/ lunes 9 de agosto de 2021

La resistencia

Soy, como Gramsci, un optimista de la voluntad.

Hay un México que empieza a levantar diques contra la tentativa autoritaria de Morena. No son pocos ni menores.

Son piezas sueltas que hay que conectar. Pero ahí están.

La consulta impuesta por Morena no tenía sentido legal ni político. No fue, necesariamente, un desaire. No votar también es una postura. Hubo 86.5 millones de personas, en números gruesos, que expresaron su desdén a la voluntad presidencial. La ley no se consulta: se aplica. La justicia no se vota: se imparte. Hay bajo la abstención una demanda a atender, ya, lo importante: el desastre en salud, la economía, la violencia.

El INEGI y el CONEVAL publicaron cifras de la devastación social de este gobierno producida no sólo por la pandemia sino por un mal modelo de gobierno. La falta de crecimiento económico ha devastado el empleo y el ingreso: 9 de cada 10 hogares percibe hoy menos que en 2018. Además, la desaparición del Seguro Popular hizo que 15 millones de personas dejaran de tener acceso a servicios de salud.

Resultado: la pobreza explota. Devorando a casi 4 millones de personas.

Ambas instituciones, INEGI y CONEVAL, publican sus estudios a sabiendas que irritan a la imaginación presidencial que sueña bienestar creciente entre los más necesitados.

El poder judicial dio una muestra de gallardía y dignidad. Primero, los magistrados electorales removieron a José Luis Vargas, un peón del gobierno, de la presidencia del Tribunal Electoral. Por su parte, el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, fue obligado a declinar la extensión inconstitucional de su mandato ante el inminente repudio de los otros 10 ministros. Renuncia a destiempo, Zaldívar hace polvo su prestigio: por ambición, por especulación, por docilidad.

Bajo estos hechos, hay un sinnúmero de jueces que luchan por su independencia.

Por último, la UNAM decidió que no volverá a clases presenciales en todo el año. No en plena cúspide de la pandemia. No en medio de un desastre en materia de salud. Lo hace pese a que el presidente dijo que habría regreso a clases llueve, truene, o relampaguee.

Hay signos de una resistencia cada vez mayor, más pública, más valiente.

Es producto de la certeza de que, o lo hacemos, o aceleraremos el paso hacia el desastre.

La única manera de detener esta ruta es dejando a un lado la cobardía y enfrentando a la dictadura de la ocurrencia.

La resistencia es, hoy, una urgencia. A decir no. A levantar la voz. A pronunciarse en contra. A definirse y más: a abandonar la indiferencia.

Lo dijo Cohen: a veces uno sabe de qué lado estar, sólo sabiendo quienes están del otro lado.

A resistir. Y a tomar posturas.

@fvazquezrig

Soy, como Gramsci, un optimista de la voluntad.

Hay un México que empieza a levantar diques contra la tentativa autoritaria de Morena. No son pocos ni menores.

Son piezas sueltas que hay que conectar. Pero ahí están.

La consulta impuesta por Morena no tenía sentido legal ni político. No fue, necesariamente, un desaire. No votar también es una postura. Hubo 86.5 millones de personas, en números gruesos, que expresaron su desdén a la voluntad presidencial. La ley no se consulta: se aplica. La justicia no se vota: se imparte. Hay bajo la abstención una demanda a atender, ya, lo importante: el desastre en salud, la economía, la violencia.

El INEGI y el CONEVAL publicaron cifras de la devastación social de este gobierno producida no sólo por la pandemia sino por un mal modelo de gobierno. La falta de crecimiento económico ha devastado el empleo y el ingreso: 9 de cada 10 hogares percibe hoy menos que en 2018. Además, la desaparición del Seguro Popular hizo que 15 millones de personas dejaran de tener acceso a servicios de salud.

Resultado: la pobreza explota. Devorando a casi 4 millones de personas.

Ambas instituciones, INEGI y CONEVAL, publican sus estudios a sabiendas que irritan a la imaginación presidencial que sueña bienestar creciente entre los más necesitados.

El poder judicial dio una muestra de gallardía y dignidad. Primero, los magistrados electorales removieron a José Luis Vargas, un peón del gobierno, de la presidencia del Tribunal Electoral. Por su parte, el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, fue obligado a declinar la extensión inconstitucional de su mandato ante el inminente repudio de los otros 10 ministros. Renuncia a destiempo, Zaldívar hace polvo su prestigio: por ambición, por especulación, por docilidad.

Bajo estos hechos, hay un sinnúmero de jueces que luchan por su independencia.

Por último, la UNAM decidió que no volverá a clases presenciales en todo el año. No en plena cúspide de la pandemia. No en medio de un desastre en materia de salud. Lo hace pese a que el presidente dijo que habría regreso a clases llueve, truene, o relampaguee.

Hay signos de una resistencia cada vez mayor, más pública, más valiente.

Es producto de la certeza de que, o lo hacemos, o aceleraremos el paso hacia el desastre.

La única manera de detener esta ruta es dejando a un lado la cobardía y enfrentando a la dictadura de la ocurrencia.

La resistencia es, hoy, una urgencia. A decir no. A levantar la voz. A pronunciarse en contra. A definirse y más: a abandonar la indiferencia.

Lo dijo Cohen: a veces uno sabe de qué lado estar, sólo sabiendo quienes están del otro lado.

A resistir. Y a tomar posturas.

@fvazquezrig