/ martes 8 de septiembre de 2020

Las vacunas

Si a todos nos hubieran explicado con claridad el bien que nos hacían a nuestra salud esas mujeres de blanco que llegaban cuando más entretenidos estábamos en clases, todos hubiéramos colaborado gustosos y ese compañero del salón no cae de boca al tratar de huir por la ventana pues le salió peor el remedio que la enfermedad.

A él se lo llevó el director a la cruz roja o ya ni me acuerdo a donde, pero nosotros quedamos a merced de las recién llegadas, quienes luego de sacar esos instrumentos que traían en su maletín, nos iban pasando uno a uno, como ir al matadero, para inyectarnos con esas jeringotas en el brazo y después se marchaban muy campantes sin importar que algunos se quedaran llorando.

Que les costaba decirnos, cómo nos dijeron tantas otras cosas, que las vacunas son aquellas preparaciones producidas con toxoides, bacterias, virus atenuados, muertos o realizadas por ingeniería genética y otras tecnologías que se administran a las personas para generar inmunidad activa y duradera contra una enfermedad estimulando la producción de defensas.

No hubiéramos entendido ni papa, pero por lo menos no tendríamos ese rencor guardado, injustamente, contra ese personal del sector salud que en los setentas iban de escuela en escuela cumpliendo con tal o cual campaña de vacunación, ya con un sistema mucho más completo y con estrategias epidemiológicas, obviamente, más desarrolladas desde que empezaron a promoverse en este país y que a la postre, en 1978 trajo consigo la respectiva cartilla, reconocida como una gran avance, mediante la cual empezó un registro individual de su aplicación.

Salvo la debida corrección que me hagan los expertos, ahora hay, más menos, diez vacunas que se utilizan en la infancia de forma obligatoria, general y sin costo directo alguno para quien las recibe como la BCG, que previene las formas graves de la Tuberculosis, Hepatitis B, que previene las infecciones con el Virus de la Hepatitis,la Pentavalente, que previene las enfermedades causadas por Poliovirus, Difteria, Tétanos, Pertussis (Tos Ferina) y Haemophilus influenza tipo, la DPT, contra Difteria, Pertusas (Tos Ferina) y Tétanos; la que previene contra infecciones diarreicas causadas por Rotavirus, la Neumológica conjugada, contra el neumococo., la de Influenza estacional, contra el virus de la influenza, la de SRP, contra los virus que causan Sarampión, Rubéola y Parotiditis; la OPV tipo Sabin, la vacuna oral contra la Poliomielitis y VPH, la vacuna contra el virus del Papiloma Humano.

Sin embargo, desde los años cincuenta, al menos, se emprendieron campañas intensivas contra la tuberculosis, tétano, difteria y tosferina y más delante, luego, durante los sesenta y setenta, sería contra la polio y en los 70 se aplicaron contra el sarampión. Claro, esto lo sabemos ahora, gracias a las fuentes consultadas y amigos que tiene uno que son unas chuchas cuereras para ilustrarnos al respecto, pero en aquel tiempo, lo único que pensábamos es que algo traían los adultos contra los niños pues no veía que a los grandes le hicieran lo mismo, ni mediante esas amenazantes agujas y ni siquiera con gotitas como después se pusieron.

Es cierto: fue mi madre la que hizo un intento por tranquilizarme cuando me vio llegar todo pálido a la casa, gracias a la experiencia que habíamos vivido en la escuela esa mañana por culpa del escuadrón albino y sus hieleras llenas de no sé qué tantas cosas y oliendo a puritito alcohol y, mientras me daba algo para que no me pegara calentura, me mostró su hombro para que viera la cicatriz que tenía como consecuencia de las vacunas que le pusieron de niña y que frente a la suya- como la secuela que deja una mordida de perro-, la mía no era nada.

Eso fue mucho más didáctico que cualquiera explicación que pudieron habernos dado antes de que empezáramos con los pucheros en el grupo y entonces entendí que era por nuestro bien, con tal de que no nos tumbara una tormentosa enfermedad o, de plano, nos llevara Pifas.

Aun así, el miedo no se me quitó ni tampoco al resto de los niños que, durante el ciclo anual, manteníamos la angustia, al saber que, de perdida iban a llegar tres veces al año. Por más que hoy se polemice sobre el tema y algunos hasta pugnen por su abolición que porque traen consigo no sé qué tantos efectos secundarios, yo agradezco que se hayan puesto en marcha estas campañas ya que no hubo casos que lamentar y retiro todo lo dicho en esa época, pues lo menos que pensábamos, aparte de que lo mayores traían algo personal contra la comunidad infantil , es que eran seres de otro mundo, o que nos estaban suministrando alguna sustancia para quitarnos lo malcriado o habían sido enviadas por la sociedad de padres de familia para meternos un susto y le metieramos más ganas al estudio.

Era pura ignorancia o era pura inocencia, vayan ustedes a saber pues yo no pienso averiguar. Lo que sí observo es en estos días, al igual que en esos ayeres, es que no han faltado los que llegan a conclusiones similares sobre la intención de las vacunas, cuestionado a quienes hacen lo posible por encontrarla y darle la pelea a este coronavirus que tanto daño ha hecho y que tanto dolor ha dejado en muchas casas.

Sí, tan igual como lo pensábamos hace algunas décadas.

Sí, pero no actualmente, cuando lo que más deseamos es que llegue esa dosis y esa inmunización contra el covid para que, paulatinamente, esta zozobra acabe.

Les juro que en esta ocasión sí la recibiré con gusto, así vengan y me la pongan esas admirables mujeres de blanco con su hielera y sus jeringas con su amenazante olor a ese alcohol.

Y les juro que mi compañerito, el que intentaba huir por la ventana, también.

Si a todos nos hubieran explicado con claridad el bien que nos hacían a nuestra salud esas mujeres de blanco que llegaban cuando más entretenidos estábamos en clases, todos hubiéramos colaborado gustosos y ese compañero del salón no cae de boca al tratar de huir por la ventana pues le salió peor el remedio que la enfermedad.

A él se lo llevó el director a la cruz roja o ya ni me acuerdo a donde, pero nosotros quedamos a merced de las recién llegadas, quienes luego de sacar esos instrumentos que traían en su maletín, nos iban pasando uno a uno, como ir al matadero, para inyectarnos con esas jeringotas en el brazo y después se marchaban muy campantes sin importar que algunos se quedaran llorando.

Que les costaba decirnos, cómo nos dijeron tantas otras cosas, que las vacunas son aquellas preparaciones producidas con toxoides, bacterias, virus atenuados, muertos o realizadas por ingeniería genética y otras tecnologías que se administran a las personas para generar inmunidad activa y duradera contra una enfermedad estimulando la producción de defensas.

No hubiéramos entendido ni papa, pero por lo menos no tendríamos ese rencor guardado, injustamente, contra ese personal del sector salud que en los setentas iban de escuela en escuela cumpliendo con tal o cual campaña de vacunación, ya con un sistema mucho más completo y con estrategias epidemiológicas, obviamente, más desarrolladas desde que empezaron a promoverse en este país y que a la postre, en 1978 trajo consigo la respectiva cartilla, reconocida como una gran avance, mediante la cual empezó un registro individual de su aplicación.

Salvo la debida corrección que me hagan los expertos, ahora hay, más menos, diez vacunas que se utilizan en la infancia de forma obligatoria, general y sin costo directo alguno para quien las recibe como la BCG, que previene las formas graves de la Tuberculosis, Hepatitis B, que previene las infecciones con el Virus de la Hepatitis,la Pentavalente, que previene las enfermedades causadas por Poliovirus, Difteria, Tétanos, Pertussis (Tos Ferina) y Haemophilus influenza tipo, la DPT, contra Difteria, Pertusas (Tos Ferina) y Tétanos; la que previene contra infecciones diarreicas causadas por Rotavirus, la Neumológica conjugada, contra el neumococo., la de Influenza estacional, contra el virus de la influenza, la de SRP, contra los virus que causan Sarampión, Rubéola y Parotiditis; la OPV tipo Sabin, la vacuna oral contra la Poliomielitis y VPH, la vacuna contra el virus del Papiloma Humano.

Sin embargo, desde los años cincuenta, al menos, se emprendieron campañas intensivas contra la tuberculosis, tétano, difteria y tosferina y más delante, luego, durante los sesenta y setenta, sería contra la polio y en los 70 se aplicaron contra el sarampión. Claro, esto lo sabemos ahora, gracias a las fuentes consultadas y amigos que tiene uno que son unas chuchas cuereras para ilustrarnos al respecto, pero en aquel tiempo, lo único que pensábamos es que algo traían los adultos contra los niños pues no veía que a los grandes le hicieran lo mismo, ni mediante esas amenazantes agujas y ni siquiera con gotitas como después se pusieron.

Es cierto: fue mi madre la que hizo un intento por tranquilizarme cuando me vio llegar todo pálido a la casa, gracias a la experiencia que habíamos vivido en la escuela esa mañana por culpa del escuadrón albino y sus hieleras llenas de no sé qué tantas cosas y oliendo a puritito alcohol y, mientras me daba algo para que no me pegara calentura, me mostró su hombro para que viera la cicatriz que tenía como consecuencia de las vacunas que le pusieron de niña y que frente a la suya- como la secuela que deja una mordida de perro-, la mía no era nada.

Eso fue mucho más didáctico que cualquiera explicación que pudieron habernos dado antes de que empezáramos con los pucheros en el grupo y entonces entendí que era por nuestro bien, con tal de que no nos tumbara una tormentosa enfermedad o, de plano, nos llevara Pifas.

Aun así, el miedo no se me quitó ni tampoco al resto de los niños que, durante el ciclo anual, manteníamos la angustia, al saber que, de perdida iban a llegar tres veces al año. Por más que hoy se polemice sobre el tema y algunos hasta pugnen por su abolición que porque traen consigo no sé qué tantos efectos secundarios, yo agradezco que se hayan puesto en marcha estas campañas ya que no hubo casos que lamentar y retiro todo lo dicho en esa época, pues lo menos que pensábamos, aparte de que lo mayores traían algo personal contra la comunidad infantil , es que eran seres de otro mundo, o que nos estaban suministrando alguna sustancia para quitarnos lo malcriado o habían sido enviadas por la sociedad de padres de familia para meternos un susto y le metieramos más ganas al estudio.

Era pura ignorancia o era pura inocencia, vayan ustedes a saber pues yo no pienso averiguar. Lo que sí observo es en estos días, al igual que en esos ayeres, es que no han faltado los que llegan a conclusiones similares sobre la intención de las vacunas, cuestionado a quienes hacen lo posible por encontrarla y darle la pelea a este coronavirus que tanto daño ha hecho y que tanto dolor ha dejado en muchas casas.

Sí, tan igual como lo pensábamos hace algunas décadas.

Sí, pero no actualmente, cuando lo que más deseamos es que llegue esa dosis y esa inmunización contra el covid para que, paulatinamente, esta zozobra acabe.

Les juro que en esta ocasión sí la recibiré con gusto, así vengan y me la pongan esas admirables mujeres de blanco con su hielera y sus jeringas con su amenazante olor a ese alcohol.

Y les juro que mi compañerito, el que intentaba huir por la ventana, también.