/ lunes 11 de febrero de 2019

El Amor Que Somos

No dejamos que el amor nos sorprenda de tanta expectativa que hemos acordado en nuestra mente. El amor ahora se puede clasificar, encasillar y ver estéticamente. Lo podemos comprar, adquirir y desechar. El amor en ese nivel egoico no es el verdadero amor que somos, este condiciona su felicidad por su visión separadora, busca gozo en lo externo sin explorar en lo profundo. La humanidad en general ha hecho un trabajo impecable aceptando lo que es el amor que, cuando el amor que somos como identidad esencial se quiere asomar no le reconocemos y mucho menos lo vemos en otros más allá de los 15 kilos o de los propios prejuicios porque tampoco lo hemos cultivado.

Y continúamos en relaciones que sólo nos llevan al mismo lugar, conflicto tras conflicto, sin negociaciones concisas que perduren. Nos vemos perdonando por lástima disfrazada de compasión, y pensamos que así debería ser porque al parecer todos funcionan de la misma manera.

Todos queremos retornar al estado de unidad que deriva del amor hondo que somos, queremos fundirnos al amor no condicionado sin darnos cuenta de que ya lo somos. Como el amor ahora parece encontrarse substancialmente en el exterior y suele ser tan complicado como la mayoría de las cosas en la época actual, nos aferramos a buscarlo en personas que percibamos con esa imagen prefabricada de éste, sin darnos cuenta de que el amor esencial no tiene forma alguna. Nos vamos con la finta de que al distinguir algo similar a eso lo habremos encontrado, cuando realmente no hay nada que buscar… sino cultivar.

Lee: Amor Digital Vs. Amor de Antes

Para sanarnos tenemos que descubrir qué somos ese amor, lo haremos explorando en el yo profundo. Es viendo hacia el interior que posibilitamos la toma de conciencia curativa. Es desde esa auto-indagación que empezamos a darnos cuenta de que lo que pensábamos que eran muchas cosas pueden tener otro significado, que nuestra situación puede verse desde otra perspectiva y desde un lugar de compasión, que para aliviar el dolor del ego que habita en todos nosotros es imposible hacerlo desde cualquier otro arquetipo de amor.

Todo alumbramiento conlleva dolor, en este caso de las relaciones interpersonales se detona cuando se sale de una relación indiferentemente, cuando se descubren infidelidades y secretos, cuando a la a persona a la que tanto se le ha esperado prefiera a alguien diferente y así nos podríamos ir, identificándonos con la visión miope que interpreta todo como dolor, cuando realmente serán estas situaciones las que realmente nos lleven al siguiente nivel de crecimiento hacia la maduración.

¿Y si nos quedamos solos?

Nos aterroriza quedarnos solos más que quedarnos con la persona equivocada simplemente por el hecho de encubrir la soledad y cumplir con la sociedad. Preferimos tapar las heridas una por una, ya que el concepto egoico del amor no profundiza, no sana desde la raíz, tan solo va pintando externamente para mantener a flote una imagen perfecta. Olvidamos que el principal personaje somos nosotros mismos, y que es nuestra propia tarea agrandar el amor esencial del cual vinimos, pero dudamos que es nuestro ser interno el único que puede hacernos ver eso y fijamos nuestra mirada en lo material, en lo no esencial.

Lee también: Aprendiendo a ser feliz

Son entonces situaciones claves las que nos lleven a momentos en los que se nos presente la hora de dar ese gran salto en nuestro crecimiento y evolución. Son las crisis y los nudos los que permiten que un nuevo ciclo comience, y lo haremos bien si lo hacemos de la mano de nuestro ser interior, aquel testigo firme y consciente que nos va señalando las cuestiones a indagar y que nos va mostrando nuestros propios recursos internos. Ese es el verdadero amor, el amor esencial, el que nos lleva a una transformación a través del proceso natural de curación que ya hay en nosotros.

Sanando desde el interior recobraremos la energía de unidad. Es en ese camino progresivo del amor que vamos accediendo a niveles de mayor conciencia y vamos dejando atrás el amor que “tenemos” por el amor que “somos”, ese que florece con el descubrimiento y experiencia de la identidad profunda. Este febrero sugiero que, en vez de buscar el amor en cosas externas y personas ajenas, nos abramos a trabajar en el amor propio desde un ciclo de reflexión, atención y crecimiento, solamente así se nos abrirá paso a la experiencia de éste. Vamos dejando atrás estereotipos y casos perdidos, es hora de renacer, aunque duela hacerlo. Si empezamos hoy a expandir esa conciencia del amor pronto lograremos identificar a personas que así lo hacen, nos toparemos con seres que vibren en la misma frecuencia y en vez de estarlo buscando nos encontrará, pero no será sin antes trabajarlo desde el interior.

Este 14 de febrero regálate el poder sanador de la auto-indagación, compresión, compasión y el amor.

No dejamos que el amor nos sorprenda de tanta expectativa que hemos acordado en nuestra mente. El amor ahora se puede clasificar, encasillar y ver estéticamente. Lo podemos comprar, adquirir y desechar. El amor en ese nivel egoico no es el verdadero amor que somos, este condiciona su felicidad por su visión separadora, busca gozo en lo externo sin explorar en lo profundo. La humanidad en general ha hecho un trabajo impecable aceptando lo que es el amor que, cuando el amor que somos como identidad esencial se quiere asomar no le reconocemos y mucho menos lo vemos en otros más allá de los 15 kilos o de los propios prejuicios porque tampoco lo hemos cultivado.

Y continúamos en relaciones que sólo nos llevan al mismo lugar, conflicto tras conflicto, sin negociaciones concisas que perduren. Nos vemos perdonando por lástima disfrazada de compasión, y pensamos que así debería ser porque al parecer todos funcionan de la misma manera.

Todos queremos retornar al estado de unidad que deriva del amor hondo que somos, queremos fundirnos al amor no condicionado sin darnos cuenta de que ya lo somos. Como el amor ahora parece encontrarse substancialmente en el exterior y suele ser tan complicado como la mayoría de las cosas en la época actual, nos aferramos a buscarlo en personas que percibamos con esa imagen prefabricada de éste, sin darnos cuenta de que el amor esencial no tiene forma alguna. Nos vamos con la finta de que al distinguir algo similar a eso lo habremos encontrado, cuando realmente no hay nada que buscar… sino cultivar.

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Para sanarnos tenemos que descubrir qué somos ese amor, lo haremos explorando en el yo profundo. Es viendo hacia el interior que posibilitamos la toma de conciencia curativa. Es desde esa auto-indagación que empezamos a darnos cuenta de que lo que pensábamos que eran muchas cosas pueden tener otro significado, que nuestra situación puede verse desde otra perspectiva y desde un lugar de compasión, que para aliviar el dolor del ego que habita en todos nosotros es imposible hacerlo desde cualquier otro arquetipo de amor.

Todo alumbramiento conlleva dolor, en este caso de las relaciones interpersonales se detona cuando se sale de una relación indiferentemente, cuando se descubren infidelidades y secretos, cuando a la a persona a la que tanto se le ha esperado prefiera a alguien diferente y así nos podríamos ir, identificándonos con la visión miope que interpreta todo como dolor, cuando realmente serán estas situaciones las que realmente nos lleven al siguiente nivel de crecimiento hacia la maduración.

¿Y si nos quedamos solos?

Nos aterroriza quedarnos solos más que quedarnos con la persona equivocada simplemente por el hecho de encubrir la soledad y cumplir con la sociedad. Preferimos tapar las heridas una por una, ya que el concepto egoico del amor no profundiza, no sana desde la raíz, tan solo va pintando externamente para mantener a flote una imagen perfecta. Olvidamos que el principal personaje somos nosotros mismos, y que es nuestra propia tarea agrandar el amor esencial del cual vinimos, pero dudamos que es nuestro ser interno el único que puede hacernos ver eso y fijamos nuestra mirada en lo material, en lo no esencial.

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Son entonces situaciones claves las que nos lleven a momentos en los que se nos presente la hora de dar ese gran salto en nuestro crecimiento y evolución. Son las crisis y los nudos los que permiten que un nuevo ciclo comience, y lo haremos bien si lo hacemos de la mano de nuestro ser interior, aquel testigo firme y consciente que nos va señalando las cuestiones a indagar y que nos va mostrando nuestros propios recursos internos. Ese es el verdadero amor, el amor esencial, el que nos lleva a una transformación a través del proceso natural de curación que ya hay en nosotros.

Sanando desde el interior recobraremos la energía de unidad. Es en ese camino progresivo del amor que vamos accediendo a niveles de mayor conciencia y vamos dejando atrás el amor que “tenemos” por el amor que “somos”, ese que florece con el descubrimiento y experiencia de la identidad profunda. Este febrero sugiero que, en vez de buscar el amor en cosas externas y personas ajenas, nos abramos a trabajar en el amor propio desde un ciclo de reflexión, atención y crecimiento, solamente así se nos abrirá paso a la experiencia de éste. Vamos dejando atrás estereotipos y casos perdidos, es hora de renacer, aunque duela hacerlo. Si empezamos hoy a expandir esa conciencia del amor pronto lograremos identificar a personas que así lo hacen, nos toparemos con seres que vibren en la misma frecuencia y en vez de estarlo buscando nos encontrará, pero no será sin antes trabajarlo desde el interior.

Este 14 de febrero regálate el poder sanador de la auto-indagación, compresión, compasión y el amor.

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