro envidiable juntos. Pero la felicidad de unos en muchas ocasiones se vuelve envidia de otras personas; fue el caso de una señorita de dinero acostumbrada a tener todo en la vida que se propuso acabar con esa relación y quedarse con el apuesto novio”, evocó.

Refirió que después de mucho insistir y utilizar artimañas que sólo el dinero permite, logró destruir esa relación y quedarse con el novio. El joven se casó con la chica rica y se fue a vivir con ella.

AMOR Y SOLEDAD

Por otro lado, la joven humilde cayó en una depresión terrible, no salía de casa y con el alcohol de consejero ideó un plan para vengarse.

“Consiguió ropajes blancos y un velo blanco que le cubría el rostro, combinado con su rostro lleno de sincera tristeza, se convirtió en un verdadero fantasma viviente. Cada noche salía por todo el malecón de Santa Rosalía llorando y gritando ‘Ay de mi amor perdido, maldigo a quien me lo quitó’. Este falso espectro comenzó a causar temor, incluso se iba a ‘espantar’, frente a la casa donde vivía su antiguo novio con su nueva esposa”, especificó.

Señaló que los habitantes del pueblo ya no querían salir de noche, en una ocasión unos policías hablaban del suceso, cuando se aparece el espectro, rápidamente los policías apuntaron sus armas contra el ser de ultra tumba, rápidamente la joven mencionó su nombre diciendo que no era un fantasma, los policías entre gritos le decían que no le creían, este escándalo atrajo mucha gente incluyendo a la pareja de esposos de los que pretendía vengarse.

HUMILLACIÓN PÚBLICA

Evidenció que los policías le exigieron que demostrara que no era un fantasma, orillándola a que orinara y defecara, lo cual hizo la joven llorando por el miedo y la pena de que todo el pueblo la estaba viendo.

“Después de las exigencias de los policías y de comprobar que no era un espectro, comenzaron a golpearla y se la llevaron presa. Tiempo después salió de la cárcel, pero nunca volvió a salir de su casa por la vergüenza de aquel suceso y además que la tristeza del amor perdido seguía vigente”, describió.

Finalmente un día llegó a visitarla un familiar desde Mazatlán y le dijo que no tenía nada por que quedarse en ese lugar, ella aceptó y se fue para siempre de Santa Rosalía.

La leyenda de La Llorona es una narración que todos los mexicanos conocemos y de la cual hay vastas versiones.

La más recurrente la ubica en una joven en la época de la colonia, quien sin escrúpulos tiró en un lago (al parecer en el de Chapultepec) a sus hijos pero no mucho después se arrepintió y comenzó a vagar por las calles llorando su pérdida y gritando “¡Ay mis hijos!”

Por norma general de la leyenda la aparición de la espectral mujer es más recurrente cerca de cuerpos de agua, ya sea ríos y lagos. Según testigos, los ladridos de los perros anuncian su llegada, y si la escuchas cerca es que está lejos, pero si la escuchas lejos es que está cerca.

Al respecto, Gilberto Manuel Ortega Avilés, investigador de leyendas y fenómenos paranormales, indicó que existen relatos muy similares en Baja California Sur, sin duda inspirados en esta leyenda.

LA VERSIÓN DE CACHANÍA

Mencionó que una historia real y triste, verificada no sólo en testimonios sino en documentos que avalan la existencia de los personajes, los cuales probablemente aún vivan, así que omitiré nombres y fechas.

“Era la época que aún El Boleo era próspero, una joven pareja de novios no disimulaban su amor, y se les veía felices con un futuro envidiable juntos. Pero la felicidad de unos en muchas ocasiones se vuelve envidia de otras personas; fue el caso de una señorita de dinero acostumbrada a tener todo en la vida que se propuso acabar con esa relación y quedarse con el apuesto novio”, evocó.

Refirió que después de mucho insistir y utilizar artimañas que sólo el dinero permite, logró destruir esa relación y quedarse con el novio. El joven se casó con la chica rica y se fue a vivir con ella.

AMOR Y SOLEDAD

Por otro lado, la joven humilde cayó en una depresión terrible, no salía de casa y con el alcohol de consejero ideó un plan para vengarse.

“Consiguió ropajes blancos y un velo blanco que le cubría el rostro, combinado con su rostro lleno de sincera tristeza, se convirtió en un verdadero fantasma viviente. Cada noche salía por todo el malecón de Santa Rosalía llorando y gritando ‘Ay de mi amor perdido, maldigo a quien me lo quitó’. Este falso espectro comenzó a causar temor, incluso se iba a ‘espantar’, frente a la casa donde vivía su antiguo novio con su nueva esposa”, especificó.

Señaló que los habitantes del pueblo ya no querían salir de noche, en una ocasión unos policías hablaban del suceso, cuando se aparece el espectro, rápidamente los policías apuntaron sus armas contra el ser de ultra tumba, rápidamente la joven mencionó su nombre diciendo que no era un fantasma, los policías entre gritos le decían que no le creían, este escándalo atrajo mucha gente incluyendo a la pareja de esposos de los que pretendía vengarse.

HUMILLACIÓN PÚBLICA

Evidenció que los policías le exigieron que demostrara que no era un fantasma, orillándola a que orinara y defecara, lo cual hizo la joven llorando por el miedo y la pena de que todo el pueblo la estaba viendo.

“Después de las exigencias de los policías y de comprobar que no era un espectro, comenzaron a golpearla y se la llevaron presa. Tiempo después salió de la cárcel, pero nunca volvió a salir de su casa por la vergüenza de aquel suceso y además que la tristeza del amor perdido seguía vigente”, describió.

Finalmente un día llegó a visitarla un familiar desde Mazatlán y le dijo que no tenía nada por que quedarse en ese lugar, ella aceptó y se fue para siempre de Santa Rosalía.

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