/ viernes 24 de mayo de 2019

Temor

Tandariola

En mi última visita a San Diego, California, tomamos la salida equivocada en el freeway, lo que nos condujo a una zona residencial de casas estupendas, con jardines frontales muy bien cuidados y calles bien pavimentadas y señalizadas.

No era un barrio opulento, pero se notaba el buen gusto y la solvencia; sin embargo, lo más destacable fue ver que ninguna casa, por más grande u ostentosa que fuera, tenía rejas ni cerco perimetral.

Ya en Tijuana, sentí la cachetada de realidad que se extiende hasta los confines del país. Vivimos enjaulados para sentirnos suficientemente seguros, pertrechados. Y hay muchas opciones: alambrado electrificado perimetral, protección electrónica supervisada vía remota, videovigilancia en tiempo real, perros imponentes, personal de seguridad privada, etcétera, y claro, hay quienes tienen dos o más de las opciones mencionadas. Me consta.

¿Cuál es la razón de este formidable nicho de mercado? El temor. Las razones pueden ser muchas. ¿Dónde se es vulnerable? Actualmente, en muchos ámbitos, implicando lo material, la integridad física y hasta el perfil digital. De ahí surgieron iniciativas como el botón de pánico que es un elemento recurrente en ciudades y entornos del país. Justo hace unos días el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, hizo entrega de 50 unidades de transporte urbano que se suman a otras 100 ya entregadas. Cuentan con videocámaras, botón de pánico, geolocalizador GPS y están conectados con la central del C4i de la Secretaría de Seguridad Pública en tiempo real (www.elfinanciero.com.mx). Medidas que buscan minimizar el impacto social de la vulnerabilidad.

Pero pareciera que sentirse inseguro es normal. No me dejarán mentir que cuando se adquiere una vivienda nueva una de las primeras inversiones es la instalación de rejas. O qué tal en lo digital, ya que los dispositivos que utilizamos deben tener programas o apps para que no se cuele malware y preservar nuestra información.

Datos nacionales de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2018 indican que 42.7% de los hogares cuentan con alguna medida de protección, siendo el más recurrente en cada una de las entidades el cambiar o colocar cerraduras y/o candados, lo que conlleva a gastos: el promedio por persona es de 2,400 pesos. El aspecto delincuencial es tan abrumador que en muchas regiones del país se toma como medida de seguridad extrema el cambio de vivienda o la migración, de manera planificada o abruptamente, por lo que la encuesta estima que 1.1 millones de personas se desplazaron en el 2017 por este imperante motivo, siendo un poco más de la tercera parte (34%) de la zona centro del país.

Sobre Baja California Sur, la ENVIPE indica que 35.6% de los hogares cuentan con alguna medida de protección, dato que ubica a la entidad por debajo de la media nacional y en abrumador contraste con entidades como Aguascalientes que en el 59% de los hogares tienen alguna medida precautoria, o Puebla con el 55.8%. En cuanto a lo monetario, gastamos en promedio por persona unos 3,553 pesos en medidas de protección.

No es fortuito. Somos una sociedad insegura en general. Datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) al mes de marzo del presente año estima que siete de cada diez personas en nuestro país se perciben inseguras. Por sexo, las mujeres nos percibimos así más que los hombres, siendo ocho de cada diez, mientras que en el sexo opuesto son siete de cada diez (www.inegi.org.mx).

El sentirse seguro también incluye la ropa. No me refiero a pañales para la incontinencia, sino vestimenta blindada (sin ser personajes de la película Kingsman o de la saga de John Wick) de la marca colombiana “Miguel Caballero” que protege de armas de fuego como el revólver de 9 mm, .38, hasta de 357 Magnum, por lo que chalecos, chamarras, ropa interior, camisetas, abrigos, elegantes conjuntos, hasta portafolios, están disponibles en sus 27 tiendas, de las cuales 12 están en México. El costo de una prenda puede costar unos 45 mil pesos (www.forbes.com.mx). Sólo por si acaso.

¡Éytale!

Hasta la década de los años sesenta –y quizá hasta inicio de los setenta- era muy común en época de verano que en nuestras comunidades se durmiera con las ventanas y puertas abiertas, incluso se sacaban los catres de lona o jarcia a los patios, los porches y en muchas localidades, hasta la calle. La brisa nocturna brindaba un plácido sueño. Cuando los delincuentes aprovecharon este acceso nocturno a las viviendas, esta práctica se fue acabando. ¿Candidez? Sólo atino decir que era una sociedad basada en la confianza y el respeto.

Comunicóloga, fotógrafa, diseñadora y sibarita.

@LA_PERALTA. https://ilianaperalta.wixsitecom/tandariola

La Tandariola también se escucha. Martes 18:30 hrs. en La Radio de Sudcalifornia.

Tandariola

En mi última visita a San Diego, California, tomamos la salida equivocada en el freeway, lo que nos condujo a una zona residencial de casas estupendas, con jardines frontales muy bien cuidados y calles bien pavimentadas y señalizadas.

No era un barrio opulento, pero se notaba el buen gusto y la solvencia; sin embargo, lo más destacable fue ver que ninguna casa, por más grande u ostentosa que fuera, tenía rejas ni cerco perimetral.

Ya en Tijuana, sentí la cachetada de realidad que se extiende hasta los confines del país. Vivimos enjaulados para sentirnos suficientemente seguros, pertrechados. Y hay muchas opciones: alambrado electrificado perimetral, protección electrónica supervisada vía remota, videovigilancia en tiempo real, perros imponentes, personal de seguridad privada, etcétera, y claro, hay quienes tienen dos o más de las opciones mencionadas. Me consta.

¿Cuál es la razón de este formidable nicho de mercado? El temor. Las razones pueden ser muchas. ¿Dónde se es vulnerable? Actualmente, en muchos ámbitos, implicando lo material, la integridad física y hasta el perfil digital. De ahí surgieron iniciativas como el botón de pánico que es un elemento recurrente en ciudades y entornos del país. Justo hace unos días el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, hizo entrega de 50 unidades de transporte urbano que se suman a otras 100 ya entregadas. Cuentan con videocámaras, botón de pánico, geolocalizador GPS y están conectados con la central del C4i de la Secretaría de Seguridad Pública en tiempo real (www.elfinanciero.com.mx). Medidas que buscan minimizar el impacto social de la vulnerabilidad.

Pero pareciera que sentirse inseguro es normal. No me dejarán mentir que cuando se adquiere una vivienda nueva una de las primeras inversiones es la instalación de rejas. O qué tal en lo digital, ya que los dispositivos que utilizamos deben tener programas o apps para que no se cuele malware y preservar nuestra información.

Datos nacionales de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2018 indican que 42.7% de los hogares cuentan con alguna medida de protección, siendo el más recurrente en cada una de las entidades el cambiar o colocar cerraduras y/o candados, lo que conlleva a gastos: el promedio por persona es de 2,400 pesos. El aspecto delincuencial es tan abrumador que en muchas regiones del país se toma como medida de seguridad extrema el cambio de vivienda o la migración, de manera planificada o abruptamente, por lo que la encuesta estima que 1.1 millones de personas se desplazaron en el 2017 por este imperante motivo, siendo un poco más de la tercera parte (34%) de la zona centro del país.

Sobre Baja California Sur, la ENVIPE indica que 35.6% de los hogares cuentan con alguna medida de protección, dato que ubica a la entidad por debajo de la media nacional y en abrumador contraste con entidades como Aguascalientes que en el 59% de los hogares tienen alguna medida precautoria, o Puebla con el 55.8%. En cuanto a lo monetario, gastamos en promedio por persona unos 3,553 pesos en medidas de protección.

No es fortuito. Somos una sociedad insegura en general. Datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) al mes de marzo del presente año estima que siete de cada diez personas en nuestro país se perciben inseguras. Por sexo, las mujeres nos percibimos así más que los hombres, siendo ocho de cada diez, mientras que en el sexo opuesto son siete de cada diez (www.inegi.org.mx).

El sentirse seguro también incluye la ropa. No me refiero a pañales para la incontinencia, sino vestimenta blindada (sin ser personajes de la película Kingsman o de la saga de John Wick) de la marca colombiana “Miguel Caballero” que protege de armas de fuego como el revólver de 9 mm, .38, hasta de 357 Magnum, por lo que chalecos, chamarras, ropa interior, camisetas, abrigos, elegantes conjuntos, hasta portafolios, están disponibles en sus 27 tiendas, de las cuales 12 están en México. El costo de una prenda puede costar unos 45 mil pesos (www.forbes.com.mx). Sólo por si acaso.

¡Éytale!

Hasta la década de los años sesenta –y quizá hasta inicio de los setenta- era muy común en época de verano que en nuestras comunidades se durmiera con las ventanas y puertas abiertas, incluso se sacaban los catres de lona o jarcia a los patios, los porches y en muchas localidades, hasta la calle. La brisa nocturna brindaba un plácido sueño. Cuando los delincuentes aprovecharon este acceso nocturno a las viviendas, esta práctica se fue acabando. ¿Candidez? Sólo atino decir que era una sociedad basada en la confianza y el respeto.

Comunicóloga, fotógrafa, diseñadora y sibarita.

@LA_PERALTA. https://ilianaperalta.wixsitecom/tandariola

La Tandariola también se escucha. Martes 18:30 hrs. en La Radio de Sudcalifornia.