/ lunes 30 de octubre de 2017

Conociendo un poco de Colombia

Dicen por ahí que cada que puedas vayas a un lugar nuevo, que cada vez te vayas más lejos y que si algo te da miedo es porque vas por el camino correcto.

En esta ocasión tuve la oportunidad de conocer un destino que siempre me había llamado la atención, por sus colores, su gente y ubicación. No les voy a negar que también había un poco de morbo por todo el asunto del narcotráfico, las novelas y series que han sacado sobre ese tema pero más que nada, son las ganar de seguir viajando, conociendo y teniendo nuevas experiencias que contar.

En realidad no tenía miedo de viajar a Colombia, de hecho me sorprendió el hecho de ver a tanto policía por las calles, en las plazas principales y las carreteras. Mi única preocupación era el tema del equipaje, que fueran a meter algo pero eso es mucha película en mi cabeza. – Pero no va a pasar nada, si hace un año ya estuve viajando 1 mes y cacho por Europa… le contaba a mi mamá, - No puedes comparar Europa con un país tercermundista y en parte tenían razón, no lo decía en mala onda, era su parte de mamá protectora la que habló.

Entonces yo planee todo para no documentar maleta, llevaría una pequeña de cabina. Puse mis cremas para el pelo, cuerpo, el shampoo, acondicionador, lleve mi perfume, pasta de dientes, todo pequeño en contenedores de 100 ml, así no pasaría nada malo. Y PUM, que me pasé del peso para llevar la maleta arriba y todo eso fue en vano porque tuve que documentar. Entonces, dije pues ya va con candado y reforzado, espero no pase nada malo.

Y no pasó, mi único momento amargo del viaje fue al momento de recoger, ya de regreso, las maletas en la CDMX ya que nos dimos cuenta que venían rotas, bueno solamente la mía, el cierre venía roto… es obvio que la habían abierto y esculcado. En parte me sirvió para despertar porque venía medio dormida y devastada por la vida, no sabía si abrirla o qué hacer. Lo primero que pensé es que mi peor pesadilla se había vuelto realidad pero llamé a un encargado de la aerolínea y me tranquilizó, me dijo que era muy común que en El Dorado (Aeropuerto de Colombia) aduana y los federales las checaran, y al quererlo hacer con prisas, rompían los cierres y las dejaban en muy mal estado. Me recomendó abrirla para checar que no me faltara nada y lo hice, mi coraje fue al abrirla porque mi maleta estaba completamente revuelta, unos recuerditos que traía me los habían roto pero lo bueno es que al parecer todo estaba. También recuerdo haber checado si estaba la plancha del cabello porque es de mi hermana y capaz, la tendría que comprar de nuevo, pero para mí buena fortuna si estaba. Levanté un reporte con la aerolínea pero me dijeron que en estos casos, no cree que tuviera un buen resultado ya que no habían sido ellos sino El Dorado los que habían hecho esto. Solamente acomodé poquito, pasé unas cosas a mi mochila que llevaba arriba para no cerrarla a presión porque todavía nos faltaba un último vuelo que tomar.

Entonces, volviendo al tema del viaje. Estaríamos 9 días por allá, visitando Bogotá que es la capital de Colombia, luego Pereira, un municipio colombiano, capital del departamento de Risaralda. Es la ciudad más poblada de la región del Eje Cafetero, de ahí nos moveríamos a Salento, un pueblo que pertenece a Quindío, donde exploraríamos las fincas y conoceríamos el proceso del café. Después, pasaríamos por Cartagena que es costa y rumba para tener unos días de playita y disfrute y volveríamos a Bogotá para volar de vuelta a la CDMX y finalizar el viaje en nuestros respectivos destinos, unas a Los Cabos, otra amiga a Guadalajara y otra a Monterrey.

Peeeero, no contábamos con que justo en las fechas que nosotros volábamos, una de las aerolíneas colombianas entraría en paro, cancelarían muchos vuelos, moverían los itinerarios y nos tuvimos que ajustar a unas modificaciones. De Bogotá a Pereira no hubo alteración, de hecho les quiero platicar que es el vuelo más corto que he tenido en mi vida, solo duro 25 minutos. La aerolínea tenía pantallitas, muy amplio, te daban audífonos por si no traías. En las dos ocasiones que volamos por Avianca, no nos dieron snacks porque nos tocó en medio del avión y los vuelos eran extremadamente cortos que no alcanzaban a llegar.

El plan inicial era volar directo de Pereira a Cartagena pero en lugar de eso, tuvimos que volver a Bogotá y volar de ahí a Cartagena. Eso sí que fue una lata, aparte nos separaron, dos amigas volaron antes y nuestro vuelo se retrasó 2 horas más.

Quiero platicarles que entre más tengo la oportunidad de viajar, más me enorgullece ser mexicana. Si vieran la cantidad de sonrisas o alegrías que salían de las personas cuando México era la respuesta al ¿De dónde eres?, enserio se quedarían muy impresionados.

De verdad que no pudimos esconder de dónde somos, en todos los lugares que visitamos nos cacharon que éramos mexicanas por el simple hecho de que todo el viaje nos la pasamos sorprendidas y se nos salía el ¡Que padre!, a todo le queríamos tomar foto y en cada comida que pedimos siempre preguntábamos por el limón.

Déjenme contarles que la gente en Bogotá es súper amable y muy propia, amé la manera en que siempre quieren ayudarte por ejemplo: en lugar de decir "te ayudo" acá dicen "le colaboro" o en lugar de decir mande cuando les preguntas algo dicen "dime". El “OK” o “está bien” de nosotros, aquí es “vale”, un letrero de “Se renta” acá lo encontrarás como "se arrienda", el “que padre” es chévere y a algo muy muy padre se le dice "muy chusco". Hay muchas cosas que se asemejan mucho a México pero sin duda, mis dos top favoritos son "droguería" que quiere decir farmacia y “PARE” que es lo mismo que nuestro "Alto / Stop" de la calles.

Como lo comenté con anterioridad, me impresioné con tanta policía que vi en las calles, mucha seguridad. De igual manera, Bogotá es muy similar a México, siempre me sentí segura caminando por sus calles, se me figuró mucho a Guadalajara, la mayoría de las calles tiene camellones con plantas, hay mucho verde alrededor. El clima, como decía un taxista que nos llevó, es como una mujer ya que cambia de parecer muy rápido. En media hora puede que ya haya llovido, salió el sol, se nubló, ya tronó el cielo y nos comentan que así es siempre. La verdad tuvimos mucha suerte porque Octubre es la época más húmeda del año y la lluvia no fue un impedimento para nuestras actividades.

La gente es muy relajada y una de sus palabras más comunes es “Tranquila”, por ejemplo fuimos a un mercado y estábamos pasando de puesto en puesto comparando precios de unas bolsas y le decíamos que ahorita volvíamos y las señoras -Tranquila señora. Acá para todo también dicen señora o señor y no lo debes de tomar a mal, ya que es una manera de expresar su respeto. Inclusive vimos unas niñas en el parque hablándose de señoras entre ellas, fue muy chistoso.

La comida es muy similar, he de confesar que me gustan más las arepas que hacían unas amigas de Venezuela que las que probé en Colombia. La harina es muy amarilla y son muy grasosas, a mi parecer. Este viaje lo hice con unas amigas en parte para conocer otro destino, también como auto regalo de cumpleaños pero más que nada por acompañar a una muy buena amiga que se casa en Febrero y quería hacer este viaje antes de empezar su etapa de casada. Si nunca han viajado con amig@s o en grupo, se los recomiendo, no es sencillo, es cuestión de ceder y tener mucha paciencia pero la verdad es que es muy bonito, hubo momentos súper divertidos y la verdad, este viaje se queda en guardado en mi corazón.

En Bogotá no se pueden perder el Museo de Botero, el Museo del oro, la Plaza Bolívar donde está la Catedral, El chorro de Quevedo, una calle llena de arte, murales y grafiti donde encontrarán los escenarios perfectos para tomar fotos ubicado en el centro de la ciudad, mejor conocido como La Candelaria.

El cerro de Monserrate, la catedral de Sal en Zipaquirá y las rutas cafeteras en Salento y muchísimas cosas más pero ya en otro post les contaré más de todas nuestras aventuras.

Con amor,

Carls.

Facebook- Sentidos Inexpertos

Twitter- carla_cabo

escalante.carls@gmail.com

Dicen por ahí que cada que puedas vayas a un lugar nuevo, que cada vez te vayas más lejos y que si algo te da miedo es porque vas por el camino correcto.

En esta ocasión tuve la oportunidad de conocer un destino que siempre me había llamado la atención, por sus colores, su gente y ubicación. No les voy a negar que también había un poco de morbo por todo el asunto del narcotráfico, las novelas y series que han sacado sobre ese tema pero más que nada, son las ganar de seguir viajando, conociendo y teniendo nuevas experiencias que contar.

En realidad no tenía miedo de viajar a Colombia, de hecho me sorprendió el hecho de ver a tanto policía por las calles, en las plazas principales y las carreteras. Mi única preocupación era el tema del equipaje, que fueran a meter algo pero eso es mucha película en mi cabeza. – Pero no va a pasar nada, si hace un año ya estuve viajando 1 mes y cacho por Europa… le contaba a mi mamá, - No puedes comparar Europa con un país tercermundista y en parte tenían razón, no lo decía en mala onda, era su parte de mamá protectora la que habló.

Entonces yo planee todo para no documentar maleta, llevaría una pequeña de cabina. Puse mis cremas para el pelo, cuerpo, el shampoo, acondicionador, lleve mi perfume, pasta de dientes, todo pequeño en contenedores de 100 ml, así no pasaría nada malo. Y PUM, que me pasé del peso para llevar la maleta arriba y todo eso fue en vano porque tuve que documentar. Entonces, dije pues ya va con candado y reforzado, espero no pase nada malo.

Y no pasó, mi único momento amargo del viaje fue al momento de recoger, ya de regreso, las maletas en la CDMX ya que nos dimos cuenta que venían rotas, bueno solamente la mía, el cierre venía roto… es obvio que la habían abierto y esculcado. En parte me sirvió para despertar porque venía medio dormida y devastada por la vida, no sabía si abrirla o qué hacer. Lo primero que pensé es que mi peor pesadilla se había vuelto realidad pero llamé a un encargado de la aerolínea y me tranquilizó, me dijo que era muy común que en El Dorado (Aeropuerto de Colombia) aduana y los federales las checaran, y al quererlo hacer con prisas, rompían los cierres y las dejaban en muy mal estado. Me recomendó abrirla para checar que no me faltara nada y lo hice, mi coraje fue al abrirla porque mi maleta estaba completamente revuelta, unos recuerditos que traía me los habían roto pero lo bueno es que al parecer todo estaba. También recuerdo haber checado si estaba la plancha del cabello porque es de mi hermana y capaz, la tendría que comprar de nuevo, pero para mí buena fortuna si estaba. Levanté un reporte con la aerolínea pero me dijeron que en estos casos, no cree que tuviera un buen resultado ya que no habían sido ellos sino El Dorado los que habían hecho esto. Solamente acomodé poquito, pasé unas cosas a mi mochila que llevaba arriba para no cerrarla a presión porque todavía nos faltaba un último vuelo que tomar.

Entonces, volviendo al tema del viaje. Estaríamos 9 días por allá, visitando Bogotá que es la capital de Colombia, luego Pereira, un municipio colombiano, capital del departamento de Risaralda. Es la ciudad más poblada de la región del Eje Cafetero, de ahí nos moveríamos a Salento, un pueblo que pertenece a Quindío, donde exploraríamos las fincas y conoceríamos el proceso del café. Después, pasaríamos por Cartagena que es costa y rumba para tener unos días de playita y disfrute y volveríamos a Bogotá para volar de vuelta a la CDMX y finalizar el viaje en nuestros respectivos destinos, unas a Los Cabos, otra amiga a Guadalajara y otra a Monterrey.

Peeeero, no contábamos con que justo en las fechas que nosotros volábamos, una de las aerolíneas colombianas entraría en paro, cancelarían muchos vuelos, moverían los itinerarios y nos tuvimos que ajustar a unas modificaciones. De Bogotá a Pereira no hubo alteración, de hecho les quiero platicar que es el vuelo más corto que he tenido en mi vida, solo duro 25 minutos. La aerolínea tenía pantallitas, muy amplio, te daban audífonos por si no traías. En las dos ocasiones que volamos por Avianca, no nos dieron snacks porque nos tocó en medio del avión y los vuelos eran extremadamente cortos que no alcanzaban a llegar.

El plan inicial era volar directo de Pereira a Cartagena pero en lugar de eso, tuvimos que volver a Bogotá y volar de ahí a Cartagena. Eso sí que fue una lata, aparte nos separaron, dos amigas volaron antes y nuestro vuelo se retrasó 2 horas más.

Quiero platicarles que entre más tengo la oportunidad de viajar, más me enorgullece ser mexicana. Si vieran la cantidad de sonrisas o alegrías que salían de las personas cuando México era la respuesta al ¿De dónde eres?, enserio se quedarían muy impresionados.

De verdad que no pudimos esconder de dónde somos, en todos los lugares que visitamos nos cacharon que éramos mexicanas por el simple hecho de que todo el viaje nos la pasamos sorprendidas y se nos salía el ¡Que padre!, a todo le queríamos tomar foto y en cada comida que pedimos siempre preguntábamos por el limón.

Déjenme contarles que la gente en Bogotá es súper amable y muy propia, amé la manera en que siempre quieren ayudarte por ejemplo: en lugar de decir "te ayudo" acá dicen "le colaboro" o en lugar de decir mande cuando les preguntas algo dicen "dime". El “OK” o “está bien” de nosotros, aquí es “vale”, un letrero de “Se renta” acá lo encontrarás como "se arrienda", el “que padre” es chévere y a algo muy muy padre se le dice "muy chusco". Hay muchas cosas que se asemejan mucho a México pero sin duda, mis dos top favoritos son "droguería" que quiere decir farmacia y “PARE” que es lo mismo que nuestro "Alto / Stop" de la calles.

Como lo comenté con anterioridad, me impresioné con tanta policía que vi en las calles, mucha seguridad. De igual manera, Bogotá es muy similar a México, siempre me sentí segura caminando por sus calles, se me figuró mucho a Guadalajara, la mayoría de las calles tiene camellones con plantas, hay mucho verde alrededor. El clima, como decía un taxista que nos llevó, es como una mujer ya que cambia de parecer muy rápido. En media hora puede que ya haya llovido, salió el sol, se nubló, ya tronó el cielo y nos comentan que así es siempre. La verdad tuvimos mucha suerte porque Octubre es la época más húmeda del año y la lluvia no fue un impedimento para nuestras actividades.

La gente es muy relajada y una de sus palabras más comunes es “Tranquila”, por ejemplo fuimos a un mercado y estábamos pasando de puesto en puesto comparando precios de unas bolsas y le decíamos que ahorita volvíamos y las señoras -Tranquila señora. Acá para todo también dicen señora o señor y no lo debes de tomar a mal, ya que es una manera de expresar su respeto. Inclusive vimos unas niñas en el parque hablándose de señoras entre ellas, fue muy chistoso.

La comida es muy similar, he de confesar que me gustan más las arepas que hacían unas amigas de Venezuela que las que probé en Colombia. La harina es muy amarilla y son muy grasosas, a mi parecer. Este viaje lo hice con unas amigas en parte para conocer otro destino, también como auto regalo de cumpleaños pero más que nada por acompañar a una muy buena amiga que se casa en Febrero y quería hacer este viaje antes de empezar su etapa de casada. Si nunca han viajado con amig@s o en grupo, se los recomiendo, no es sencillo, es cuestión de ceder y tener mucha paciencia pero la verdad es que es muy bonito, hubo momentos súper divertidos y la verdad, este viaje se queda en guardado en mi corazón.

En Bogotá no se pueden perder el Museo de Botero, el Museo del oro, la Plaza Bolívar donde está la Catedral, El chorro de Quevedo, una calle llena de arte, murales y grafiti donde encontrarán los escenarios perfectos para tomar fotos ubicado en el centro de la ciudad, mejor conocido como La Candelaria.

El cerro de Monserrate, la catedral de Sal en Zipaquirá y las rutas cafeteras en Salento y muchísimas cosas más pero ya en otro post les contaré más de todas nuestras aventuras.

Con amor,

Carls.

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