/ viernes 31 de mayo de 2019

El Colapso de la Salud

El país está enfermo. Su sistema de salud está por entrar a terapia intensiva. Se trataría, en su caso, de una crisis humanitaria y moral que afectaría a la sociedad en su conjunto, pero particularmente a las y los mexicanos más necesitados.

Las imágenes son desoladoras: mujeres embarazadas sin estudios, niños sin vacunas, enfermos sin consultas, pacientes sin medicinas, beneficiarios con el Seguro Popular cancelado, médicos sin prestaciones.

La situación actual que padece el Sector Salud es una consecuencia del actuar de un gobierno cargado de ideología, de prisas y de prejuicios. Había problemas, muchos graves. Ahora, lo que funcionaba dejó de hacerlo y los problemas se agravan y multiplican.

De continuar la ruta, el sistema va a colapsar.

¿En qué estado encontró la 4T el Sistema de Salud?

Del año 2000 al 2018 el presupuesto de la Secretaría de Salud creció 210%, el gasto en salud creció de 4.9% del PIB en 2000 hasta un techo de 6.2% para bajar en 2015 a 5.9%. El gasto por habitante también creció de manera importante: de 322 dólares en 2000 a 677 en 2014. También en 2015 comenzó a bajar.

La canalización de mayores recursos trajo tres impactos tremendamente importantes: el número de mexicanas y mexicanos con atención creció de 40 millones en el año 2000 a más de 100 millones en 2105. Casi el 85% de la población tiene ahora atención. Antes no lo tenía ni la mitad.

El segundo impacto fue la expansión de recursos humanos en la atención: se duplicó el número de camas por cada cien mil habitantes, se triplicó el de médicos y el de enfermeras se multiplicó por 7.

Por último, los resultados de este crecimiento hicieron que hoy México tenga una mortandad de maternidad e infantil inferior al promedio latinoamericano, Cuba incluida. La vacunación general eliminó la poliomielitis, la difteria y el tétano neonatal. El tabaquismo se redujo a la mitad. Los 50 millones de mexicanas y mexicanos que entraron al sistema, contaban hasta diciembre con servicios de alta especialidad.

Los datos internacionales no sustentan la imagen de un perverso conjunto de instituciones ajenas al bienestar de la población.

¿Había deficiencias? Por supuesto. No pocas ni menores.

En los estados permeó de manera escandalosa la corrupción. El gasto en México en salud sigue siendo bajo: casi 1.2% del PIB menos que el promedio de América Latina y más de 2 con respecto a la OCDE. Además, se gasta mal: la estructura administrativa consume 8.9% del presupuesto, contra algo más de 3% en la OCDE. La infraestructura hospitalaria es insuficiente y las medicinas no alcanzan: sólo 6 de cada 10 pacientes salen con su receta surtida del sistema.

A estos problemas, la 4T ha dado malas respuestas, no soluciones.

Combatir la corrupción estatal perdonando el saqueo del pasado no es la mejor señal para evitarla. Además, se canceló el Seguro Popular, con los que 50 millones ya no tendrán derecho a atenderse cáncer, SIDA, enfermedades neonatales, enfermedades crónico-degenerativas: un drama.

Un drama, pero también una injusticia: el Seguro Popular amparaba (casi) a la totalidad de las familias con menores ingresos del país.

La insuficiencia presupuestal se atendió con menos presupuesto: se redujo 3.2% con respecto al 2018. Viene un segundo recorte este mes: 30% de gastos operativos y 50% de servicios personales. Los médicos de confianza de Nutrición y Pediatría han perdido sus derechos a guarderías, lactancia, vales de despensa. Un recorte adicional a gastos operativos, en el papel, no suena mal. En la realidad implica disminuir consultas, espaciar cirugías, recortar estudios, frenar análisis a través de terceros.

Por casi 3 meses, Cofepris impidió importar insumos para que las empresas nacionales produjeran medicamentos. Se congelaron las licitaciones por los vetos del presidente. Para compensarlo se abrió la importación de medicamentos, algunos de baja calidad, especialmente de India y China.

¿Era necesario reformar el sistema de salud?

Por supuesto. Lo más importante: se debe poner en el centro del sistema a las y los mexicanos.

Esto implica crear un sistema para promover la salud: alimentación, deporte, hábitos, vacunación, detección y diagnósticos tempranos. Requerimos una cultura de la prevención pero también de la atención primaria: en comunidades y en hogares.

Se requiere una fórmula financiera para invertir más, no menos. Se requieren controles sobre las adquisiciones (sólo el IMSS ejerce mil millones de pesos diarios) especialmente en los estados. Se requiere ampliar la infraestructura, en donde parece imperativo involucrar al sector privado. Se debe revisar el gasto, para recortar la burocracia e incentivar la mejora en los niveles de atención, que demandará la reconfiguración del modelo de atención.

El colapso que atestiguamos es responsabilidad de las malas decisiones de este gobierno. Cancelar el Seguro Popular, atacar a Cofepris, cancelar los estudios como el tamiz, recortar el gasto a rajatabla: todo es similar a tratar un desgarre amputando la pierna.

Jugar con la salud de la gente, parafraseando a Fouché, no es sólo un delito: es una inmoralidad.

@fvazquezrig

El país está enfermo. Su sistema de salud está por entrar a terapia intensiva. Se trataría, en su caso, de una crisis humanitaria y moral que afectaría a la sociedad en su conjunto, pero particularmente a las y los mexicanos más necesitados.

Las imágenes son desoladoras: mujeres embarazadas sin estudios, niños sin vacunas, enfermos sin consultas, pacientes sin medicinas, beneficiarios con el Seguro Popular cancelado, médicos sin prestaciones.

La situación actual que padece el Sector Salud es una consecuencia del actuar de un gobierno cargado de ideología, de prisas y de prejuicios. Había problemas, muchos graves. Ahora, lo que funcionaba dejó de hacerlo y los problemas se agravan y multiplican.

De continuar la ruta, el sistema va a colapsar.

¿En qué estado encontró la 4T el Sistema de Salud?

Del año 2000 al 2018 el presupuesto de la Secretaría de Salud creció 210%, el gasto en salud creció de 4.9% del PIB en 2000 hasta un techo de 6.2% para bajar en 2015 a 5.9%. El gasto por habitante también creció de manera importante: de 322 dólares en 2000 a 677 en 2014. También en 2015 comenzó a bajar.

La canalización de mayores recursos trajo tres impactos tremendamente importantes: el número de mexicanas y mexicanos con atención creció de 40 millones en el año 2000 a más de 100 millones en 2105. Casi el 85% de la población tiene ahora atención. Antes no lo tenía ni la mitad.

El segundo impacto fue la expansión de recursos humanos en la atención: se duplicó el número de camas por cada cien mil habitantes, se triplicó el de médicos y el de enfermeras se multiplicó por 7.

Por último, los resultados de este crecimiento hicieron que hoy México tenga una mortandad de maternidad e infantil inferior al promedio latinoamericano, Cuba incluida. La vacunación general eliminó la poliomielitis, la difteria y el tétano neonatal. El tabaquismo se redujo a la mitad. Los 50 millones de mexicanas y mexicanos que entraron al sistema, contaban hasta diciembre con servicios de alta especialidad.

Los datos internacionales no sustentan la imagen de un perverso conjunto de instituciones ajenas al bienestar de la población.

¿Había deficiencias? Por supuesto. No pocas ni menores.

En los estados permeó de manera escandalosa la corrupción. El gasto en México en salud sigue siendo bajo: casi 1.2% del PIB menos que el promedio de América Latina y más de 2 con respecto a la OCDE. Además, se gasta mal: la estructura administrativa consume 8.9% del presupuesto, contra algo más de 3% en la OCDE. La infraestructura hospitalaria es insuficiente y las medicinas no alcanzan: sólo 6 de cada 10 pacientes salen con su receta surtida del sistema.

A estos problemas, la 4T ha dado malas respuestas, no soluciones.

Combatir la corrupción estatal perdonando el saqueo del pasado no es la mejor señal para evitarla. Además, se canceló el Seguro Popular, con los que 50 millones ya no tendrán derecho a atenderse cáncer, SIDA, enfermedades neonatales, enfermedades crónico-degenerativas: un drama.

Un drama, pero también una injusticia: el Seguro Popular amparaba (casi) a la totalidad de las familias con menores ingresos del país.

La insuficiencia presupuestal se atendió con menos presupuesto: se redujo 3.2% con respecto al 2018. Viene un segundo recorte este mes: 30% de gastos operativos y 50% de servicios personales. Los médicos de confianza de Nutrición y Pediatría han perdido sus derechos a guarderías, lactancia, vales de despensa. Un recorte adicional a gastos operativos, en el papel, no suena mal. En la realidad implica disminuir consultas, espaciar cirugías, recortar estudios, frenar análisis a través de terceros.

Por casi 3 meses, Cofepris impidió importar insumos para que las empresas nacionales produjeran medicamentos. Se congelaron las licitaciones por los vetos del presidente. Para compensarlo se abrió la importación de medicamentos, algunos de baja calidad, especialmente de India y China.

¿Era necesario reformar el sistema de salud?

Por supuesto. Lo más importante: se debe poner en el centro del sistema a las y los mexicanos.

Esto implica crear un sistema para promover la salud: alimentación, deporte, hábitos, vacunación, detección y diagnósticos tempranos. Requerimos una cultura de la prevención pero también de la atención primaria: en comunidades y en hogares.

Se requiere una fórmula financiera para invertir más, no menos. Se requieren controles sobre las adquisiciones (sólo el IMSS ejerce mil millones de pesos diarios) especialmente en los estados. Se requiere ampliar la infraestructura, en donde parece imperativo involucrar al sector privado. Se debe revisar el gasto, para recortar la burocracia e incentivar la mejora en los niveles de atención, que demandará la reconfiguración del modelo de atención.

El colapso que atestiguamos es responsabilidad de las malas decisiones de este gobierno. Cancelar el Seguro Popular, atacar a Cofepris, cancelar los estudios como el tamiz, recortar el gasto a rajatabla: todo es similar a tratar un desgarre amputando la pierna.

Jugar con la salud de la gente, parafraseando a Fouché, no es sólo un delito: es una inmoralidad.

@fvazquezrig

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