/ viernes 22 de mayo de 2020

Servicio urbano

Hay parteaguas en las sociedades. Algunos fueron definidos por situaciones poco agradables y otras que derivan en mejoras permanentes o bien, logros que aportan beneficios individuales y a toda una comunidad. Las personas que emergen de las generaciones más recientes solo conocen una cotidianeidad urbanizada basada en servicios.

Mientras que la población más anciana vivió una etapa de su vida sin iluminación en las calles, con el agua racionada, sin recolección de basura… Hoy nuestra infancia conoce las luminarias de las calles, saben que el agua potable está en su casa, que pasa un camión por la basura.

Definitivamente son grandes logros. La potabilización del recurso hídrico es una alta demanda de las sociedades de nuestro tiempo. Abrir una llave y ver fluir el líquido deriva de una enorme inversión y años de desarrollo de la ingeniería. Al no tenerlo o ser insuficientes, desborda la desaprobación y el reclamo. Nos acostumbramos más rápido a la comodidad que a la necesidad. Pero… “para eso los pago”, expresión común cuando los servicios no cumplen con los parámetros que hemos definido conforme pasan las décadas.

Según los datos disponibles de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) del INEGI que se realiza cada dos años, puede tenerse un acercamiento a la satisfacción de la población por los servicios públicos en las zonas urbanas de las entidades. En una sencilla comparación entre dos levantamientos, el 2017 y el 2019, se observa a nivel nacional que en cuanto al servicio de agua potable, el 53.8% está satisfecho; en el 2019 lo externa el 56%. Un evidente incremento. En Baja California Sur la satisfacción por este servicio es superior a la media nacional: 57.9% en el 2017 y 63.4% en el 2019. Esta es la contraparte de la distribución y cobertura de un servicio elemental. Puede conocerse el trabajo de los organismos operadores, pero es diferente a la visión de la población usuaria. Nuevo León es el estado con más alto porcentaje, 86.5%, mientras que Tabasco es el más bajo, 18.4% en el 2019.

En la recolección de basura, la satisfacción pasó de 65% en el 2017 a 66.4% en el 2019. En nuestra entidad el porcentaje de satisfacción es superior, 82.4% en el 2017, aunque descendió a 79.3% en el 2019, pero sigue estando por encima de la media nacional. Este servicio causa estragos en las ciudades cuyos residuos crecen exponencialmente, lo cual conlleva a esfuerzos cada vez mayores para la logística de recolección y el manejo de más espacios para depositarlos. Nuevamente, Nuevo León es la entidad con el más alto porcentaje en este rubro, 92.2%; y Guerrero el de la más baja satisfacción, 37.4% en el 2019.

En cuanto al alumbrado público, la ENCIG muestra que es uno de los servicios públicos con más baja satisfacción, no solo nacional: en el 2017 fue de 35.9%; en el 2019 ascendió a 38.2%. En este tema la media península está por debajo del dato nacional, 32.5% de satisfacción en el 2017 a 35.9% en el 2019. Las implicaciones en la seguridad de la ciudadanía ocupan inversión en la infraestructura eléctrica, cobertura y mantenimiento. El aumento de la violencia y el feminicidio tienen una implicación directa. En el 2019 la entidad con el porcentaje más alto es Aguascalientes con 60.1%, y Chiapas el menor, 17.6%.

Aunque en términos generales Baja California Sur sobresale en algunos rubros por sus porcentajes, es evidente que nuestra nación tiene avances pero también rezagos.

¡Por fin pasó el camión de la basura! Exclamó la señora de los abarrotes de mi colonia hace un par de días, ya que por la contingencia sanitaria y los desaguisados entre el personal de Servicios Públicos y el ayuntamiento se había suspendido la recolección. Pensé que sólo así reconocemos el valor y oportunidad del servicio.

Eytale!

En la década de los sesenta, mis tíos tenían la responsabilidad de ir a “tirar la basura” por las tardes. En una carretilla de madera que mi abuelo construyó, los desechos domésticos se trasladaban a una cañada cercana. Ellos, como mucha gente, vertían lo acumulado en el día; agarraban el cajón con ruedas, corrían hacia el desfiladero, volteaban el artefacto y volvían. Así todos los días. Las hojas de los árboles se quemaban en el patio, los frascos y latas se reutilizaban y las sobras de la comida -las lavaduras- puntualmente se las llevaba un señor para alimentar a sus puercos. Los camiones recolectores de basura solo se veía en las películas.
Comunicóloga, fotógrafa, diseñadora y sibarita. iliana.peralta@gmail.com. En Twitter @LA_PERALTA La Tandariola también se escucha. Disponible en podcast en Ivoox.

Hay parteaguas en las sociedades. Algunos fueron definidos por situaciones poco agradables y otras que derivan en mejoras permanentes o bien, logros que aportan beneficios individuales y a toda una comunidad. Las personas que emergen de las generaciones más recientes solo conocen una cotidianeidad urbanizada basada en servicios.

Mientras que la población más anciana vivió una etapa de su vida sin iluminación en las calles, con el agua racionada, sin recolección de basura… Hoy nuestra infancia conoce las luminarias de las calles, saben que el agua potable está en su casa, que pasa un camión por la basura.

Definitivamente son grandes logros. La potabilización del recurso hídrico es una alta demanda de las sociedades de nuestro tiempo. Abrir una llave y ver fluir el líquido deriva de una enorme inversión y años de desarrollo de la ingeniería. Al no tenerlo o ser insuficientes, desborda la desaprobación y el reclamo. Nos acostumbramos más rápido a la comodidad que a la necesidad. Pero… “para eso los pago”, expresión común cuando los servicios no cumplen con los parámetros que hemos definido conforme pasan las décadas.

Según los datos disponibles de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) del INEGI que se realiza cada dos años, puede tenerse un acercamiento a la satisfacción de la población por los servicios públicos en las zonas urbanas de las entidades. En una sencilla comparación entre dos levantamientos, el 2017 y el 2019, se observa a nivel nacional que en cuanto al servicio de agua potable, el 53.8% está satisfecho; en el 2019 lo externa el 56%. Un evidente incremento. En Baja California Sur la satisfacción por este servicio es superior a la media nacional: 57.9% en el 2017 y 63.4% en el 2019. Esta es la contraparte de la distribución y cobertura de un servicio elemental. Puede conocerse el trabajo de los organismos operadores, pero es diferente a la visión de la población usuaria. Nuevo León es el estado con más alto porcentaje, 86.5%, mientras que Tabasco es el más bajo, 18.4% en el 2019.

En la recolección de basura, la satisfacción pasó de 65% en el 2017 a 66.4% en el 2019. En nuestra entidad el porcentaje de satisfacción es superior, 82.4% en el 2017, aunque descendió a 79.3% en el 2019, pero sigue estando por encima de la media nacional. Este servicio causa estragos en las ciudades cuyos residuos crecen exponencialmente, lo cual conlleva a esfuerzos cada vez mayores para la logística de recolección y el manejo de más espacios para depositarlos. Nuevamente, Nuevo León es la entidad con el más alto porcentaje en este rubro, 92.2%; y Guerrero el de la más baja satisfacción, 37.4% en el 2019.

En cuanto al alumbrado público, la ENCIG muestra que es uno de los servicios públicos con más baja satisfacción, no solo nacional: en el 2017 fue de 35.9%; en el 2019 ascendió a 38.2%. En este tema la media península está por debajo del dato nacional, 32.5% de satisfacción en el 2017 a 35.9% en el 2019. Las implicaciones en la seguridad de la ciudadanía ocupan inversión en la infraestructura eléctrica, cobertura y mantenimiento. El aumento de la violencia y el feminicidio tienen una implicación directa. En el 2019 la entidad con el porcentaje más alto es Aguascalientes con 60.1%, y Chiapas el menor, 17.6%.

Aunque en términos generales Baja California Sur sobresale en algunos rubros por sus porcentajes, es evidente que nuestra nación tiene avances pero también rezagos.

¡Por fin pasó el camión de la basura! Exclamó la señora de los abarrotes de mi colonia hace un par de días, ya que por la contingencia sanitaria y los desaguisados entre el personal de Servicios Públicos y el ayuntamiento se había suspendido la recolección. Pensé que sólo así reconocemos el valor y oportunidad del servicio.

Eytale!

En la década de los sesenta, mis tíos tenían la responsabilidad de ir a “tirar la basura” por las tardes. En una carretilla de madera que mi abuelo construyó, los desechos domésticos se trasladaban a una cañada cercana. Ellos, como mucha gente, vertían lo acumulado en el día; agarraban el cajón con ruedas, corrían hacia el desfiladero, volteaban el artefacto y volvían. Así todos los días. Las hojas de los árboles se quemaban en el patio, los frascos y latas se reutilizaban y las sobras de la comida -las lavaduras- puntualmente se las llevaba un señor para alimentar a sus puercos. Los camiones recolectores de basura solo se veía en las películas.
Comunicóloga, fotógrafa, diseñadora y sibarita. iliana.peralta@gmail.com. En Twitter @LA_PERALTA La Tandariola también se escucha. Disponible en podcast en Ivoox.