/ lunes 6 de diciembre de 2021

Cambio cultural

Los graves problemas nacionales se agravan por la falta de una educación de calidad y una cultura del agandalle.

Somos una nación maleducada, en el sentido amplio de la expresión.

Hemos dejado de ver a nuestro alrededor.

Ponga atención en el tráfico que agobia a varias ciudades del país. Mucho de él se origina por la falta de respeto al otro. Por automóviles que no respetan el reglamento. Ignoran el semáforo. Se atraviesan, aunque seguir sea imposible y frenan a los demás.

La diferencia en el trato al peatón es también significativa. En los países desarrollados la normalidad es que el automovilista se detenga para que el peatón cruce, con o sin semáforo. Aquí, damos las gracias y nos apresuramos: en una concesión del poderoso, el del auto, detenerse para no arrollar.

Hay una cultura del bloqueo y del abuso que contamina toda la vida nacional.

Ser opositor es ser obstructor. Lo dijo Manuel Bartlett, senador en la era de Fox: a México le irá bien si al presidente le va mal.

Con Ernesto Zedillo, el PAN se opuso a una reforma energética. El PRI lo hizo con Fox. La izquierda exigió por décadas elecciones limpias y hoy tratan de degollar al árbitro.

Igual que en el tráfico agobiante, se trata de que yo avance unos metros, así el país se detenga por décadas.

A la par está la costumbre del agandalle. Se sube haciendo de los demás escalones.

Si hay un orden ascendente por escalera, el ganón toma el elevador.

La cultura del atropello se demuestra en las calles, en los juzgados, en los consejos de administración. En el gobierno, no se diga: ignórese a las oposiciones —aunque hayan obtenido el 46% de los votos para elegir diputados) y no cambien ni una coma de mi deseo.

Los cambios culturales llevan tiempo para coagular. La forma de acelerarlos es generando un sentido de urgencia.

México está sumido desde hace años en un descenso en un río caudaloso pero silente. No hay bancarrota. No hay crisis evidente. La descomposición paulatina es nuestra realidad y los cadáveres nuestro paisaje.

Arriba de la balsa vamos todos: remando cada uno para su beneficio.

Si no se genera un sentido de urgencia y se activan las alarmas, si somos incapaces de generar una cultura de cooperación, una costumbre del acuerdo, un ambiente de concordia, volcaremos.

Y volcaremos pronto.

Pero si lo hacemos, saldremos adelante. Como siempre.

@fvazquezrig

Los graves problemas nacionales se agravan por la falta de una educación de calidad y una cultura del agandalle.

Somos una nación maleducada, en el sentido amplio de la expresión.

Hemos dejado de ver a nuestro alrededor.

Ponga atención en el tráfico que agobia a varias ciudades del país. Mucho de él se origina por la falta de respeto al otro. Por automóviles que no respetan el reglamento. Ignoran el semáforo. Se atraviesan, aunque seguir sea imposible y frenan a los demás.

La diferencia en el trato al peatón es también significativa. En los países desarrollados la normalidad es que el automovilista se detenga para que el peatón cruce, con o sin semáforo. Aquí, damos las gracias y nos apresuramos: en una concesión del poderoso, el del auto, detenerse para no arrollar.

Hay una cultura del bloqueo y del abuso que contamina toda la vida nacional.

Ser opositor es ser obstructor. Lo dijo Manuel Bartlett, senador en la era de Fox: a México le irá bien si al presidente le va mal.

Con Ernesto Zedillo, el PAN se opuso a una reforma energética. El PRI lo hizo con Fox. La izquierda exigió por décadas elecciones limpias y hoy tratan de degollar al árbitro.

Igual que en el tráfico agobiante, se trata de que yo avance unos metros, así el país se detenga por décadas.

A la par está la costumbre del agandalle. Se sube haciendo de los demás escalones.

Si hay un orden ascendente por escalera, el ganón toma el elevador.

La cultura del atropello se demuestra en las calles, en los juzgados, en los consejos de administración. En el gobierno, no se diga: ignórese a las oposiciones —aunque hayan obtenido el 46% de los votos para elegir diputados) y no cambien ni una coma de mi deseo.

Los cambios culturales llevan tiempo para coagular. La forma de acelerarlos es generando un sentido de urgencia.

México está sumido desde hace años en un descenso en un río caudaloso pero silente. No hay bancarrota. No hay crisis evidente. La descomposición paulatina es nuestra realidad y los cadáveres nuestro paisaje.

Arriba de la balsa vamos todos: remando cada uno para su beneficio.

Si no se genera un sentido de urgencia y se activan las alarmas, si somos incapaces de generar una cultura de cooperación, una costumbre del acuerdo, un ambiente de concordia, volcaremos.

Y volcaremos pronto.

Pero si lo hacemos, saldremos adelante. Como siempre.

@fvazquezrig