/ viernes 11 de enero de 2019

Aprendiendo a ser feliz

¿Cuántas razones encontraste para sonreír en vacaciones y fiestas decembrinas?

De seguro tuviste una visita inesperada; una hermana que no habías visto desde su partida a otro país; la abuelita que vivía enclaustrada y decidió acercarse; un ex-novio de la universidad que aún te ocasiona el famoso sentir de las mariposas en el estómago; quizás, recibiste un detallito de secret santa en la escuela o aquel regalo inesperado en el intercambio laboral; alcanzaste una meta antes de de finalizar el año; ¿te casaste o te divorciaste? Las posibilidades son infinitas, cuales hayan sido tus grandes y pequeñas razones para encontrarte sonriendo en estas pasadas fechas festivas, es esencial encontrar el tiempo cada día para agradecerle a Dios, el Universo, o a quién sea, que tu corazón te dirija y haga sentir indiscutiblemente feliz. Bien dice por ahí Joseph Addison que lo que el sol es para las flores, las sonrisas son para la humanidad.

No nos cabe la menor duda que empezando noviembre los vientos cambian a nuestro favor, hay algo inexplicablemente mágico en el manejo de las energías que en estas fechas nos acompaña y nos hace enternecer la coraza que inconscientemente cargamos el resto del año, es como si al pisar los últimos dos meses de doce nos sentimos más emocionales, sentimentales, espirituales, y bueno, qué les puedo contar acerca de sentirse familiares, cariñosos, amorosos y empalagosos. Así es, empezamos con el día de muertos, acción de gracias, la navidad y el fin de año es el super size combo que solamente se da por este lado del calendario y queremos no termine nunca jamás.

Lee: Amor Digital Vs. Amor de Antes

Llegan los familiares de lejos o nos toca viajar, se adorna la ciudad de colores y brotan los recuerdos de infancia, nos inunda el sentimiento de unidad, queremos abrazar hasta al cartero y hemos cambiado nuestra manera de pensar, porque sí, muchas cosas pasan en un año; dejamos atrás intentos fallidos de relaciones que nunca funcionaron; sepultamos sueños que solamente existían en nuestra cabecita; renunciamos al trabajo que nos tenía estáticos; nos dan un ascenso o nos corren injustificadamente; nos enfocamos en nuevas metas y objetivos; bajamos de peso, subimos de peso y volvemos a bajar de peso; un día somos alguien importante en la oficina y al otro nos encontramos haciendo el mandado y sacando la ropa a secar; otros días, cambiamos pañales, dejamos a nuestros hijos en el kínder; tomamos un vuelo de negocios; nos deja el vuelo, nos enojamos, nos contentamos. Definitivamente, somos seres multifacéticos y nos debemos un fuerte aplauso, pero realmente fuerte y glorioso por vivir, por existir, por sobrevivir y sobre todas las cosas por seguir adelante y no rendirnos. Aún cuando las cosas se tornan turbias y obscuras, encontramos luz, porque todo en sí es parte de un proceso que al fin de cuentas nos beneficia.

Sí, cada día trae algo nuevo y se lleva algo viejo.

Si juntamos todo lo que hemos avanzado o en muchas veces retrocedido, nos daremos cuenta de que hasta lo negativo nos deja cosas buenas porque nos hace reflexionar y hacer introspección; crecemos, maduramos, volvemos a fallar, nos vuelve a doler, a agobiar, a asfixiar, pero tarde o temprano sanamos y volvemos a la raíz, a ser seres humanos enfocados en lo que realmente importa.

A esta vida venimos a ser felices y para alcanzar esa felicidad en el momento presente debemos de empezar de dejar de preocuparnos por lo que está más allá del poder de nuestra voluntad. La felicidad depende de nosotros mismos y aunque por mucho tiempo vivimos aceptando la información externa acerca de lo que ésta constituye, hoy en día ya no nos comemos el cuento de la sociedad consumista de jalón como fundamento principal para nuestro bienestar. Cuestionamos si comprar tanta cosa innecesaria es la clave para sonreír, nos hemos dado cuenta de que nuestro ser divino -quien vive detrás de todas esas grandes masas y capas de pensamientos prefabricados- disfruta más de lo que había antes de todo eso y todo aquello… un atardecer, un día lluvioso, una caminata a la orilla del mar, un amanecer, una estrella fugaz, un abrazo, un beso, una caricia. Ajá, caemos en cuenta que las cosas que nos hacen sentir maravillosamente existían antes que el dinero en sí, antes que los penthouses frente a Central Park y la quinta avenida, antes la felicidad no se encontraba en un anuncio masivo o en una tienda departamental, simplemente lo eras. Sin embargo, el hombre moderno la ha falsificado, la mercadotecnia logra su objetivo principal, nos engaña, y caemos, compramos el anillo de compromisos con la roca más grande pensando que eso hará feliz a la chica de tus sueños, y la hará, pero por tan solo unos instantes porque ya sabemos que la felicidad no se compra, se cultiva.

¿Cómo era todo antes?

Eres una vez… hace mucho tiempo atrás… en el planeta azul… cuando no se trataba de adquirir y adquirir y hacer muchas miles de cosas para recibir el conocimiento de los demás que la gente era feliz sin saberlo. Al parecer, ahora lo tienes que saber tú y todo mundo en redes para justificarte de que realmente lo eres ¡sumamente más feliz que el de a un lado!, cuando la felicidad plena y sincera no necesita de la aprobación de un me gusta o un me encanta, necesitas sentirla tú en ti y por ti.

Se trata de ser feliz con lo que ya se tiene, con valorarlo, abrazarlo, cuidarlo y conservarlo. Se trata de ser feliz a cuestas de no recibir el reconocimiento de los demás sino el propio; ahí yace la autentica felicidad. Esta mañana al despertar, sino te diste cuenta de que eras la persona más feliz del mundo con todo lo que ya tienes, ¿cuándo lo harás?, ¿ya que llegue el clima o el marido perfecto o, tal vez, cuando tengas un trabajo más importante que el chico que te hacia la vida imposible en la prepa? No esperes a esas tontas fantasías, no esperes a que caiga la tarde para empezar a agradecer lo afortunado que eres. Haz consciencia, se consciente, expande esa consciencia y haz tus propios acuerdos con lo que realmente te hace feliz. Puede que el chico con aquel trabajo que tanto anhelabas no sea tan feliz como tanto lo piensas, podría encontrarse atascado en un mundo lleno de superficialidades e infinidad de juntas sin salida, enredado en un mundo que compite por banalidades, rodeado de seres humanos que actúan como maquinas, sim tiempo para ser felices.

Hace un par de años atrás intenté entender lo que muchos minimalistas me decían acerca de que más es menos. Pero para entenderlo tiene uno que trabajar en el desapego a todo lo que nos han hecho creer que es la felicidad. Desapegarse duele, hacer nuevas conexiones neurales y escapar la realidad actual no es fácil. Ser feliz con menos cuesta porque hemos estado tan atrapados con los diferentes conceptos de la felicidad moderna que nos resulta imposible aceptar que podemos ser totalmente felices si nos disociamos de éste. No se necesita que los demás nos crean que lo somos sin tener que seguir la misma carrera que ellos. Nosotros somos quién realmente tenemos que serlo.

Lee también: Canteras blancas

El año pasado, finalmente pasó algo místico dentro de mí. Logré ser consciente de lo que realmente constituye esa felicidad. La clave está en cerrar los ojos, en borrar el cassette de todo lo que nos han inventado acerca de ésta, y ahí en esa obscuridad, sin nada, simplemente estando contigo mismo ser feliz. Para que cuando lo abras puedas disfrutar de lo demás. No dejes que la causa de tu felicidad sea algo mayor a eso porque estarás dando permiso a que tu felicidad se base en exterioridades y estarás condicionándote a sólo ser feliz en ciertas ocasiones.

Llegamos con los ojos cerrados, sin nada y así nos iremos. No dejes que ese gran paréntesis que ocurre entre la llegada y la ida al cual llamamos vida se te escurra tratando de ser feliz, simplemente selo. Escapa tu check list moderno de lo que constituye esa felicidad. Si no tienes al esposo perfecto, ama al que ya tienes. Sino tienes el coche del año, agradece por el que ya te trae y te lleva. Sino tienes la casa en la zona más nice, limpia la que ya tienes. Sino puedes irte a la costa del sur de Francia este año, vete a Balandra y conecta con tu entorno. Sino tienes los Louboutin de temporada, se feliz descalzo. Ya lo tienes todo, únicamente tienes diferentes cosas a las de los demás. Brinda por ello cada que puedas.

Ya hemos sacado el pinito y quitado las extensiones de luces festivas en la casa, guardamos el inflable del monigote de nieve y quitamos todos los adornos navideños. La realidad es que se nos ha ido la época del año donde encontramos razones por doquier para sonreír. Este 2019 los quiero invitar a que hagan de su principal propósito el no esperar hasta fin de año para sentirse así, encuentren las mil y un razones desde el primero de enero para serlo.

Les deseo que sea tan felices que no sepan si están viviendo o soñando. ¡Tienen 365 días para acostumbrarse!

¿Cuántas razones encontraste para sonreír en vacaciones y fiestas decembrinas?

De seguro tuviste una visita inesperada; una hermana que no habías visto desde su partida a otro país; la abuelita que vivía enclaustrada y decidió acercarse; un ex-novio de la universidad que aún te ocasiona el famoso sentir de las mariposas en el estómago; quizás, recibiste un detallito de secret santa en la escuela o aquel regalo inesperado en el intercambio laboral; alcanzaste una meta antes de de finalizar el año; ¿te casaste o te divorciaste? Las posibilidades son infinitas, cuales hayan sido tus grandes y pequeñas razones para encontrarte sonriendo en estas pasadas fechas festivas, es esencial encontrar el tiempo cada día para agradecerle a Dios, el Universo, o a quién sea, que tu corazón te dirija y haga sentir indiscutiblemente feliz. Bien dice por ahí Joseph Addison que lo que el sol es para las flores, las sonrisas son para la humanidad.

No nos cabe la menor duda que empezando noviembre los vientos cambian a nuestro favor, hay algo inexplicablemente mágico en el manejo de las energías que en estas fechas nos acompaña y nos hace enternecer la coraza que inconscientemente cargamos el resto del año, es como si al pisar los últimos dos meses de doce nos sentimos más emocionales, sentimentales, espirituales, y bueno, qué les puedo contar acerca de sentirse familiares, cariñosos, amorosos y empalagosos. Así es, empezamos con el día de muertos, acción de gracias, la navidad y el fin de año es el super size combo que solamente se da por este lado del calendario y queremos no termine nunca jamás.

Lee: Amor Digital Vs. Amor de Antes

Llegan los familiares de lejos o nos toca viajar, se adorna la ciudad de colores y brotan los recuerdos de infancia, nos inunda el sentimiento de unidad, queremos abrazar hasta al cartero y hemos cambiado nuestra manera de pensar, porque sí, muchas cosas pasan en un año; dejamos atrás intentos fallidos de relaciones que nunca funcionaron; sepultamos sueños que solamente existían en nuestra cabecita; renunciamos al trabajo que nos tenía estáticos; nos dan un ascenso o nos corren injustificadamente; nos enfocamos en nuevas metas y objetivos; bajamos de peso, subimos de peso y volvemos a bajar de peso; un día somos alguien importante en la oficina y al otro nos encontramos haciendo el mandado y sacando la ropa a secar; otros días, cambiamos pañales, dejamos a nuestros hijos en el kínder; tomamos un vuelo de negocios; nos deja el vuelo, nos enojamos, nos contentamos. Definitivamente, somos seres multifacéticos y nos debemos un fuerte aplauso, pero realmente fuerte y glorioso por vivir, por existir, por sobrevivir y sobre todas las cosas por seguir adelante y no rendirnos. Aún cuando las cosas se tornan turbias y obscuras, encontramos luz, porque todo en sí es parte de un proceso que al fin de cuentas nos beneficia.

Sí, cada día trae algo nuevo y se lleva algo viejo.

Si juntamos todo lo que hemos avanzado o en muchas veces retrocedido, nos daremos cuenta de que hasta lo negativo nos deja cosas buenas porque nos hace reflexionar y hacer introspección; crecemos, maduramos, volvemos a fallar, nos vuelve a doler, a agobiar, a asfixiar, pero tarde o temprano sanamos y volvemos a la raíz, a ser seres humanos enfocados en lo que realmente importa.

A esta vida venimos a ser felices y para alcanzar esa felicidad en el momento presente debemos de empezar de dejar de preocuparnos por lo que está más allá del poder de nuestra voluntad. La felicidad depende de nosotros mismos y aunque por mucho tiempo vivimos aceptando la información externa acerca de lo que ésta constituye, hoy en día ya no nos comemos el cuento de la sociedad consumista de jalón como fundamento principal para nuestro bienestar. Cuestionamos si comprar tanta cosa innecesaria es la clave para sonreír, nos hemos dado cuenta de que nuestro ser divino -quien vive detrás de todas esas grandes masas y capas de pensamientos prefabricados- disfruta más de lo que había antes de todo eso y todo aquello… un atardecer, un día lluvioso, una caminata a la orilla del mar, un amanecer, una estrella fugaz, un abrazo, un beso, una caricia. Ajá, caemos en cuenta que las cosas que nos hacen sentir maravillosamente existían antes que el dinero en sí, antes que los penthouses frente a Central Park y la quinta avenida, antes la felicidad no se encontraba en un anuncio masivo o en una tienda departamental, simplemente lo eras. Sin embargo, el hombre moderno la ha falsificado, la mercadotecnia logra su objetivo principal, nos engaña, y caemos, compramos el anillo de compromisos con la roca más grande pensando que eso hará feliz a la chica de tus sueños, y la hará, pero por tan solo unos instantes porque ya sabemos que la felicidad no se compra, se cultiva.

¿Cómo era todo antes?

Eres una vez… hace mucho tiempo atrás… en el planeta azul… cuando no se trataba de adquirir y adquirir y hacer muchas miles de cosas para recibir el conocimiento de los demás que la gente era feliz sin saberlo. Al parecer, ahora lo tienes que saber tú y todo mundo en redes para justificarte de que realmente lo eres ¡sumamente más feliz que el de a un lado!, cuando la felicidad plena y sincera no necesita de la aprobación de un me gusta o un me encanta, necesitas sentirla tú en ti y por ti.

Se trata de ser feliz con lo que ya se tiene, con valorarlo, abrazarlo, cuidarlo y conservarlo. Se trata de ser feliz a cuestas de no recibir el reconocimiento de los demás sino el propio; ahí yace la autentica felicidad. Esta mañana al despertar, sino te diste cuenta de que eras la persona más feliz del mundo con todo lo que ya tienes, ¿cuándo lo harás?, ¿ya que llegue el clima o el marido perfecto o, tal vez, cuando tengas un trabajo más importante que el chico que te hacia la vida imposible en la prepa? No esperes a esas tontas fantasías, no esperes a que caiga la tarde para empezar a agradecer lo afortunado que eres. Haz consciencia, se consciente, expande esa consciencia y haz tus propios acuerdos con lo que realmente te hace feliz. Puede que el chico con aquel trabajo que tanto anhelabas no sea tan feliz como tanto lo piensas, podría encontrarse atascado en un mundo lleno de superficialidades e infinidad de juntas sin salida, enredado en un mundo que compite por banalidades, rodeado de seres humanos que actúan como maquinas, sim tiempo para ser felices.

Hace un par de años atrás intenté entender lo que muchos minimalistas me decían acerca de que más es menos. Pero para entenderlo tiene uno que trabajar en el desapego a todo lo que nos han hecho creer que es la felicidad. Desapegarse duele, hacer nuevas conexiones neurales y escapar la realidad actual no es fácil. Ser feliz con menos cuesta porque hemos estado tan atrapados con los diferentes conceptos de la felicidad moderna que nos resulta imposible aceptar que podemos ser totalmente felices si nos disociamos de éste. No se necesita que los demás nos crean que lo somos sin tener que seguir la misma carrera que ellos. Nosotros somos quién realmente tenemos que serlo.

Lee también: Canteras blancas

El año pasado, finalmente pasó algo místico dentro de mí. Logré ser consciente de lo que realmente constituye esa felicidad. La clave está en cerrar los ojos, en borrar el cassette de todo lo que nos han inventado acerca de ésta, y ahí en esa obscuridad, sin nada, simplemente estando contigo mismo ser feliz. Para que cuando lo abras puedas disfrutar de lo demás. No dejes que la causa de tu felicidad sea algo mayor a eso porque estarás dando permiso a que tu felicidad se base en exterioridades y estarás condicionándote a sólo ser feliz en ciertas ocasiones.

Llegamos con los ojos cerrados, sin nada y así nos iremos. No dejes que ese gran paréntesis que ocurre entre la llegada y la ida al cual llamamos vida se te escurra tratando de ser feliz, simplemente selo. Escapa tu check list moderno de lo que constituye esa felicidad. Si no tienes al esposo perfecto, ama al que ya tienes. Sino tienes el coche del año, agradece por el que ya te trae y te lleva. Sino tienes la casa en la zona más nice, limpia la que ya tienes. Sino puedes irte a la costa del sur de Francia este año, vete a Balandra y conecta con tu entorno. Sino tienes los Louboutin de temporada, se feliz descalzo. Ya lo tienes todo, únicamente tienes diferentes cosas a las de los demás. Brinda por ello cada que puedas.

Ya hemos sacado el pinito y quitado las extensiones de luces festivas en la casa, guardamos el inflable del monigote de nieve y quitamos todos los adornos navideños. La realidad es que se nos ha ido la época del año donde encontramos razones por doquier para sonreír. Este 2019 los quiero invitar a que hagan de su principal propósito el no esperar hasta fin de año para sentirse así, encuentren las mil y un razones desde el primero de enero para serlo.

Les deseo que sea tan felices que no sepan si están viviendo o soñando. ¡Tienen 365 días para acostumbrarse!
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