/ lunes 3 de junio de 2024

Contexto | Ariel Noriega, Rubén Rivera y Enoc Leaño

Hace un mes, en este mismo espacio, abordaba lo relacionado con los 20 años que han transcurrido desde aquel 3 de mayo de 2004, cuando el reconocido músico mexicano Arturo Márquez Navarro dirigió a la entonces Orquesta Juvenil del Estado, quienes ejecutaron con singular maestría el Danzón # 2, la composición insignia del compositor originario de Álamos, Sonora, que llenó el Teatro de la Ciudad de La Paz, en el marco de un aniversario más de la fundación de la capital de Baja California Sur.

En aquel abarrotado recinto también se dio la premiación a dos reconocidos escritores sudcalifornianos que ganaron los premios estatales de Cuento y Poesía “Ciudad de La Paz”, certámenes a los que desde el año 2000 empezó a convocar el Instituto Sudcaliforniano de Cultura y cuyos premios se entregaban precisamente el 3 de mayo de cada año, con premio en efectivo, reconocimiento escrito y publicación de la obra.

No recuerdo el número de trabajos participantes en la Edición 2004 del Premio de Cuento y Poesía Ciudad de La Paz, pero todo lo que se presentó a concurso, plicas de identificación de los participantes, se resguardó al momento de cerrar la convocatoria en la Notaría # 11 a cargo de Jorge Leoncio Álvarez Gámez.

Sería el 27 o 28 de abril cuando un servidor en mi carácter de titular del Instituto Sudcaliforniano de Cultura y la maestra Leticia Bustamante, como responsable de Publicaciones y Literatura, nos apersonamos a la Notaría # 11 con los seudónimos de los ganadores en mano, luego de que Conaculta nos los había hecho llegar, tras de que reconocidos escritores pertenecientes al Sistema Nacional de Creadores de Arte habían fungido como jueces del certamen.

La primera plica en ser abierta fue la que identificaba a Rubén Rivera, un buen amigo y mejor escritor quien ganaba en la categoría de Poesía, y la segunda fue la correspondiente a Cuento que fue para Ariel Noriega, y nuestra sorpresa fue mayúscula, puesto que el tobeño residía en Mazatlán, Sinaloa, y la convocatoria establecía que había que costearle el traslado y estancia para entregarle el premio; algo que ni por asomo teníamos contemplado y que tuvimos que operar en unas cuantas horas para que finalmente Ariel estuviera en La Paz y recogiera su premio.

Rubén Manuel Rivera Calderón, originario de La Paz, gana el Ciudad de La Paz 2004 con su trabajo de poesía Marina, viaje por un cuerpo en ocho cantos.

Ariel Noriega, con raíces en La Toba gana este certamen con un libro de cuentos denominado Un pueblo sin circos que relata como La Toba, Ciudad Insurgentes, en nuestro norteño municipio de Comondú, fue vetada por la Asociación Mundial de Circos porque un grupo de chamacos quemaron el Circo Hermanos Martínez, con orígenes en Guasave, Sinaloa, mismo que se encontraba afiliado a todas las organizaciones mundiales de circos, y que había llegado a hacer temporada en aquella población.

Nunca nadie se imaginó que el incendio del circo fuera la causa para que La Toba fuera condenada de por vida a nunca más recibir un circo en sus tierras, así una palomilla, una pandilla de lepes, condenaron a La Toba a carecer de esta diversión, por los siglos de los siglos, cual fatua que recibió Salman Rushdie en 1989 de parte de los ayatolas.

Quienes saben de política internacional conocen sobre el veto que las poderosos organizaciones como la World Circus Association (WCA), la Interplanetary Circus Organization (ICO) y la International Circus Asociation (ICA) mantienen sobre La Toba, y los esfuerzos diplomáticos de los sucesivos gobiernos de la República por levantarlo, y la incapacidad manifiesta de estos esfuerzos a lo largo del tiempo.

En verdad es un extraordinario cuento que puede tener varios finales, como la dura lucha diplomática para eliminar el veto que se ha presentado, o bien la narración de cómo el oso, el gorila y el tigre de Bengala tuvieron que ser trasladados de urgencia a una clínica veterinaria a la ciudad capital para una mejor atención, que por ciento nunca se supo qué sucedió con estos tres animales.

Es genial, es una lectura obligada, y que en lo personal he leído y releído, y reconozco a Ariel Noriega que le haya dado vida a este cuento que en lo personal, reitero, al acordarme de cada una de sus líneas gana la risa. Gracias Ariel.

Hoy a 20 años de distancia, otro tobeño vinculado con el arte, Enoc Leaño, se encuentra en gestión para que el libro que se editó hace 20 años tenga una reedición para ser presentado en el II Festival Internacional de Cine de La Toba, como parte de las actividades culturales paralelas a esta gran convivencia del arte y la cultura que hace meses fue un rotundo éxito allá por el kilómetro 240 al norte del estado.

Seguramente tendremos una nueva edición de Un pueblo sin circos, gracias al empuje de Enoc y Ariel, dos tobeños que tienen en esa comunidad sus raíces y que jamás han dejado de pertenecer a ella, y por ellos, como bujías de los festivales de Cine de la Toba estarán presentes durante muchos años, y vendrán a sustituir la ausencia de circos, y ahora La Toba será un Pueblo con Festival Internacional de Cine, la llegada de circos a La Toba seguramente seguirá esperando.

El camino diplomático continuará recorriéndose y la WCA, la ICO y la ICA seguirán sosteniendo el veto por más labor de cabildeo que se haga por parte del Gobierno Nacional y local en las metrópolis en donde tienen su sede estos organismos multilaterales del espectáculo circense.

Gracias a Enoc, a Ariel y a Rubén por sus aportes a la cultura de nuestro pueblo sudcaliforniano hoy tan dejado y alejado de la mano divina. A final de cuentas, 20 años sí son algo. Gracias.

Hace un mes, en este mismo espacio, abordaba lo relacionado con los 20 años que han transcurrido desde aquel 3 de mayo de 2004, cuando el reconocido músico mexicano Arturo Márquez Navarro dirigió a la entonces Orquesta Juvenil del Estado, quienes ejecutaron con singular maestría el Danzón # 2, la composición insignia del compositor originario de Álamos, Sonora, que llenó el Teatro de la Ciudad de La Paz, en el marco de un aniversario más de la fundación de la capital de Baja California Sur.

En aquel abarrotado recinto también se dio la premiación a dos reconocidos escritores sudcalifornianos que ganaron los premios estatales de Cuento y Poesía “Ciudad de La Paz”, certámenes a los que desde el año 2000 empezó a convocar el Instituto Sudcaliforniano de Cultura y cuyos premios se entregaban precisamente el 3 de mayo de cada año, con premio en efectivo, reconocimiento escrito y publicación de la obra.

No recuerdo el número de trabajos participantes en la Edición 2004 del Premio de Cuento y Poesía Ciudad de La Paz, pero todo lo que se presentó a concurso, plicas de identificación de los participantes, se resguardó al momento de cerrar la convocatoria en la Notaría # 11 a cargo de Jorge Leoncio Álvarez Gámez.

Sería el 27 o 28 de abril cuando un servidor en mi carácter de titular del Instituto Sudcaliforniano de Cultura y la maestra Leticia Bustamante, como responsable de Publicaciones y Literatura, nos apersonamos a la Notaría # 11 con los seudónimos de los ganadores en mano, luego de que Conaculta nos los había hecho llegar, tras de que reconocidos escritores pertenecientes al Sistema Nacional de Creadores de Arte habían fungido como jueces del certamen.

La primera plica en ser abierta fue la que identificaba a Rubén Rivera, un buen amigo y mejor escritor quien ganaba en la categoría de Poesía, y la segunda fue la correspondiente a Cuento que fue para Ariel Noriega, y nuestra sorpresa fue mayúscula, puesto que el tobeño residía en Mazatlán, Sinaloa, y la convocatoria establecía que había que costearle el traslado y estancia para entregarle el premio; algo que ni por asomo teníamos contemplado y que tuvimos que operar en unas cuantas horas para que finalmente Ariel estuviera en La Paz y recogiera su premio.

Rubén Manuel Rivera Calderón, originario de La Paz, gana el Ciudad de La Paz 2004 con su trabajo de poesía Marina, viaje por un cuerpo en ocho cantos.

Ariel Noriega, con raíces en La Toba gana este certamen con un libro de cuentos denominado Un pueblo sin circos que relata como La Toba, Ciudad Insurgentes, en nuestro norteño municipio de Comondú, fue vetada por la Asociación Mundial de Circos porque un grupo de chamacos quemaron el Circo Hermanos Martínez, con orígenes en Guasave, Sinaloa, mismo que se encontraba afiliado a todas las organizaciones mundiales de circos, y que había llegado a hacer temporada en aquella población.

Nunca nadie se imaginó que el incendio del circo fuera la causa para que La Toba fuera condenada de por vida a nunca más recibir un circo en sus tierras, así una palomilla, una pandilla de lepes, condenaron a La Toba a carecer de esta diversión, por los siglos de los siglos, cual fatua que recibió Salman Rushdie en 1989 de parte de los ayatolas.

Quienes saben de política internacional conocen sobre el veto que las poderosos organizaciones como la World Circus Association (WCA), la Interplanetary Circus Organization (ICO) y la International Circus Asociation (ICA) mantienen sobre La Toba, y los esfuerzos diplomáticos de los sucesivos gobiernos de la República por levantarlo, y la incapacidad manifiesta de estos esfuerzos a lo largo del tiempo.

En verdad es un extraordinario cuento que puede tener varios finales, como la dura lucha diplomática para eliminar el veto que se ha presentado, o bien la narración de cómo el oso, el gorila y el tigre de Bengala tuvieron que ser trasladados de urgencia a una clínica veterinaria a la ciudad capital para una mejor atención, que por ciento nunca se supo qué sucedió con estos tres animales.

Es genial, es una lectura obligada, y que en lo personal he leído y releído, y reconozco a Ariel Noriega que le haya dado vida a este cuento que en lo personal, reitero, al acordarme de cada una de sus líneas gana la risa. Gracias Ariel.

Hoy a 20 años de distancia, otro tobeño vinculado con el arte, Enoc Leaño, se encuentra en gestión para que el libro que se editó hace 20 años tenga una reedición para ser presentado en el II Festival Internacional de Cine de La Toba, como parte de las actividades culturales paralelas a esta gran convivencia del arte y la cultura que hace meses fue un rotundo éxito allá por el kilómetro 240 al norte del estado.

Seguramente tendremos una nueva edición de Un pueblo sin circos, gracias al empuje de Enoc y Ariel, dos tobeños que tienen en esa comunidad sus raíces y que jamás han dejado de pertenecer a ella, y por ellos, como bujías de los festivales de Cine de la Toba estarán presentes durante muchos años, y vendrán a sustituir la ausencia de circos, y ahora La Toba será un Pueblo con Festival Internacional de Cine, la llegada de circos a La Toba seguramente seguirá esperando.

El camino diplomático continuará recorriéndose y la WCA, la ICO y la ICA seguirán sosteniendo el veto por más labor de cabildeo que se haga por parte del Gobierno Nacional y local en las metrópolis en donde tienen su sede estos organismos multilaterales del espectáculo circense.

Gracias a Enoc, a Ariel y a Rubén por sus aportes a la cultura de nuestro pueblo sudcaliforniano hoy tan dejado y alejado de la mano divina. A final de cuentas, 20 años sí son algo. Gracias.