/ viernes 16 de agosto de 2019

El gobernador Francisco Palacios Miranda

Un argumento para justificar la actitud de neutralidad del personaje que gobernó a Baja California Sur durante los cruciales tiempos de la invasión norteamericana a la península como parte de la guerra que el presidente James K. Polk declaró a México en 1846, es el de que la administración local carecía de elementos para enfrentar el asedio estadounidense y que ello obligó al jefe político Francisco Palacios Miranda a permitir sin resistencia alguna la presencia extranjera en el sur de la California mexicana.

Don Manuel Clemente Rojo* ofrece al respecto la carta que desde Comondú le envió don Manuel Cuevas, ex jefe superior de Hacienda de la entidad, fechada el 7 de agosto de 1863, donde aparte de algunas consideraciones personales poco halagüeñas sobre el señor Palacios, expresa que:

“Nada hizo que yo sepa en la administración del país [Baja California Sur] ni por la administración de justicia, ni por la minería, instrucción pública, etc. Vivía ganando sus sueldos sin provecho alguno, hasta que se declaró la guerra entre México y los Estados Unidos; entonces apenas supo que se habían visto en el golfo algunos buques de guerra norteamericanos, salió de La Paz huyendo por tierra a matacaballos y se vino a esconder en la misión de San Javier, que reputaba por suya por haberla comprado emborrachando a los indios con esas bagatelas que dejo arriba dichas.”

Fue entonces que llegó Henry S. Burton a La Paz, ocupó la plaza a nombre del gobierno de los Estados Unidos yexpidió una proclama en la que prometiórespeto a las personas y las propiedades, así como protección y garantías de su bandera y de sus armas, con el agregado de que si alguiensufría algún perjuicio a causa de la adhesión que manifestara a los extranjeros, su gobierno le indemnizaría todos los daños.

Con esta certeza, Palacios Miranda“se animó a salir de su escondite” y fue de San Javier a Comondú, y escribió a un amigo suyo de La Paz para que hablase a Burton en su favor.

-Mire usted, señor Cuevas (me dijo cuando supo que no había dificultad para que fuese a La Paz como cualquiera otra persona): ésta es una oportunidad para salir con bien de todos modos. Cuando acabe la guerra, si el gobierno de los Estados Unidos se queda con la Baja California, nunca podrá desconocer que yo como jefe político y comandante militar de ella no le opuse ningún obstáculo para la ocupación del país, y cuando menos debo ser muy considerado entre los norteamericanos; y si se retira del país dejándola siempre en poder de México, me voy con las mismas fuerzas de los Estados Unidos y le demando al gobierno norteamericano 15 o 20 mil pesos por mi misión de San Javier que perderé en razón de haberle sido adicto-.

“No quise que continuara hablándome por más tiempo, ni sé ya lo que le dije entonces, viendo a ese miserable que olvidándose de la clase que guardaba en el ejército, de su calidad de mexicano y del puesto de honor que le había confiado el gobierno de México, se apreciaba de hábil porque iba a cometer dos crímenes en uno, traicionar a la patria y robar al gobierno de los Estados Unidos; así lo corrí de mi casa diciéndole que no lo mataba por no manchar mis manos con la sangre de un bicho tan vil y tan asqueroso como él; se fue más que de prisa y no lo he vuelto a ver más desde entonces hasta la fecha.”

Enseguida llegó a La Paz y se entregó al enemigo, y junto con él Francisco Lebrija, juez de primera instancia, el diputado por el Territorio al Congreso Nacional don José Ruiz y más de 300 personas de los pueblos de Santiago, San José, San Antonio, La Paz, Todos Santos y aun poblaciones más pequeñas(1), quienes al final de la presencia forastera en esta California del Sur debieron irse con los mismos invasores, a los cuales el gobierno de los EUA les pagó todos los daños que sufrieron.Según el señor Cuevas, varios hubo que luego de haber cobrado al gobierno estadounidense cuatro veces más el valor de las propiedades que dejaron, al regresarlas recuperaron sin impedimento, persecuciónni castigo alguno.

“Así comenzó y acabó la administración de ese coronel don Francisco Palacios Miranda –terminó diciendo el informante-. Después de su traición, unos cuantos vecinos de este lugar y de Mulegé y unos cien indios yaquis que vinieron de Guaymas, hicieron cierta especie de resistencia a la ocupación de las fuerzas de los Estados Unidos en San José y La Paz, y don Mauricio Castro, vocal de la Asamblea Territorial, se encargó, por ministerio de la ley, de la jefatura política del Territorio, y de la comandancia militar el capitán don Manuel Pineda, seguido de don José Matías Moreno y de otros que mandaban algunas partiditas de gente mal armada y peor organizada.”(2)

(1) Una lista detallada de estas personas (claimants) se encuentra enTheMexicanWar in Baja California, editado por DoyceNunis, Jr., Dawson´s Book Shop, Los Ángeles, 1977.

(2)Una relación documentadade estos acontecimientos, en Heroico Mulegé, edición de Eligio Moisés Coronado, AHPLM, 1980.

* En Apuntes históricos de la Baja California, de próxima reedición por el gobierno de BCS a través del departamento Editorial del Instituto Sudcaliforniano de Cultura.

Un argumento para justificar la actitud de neutralidad del personaje que gobernó a Baja California Sur durante los cruciales tiempos de la invasión norteamericana a la península como parte de la guerra que el presidente James K. Polk declaró a México en 1846, es el de que la administración local carecía de elementos para enfrentar el asedio estadounidense y que ello obligó al jefe político Francisco Palacios Miranda a permitir sin resistencia alguna la presencia extranjera en el sur de la California mexicana.

Don Manuel Clemente Rojo* ofrece al respecto la carta que desde Comondú le envió don Manuel Cuevas, ex jefe superior de Hacienda de la entidad, fechada el 7 de agosto de 1863, donde aparte de algunas consideraciones personales poco halagüeñas sobre el señor Palacios, expresa que:

“Nada hizo que yo sepa en la administración del país [Baja California Sur] ni por la administración de justicia, ni por la minería, instrucción pública, etc. Vivía ganando sus sueldos sin provecho alguno, hasta que se declaró la guerra entre México y los Estados Unidos; entonces apenas supo que se habían visto en el golfo algunos buques de guerra norteamericanos, salió de La Paz huyendo por tierra a matacaballos y se vino a esconder en la misión de San Javier, que reputaba por suya por haberla comprado emborrachando a los indios con esas bagatelas que dejo arriba dichas.”

Fue entonces que llegó Henry S. Burton a La Paz, ocupó la plaza a nombre del gobierno de los Estados Unidos yexpidió una proclama en la que prometiórespeto a las personas y las propiedades, así como protección y garantías de su bandera y de sus armas, con el agregado de que si alguiensufría algún perjuicio a causa de la adhesión que manifestara a los extranjeros, su gobierno le indemnizaría todos los daños.

Con esta certeza, Palacios Miranda“se animó a salir de su escondite” y fue de San Javier a Comondú, y escribió a un amigo suyo de La Paz para que hablase a Burton en su favor.

-Mire usted, señor Cuevas (me dijo cuando supo que no había dificultad para que fuese a La Paz como cualquiera otra persona): ésta es una oportunidad para salir con bien de todos modos. Cuando acabe la guerra, si el gobierno de los Estados Unidos se queda con la Baja California, nunca podrá desconocer que yo como jefe político y comandante militar de ella no le opuse ningún obstáculo para la ocupación del país, y cuando menos debo ser muy considerado entre los norteamericanos; y si se retira del país dejándola siempre en poder de México, me voy con las mismas fuerzas de los Estados Unidos y le demando al gobierno norteamericano 15 o 20 mil pesos por mi misión de San Javier que perderé en razón de haberle sido adicto-.

“No quise que continuara hablándome por más tiempo, ni sé ya lo que le dije entonces, viendo a ese miserable que olvidándose de la clase que guardaba en el ejército, de su calidad de mexicano y del puesto de honor que le había confiado el gobierno de México, se apreciaba de hábil porque iba a cometer dos crímenes en uno, traicionar a la patria y robar al gobierno de los Estados Unidos; así lo corrí de mi casa diciéndole que no lo mataba por no manchar mis manos con la sangre de un bicho tan vil y tan asqueroso como él; se fue más que de prisa y no lo he vuelto a ver más desde entonces hasta la fecha.”

Enseguida llegó a La Paz y se entregó al enemigo, y junto con él Francisco Lebrija, juez de primera instancia, el diputado por el Territorio al Congreso Nacional don José Ruiz y más de 300 personas de los pueblos de Santiago, San José, San Antonio, La Paz, Todos Santos y aun poblaciones más pequeñas(1), quienes al final de la presencia forastera en esta California del Sur debieron irse con los mismos invasores, a los cuales el gobierno de los EUA les pagó todos los daños que sufrieron.Según el señor Cuevas, varios hubo que luego de haber cobrado al gobierno estadounidense cuatro veces más el valor de las propiedades que dejaron, al regresarlas recuperaron sin impedimento, persecuciónni castigo alguno.

“Así comenzó y acabó la administración de ese coronel don Francisco Palacios Miranda –terminó diciendo el informante-. Después de su traición, unos cuantos vecinos de este lugar y de Mulegé y unos cien indios yaquis que vinieron de Guaymas, hicieron cierta especie de resistencia a la ocupación de las fuerzas de los Estados Unidos en San José y La Paz, y don Mauricio Castro, vocal de la Asamblea Territorial, se encargó, por ministerio de la ley, de la jefatura política del Territorio, y de la comandancia militar el capitán don Manuel Pineda, seguido de don José Matías Moreno y de otros que mandaban algunas partiditas de gente mal armada y peor organizada.”(2)

(1) Una lista detallada de estas personas (claimants) se encuentra enTheMexicanWar in Baja California, editado por DoyceNunis, Jr., Dawson´s Book Shop, Los Ángeles, 1977.

(2)Una relación documentadade estos acontecimientos, en Heroico Mulegé, edición de Eligio Moisés Coronado, AHPLM, 1980.

* En Apuntes históricos de la Baja California, de próxima reedición por el gobierno de BCS a través del departamento Editorial del Instituto Sudcaliforniano de Cultura.

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