/ domingo 6 de septiembre de 2020

Cincuenta años es un buen principio

Este 10 de septiembre de 2020, en plena estación que los antiguos cochimíes llamaban Mejibó, nació la academia de ballet y jazz que la educadora normalista Rosa María Mendoza Salgado* se propuso fundar en la capital de California Sur con las sólidas bases de su experiencia pedagógica y los estudios que previamente realizó en las artes dancísticas.

Nos lo cuenta ella misma en una amena conversación en que resultó ocioso hacer preguntas pues la información fluyó siempre espontánea (e incontenible) de la memoria y en la voz de la maestra Rosita:

“Inicié estudios profesionales de danza folclórica y clásica en la Escuela Regional de Danza Mexicana del INBA, en la ciudad de México, mediante aprendizaje de bailes de salón, danzas internacionales, danza y ballet clásicos en academias particulares con maestros de prestigio. Todo ello con la idea fija de convertirme, al regresar a mi tierra, en maestra de danza y crear mi propia escuela.”

Agregó que en 1970 colaboraba en el Colegio La Paz, de administración católica en la capital sudcaliforniana, en el montaje de danzas folclóricas, y las religiosas la convencieron de impartir clases de ballet a niñas de la propia institución, sabedoras de su proyecto de abrir una academia.

Así inició clases en el mismo colegio con la enseñanza formal de ballet clásico en la que llamó Academia de Ballet “Mejibó” el 10 de septiembre de ese año.

Añadió que luego de agradecer cumplidamente la hospitalidad de las monjas “continué las clases en un espacio con que contaba en casa”, donde hasta la presente fecha sigue prestando sus valiosos servicios medio siglo después.

Cuenta la educadora que empezó con el sistema de Royal Academy of Dance que desde 1945 había instituido en México la maestra Ana Castillo, quien acudió al llamado de su ex alumna para aplicarlo en la academia paceña. Así que en junio de 1972 ya pudo presentar con gran formalidad y gusto el festival de clausura en el auditorio de la Casa de la Juventud.

En la prosecución de sus recuerdos, relató que durante treinta años “acudí a las más reconocidas escuelas profesionales de danza en México, acompañada de mis alumnas, con el fin de participar en cursos de alto nivel… Contando siempre con el apoyo de los padres de familia y medios de comunicación, constantemente brindábamos recitales en foros de la ciudad, parques públicos, colonias de la periferia, asilos, orfanatorios y otras poblaciones como Todos Santos, San José del Cabo y Cabo San Lucas…”

Actuaban “también en funciones de beneficencia y actos relevantes de la ciudad, actividades culturales del carnaval paceño…” Añadió que “parte primordial de nuestra academia es promover y difundir tradiciones mexicanas mediante pastorelas, cuentos, leyendas y montajes de coreografías basadas en poemas de autores sudcalifornianos.”

Al cabo de treinta años puso la dirección de ese centro cultural en la responsabilidad de su hija Eva Luz Uribe “respaldada por su amplia preparación dentro de la danza y la docencia en todas sus vertientes, bajo la guía y supervisión de maestros reconocidos, nacionales y de otras partes del mundo, actualizada, con la renovada visión, estricta disciplina y gran energía que continúan siendo bienes inalterables de la institución.”

A la información anterior debe sumarse el hecho de que las alumnas asisten a clases diarias pero asimismo a cursos intensivos fuera de la ciudad, y así han obtenido buena cantidad de reconocimientos en confrontaciones de danza de diversos lugares del país.

Añadió con evidente emoción que “muchas generaciones de talentosas bailarinas han egresado en el transcurso de estos años; bailarinas que ahora son profesionales dieron sus primeros pasos sobre la duela de nuestros salones de cristal; se han formado entusiastas maestras que hoy comparten con nuestras alumnas sus conocimientos; y tantas niñas que en la actualidad son destacadas profesionales y madres de familia obtuvieron aquí cursos de superación personal como complemento de su formación.”

Nos despedimos y quedó la maestra en su oficina donde en la actualidad administra (tutela) la existencia de una escuela que es ya parte constitutiva del patrimonio paceño en particular, y de esta California en términos más amplios.

Parabienes, pues, por su medio siglo a la Academia de Ballet y Jazz “Mejibó”, valor airapiano orgullo de la California del Sur.

* Ex presidente del patronato que restauró el teatro “Juárez” de La Paz, y autora de Huellas ancestrales (2001), Crónicas de mi puerto (2015) y Comercio y turismo en el municipio de La Paz (2017).

Este 10 de septiembre de 2020, en plena estación que los antiguos cochimíes llamaban Mejibó, nació la academia de ballet y jazz que la educadora normalista Rosa María Mendoza Salgado* se propuso fundar en la capital de California Sur con las sólidas bases de su experiencia pedagógica y los estudios que previamente realizó en las artes dancísticas.

Nos lo cuenta ella misma en una amena conversación en que resultó ocioso hacer preguntas pues la información fluyó siempre espontánea (e incontenible) de la memoria y en la voz de la maestra Rosita:

“Inicié estudios profesionales de danza folclórica y clásica en la Escuela Regional de Danza Mexicana del INBA, en la ciudad de México, mediante aprendizaje de bailes de salón, danzas internacionales, danza y ballet clásicos en academias particulares con maestros de prestigio. Todo ello con la idea fija de convertirme, al regresar a mi tierra, en maestra de danza y crear mi propia escuela.”

Agregó que en 1970 colaboraba en el Colegio La Paz, de administración católica en la capital sudcaliforniana, en el montaje de danzas folclóricas, y las religiosas la convencieron de impartir clases de ballet a niñas de la propia institución, sabedoras de su proyecto de abrir una academia.

Así inició clases en el mismo colegio con la enseñanza formal de ballet clásico en la que llamó Academia de Ballet “Mejibó” el 10 de septiembre de ese año.

Añadió que luego de agradecer cumplidamente la hospitalidad de las monjas “continué las clases en un espacio con que contaba en casa”, donde hasta la presente fecha sigue prestando sus valiosos servicios medio siglo después.

Cuenta la educadora que empezó con el sistema de Royal Academy of Dance que desde 1945 había instituido en México la maestra Ana Castillo, quien acudió al llamado de su ex alumna para aplicarlo en la academia paceña. Así que en junio de 1972 ya pudo presentar con gran formalidad y gusto el festival de clausura en el auditorio de la Casa de la Juventud.

En la prosecución de sus recuerdos, relató que durante treinta años “acudí a las más reconocidas escuelas profesionales de danza en México, acompañada de mis alumnas, con el fin de participar en cursos de alto nivel… Contando siempre con el apoyo de los padres de familia y medios de comunicación, constantemente brindábamos recitales en foros de la ciudad, parques públicos, colonias de la periferia, asilos, orfanatorios y otras poblaciones como Todos Santos, San José del Cabo y Cabo San Lucas…”

Actuaban “también en funciones de beneficencia y actos relevantes de la ciudad, actividades culturales del carnaval paceño…” Añadió que “parte primordial de nuestra academia es promover y difundir tradiciones mexicanas mediante pastorelas, cuentos, leyendas y montajes de coreografías basadas en poemas de autores sudcalifornianos.”

Al cabo de treinta años puso la dirección de ese centro cultural en la responsabilidad de su hija Eva Luz Uribe “respaldada por su amplia preparación dentro de la danza y la docencia en todas sus vertientes, bajo la guía y supervisión de maestros reconocidos, nacionales y de otras partes del mundo, actualizada, con la renovada visión, estricta disciplina y gran energía que continúan siendo bienes inalterables de la institución.”

A la información anterior debe sumarse el hecho de que las alumnas asisten a clases diarias pero asimismo a cursos intensivos fuera de la ciudad, y así han obtenido buena cantidad de reconocimientos en confrontaciones de danza de diversos lugares del país.

Añadió con evidente emoción que “muchas generaciones de talentosas bailarinas han egresado en el transcurso de estos años; bailarinas que ahora son profesionales dieron sus primeros pasos sobre la duela de nuestros salones de cristal; se han formado entusiastas maestras que hoy comparten con nuestras alumnas sus conocimientos; y tantas niñas que en la actualidad son destacadas profesionales y madres de familia obtuvieron aquí cursos de superación personal como complemento de su formación.”

Nos despedimos y quedó la maestra en su oficina donde en la actualidad administra (tutela) la existencia de una escuela que es ya parte constitutiva del patrimonio paceño en particular, y de esta California en términos más amplios.

Parabienes, pues, por su medio siglo a la Academia de Ballet y Jazz “Mejibó”, valor airapiano orgullo de la California del Sur.

* Ex presidente del patronato que restauró el teatro “Juárez” de La Paz, y autora de Huellas ancestrales (2001), Crónicas de mi puerto (2015) y Comercio y turismo en el municipio de La Paz (2017).