/ viernes 20 de julio de 2018

Ansiedad

Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. (En medicina) Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos. (Diccionario de la Lengua Española)

La explicación que intentó dar la señora Loretta Ortiz, coordinadora para el proceso de pacificación designada por el candidato ganador de la elección presidencial del 1 de julio en México, a su dicho de que el papa participaría en los foros de discusión para el logro de la paz en el país, de inmediato desmentido por el vocero del estado Vaticano (“La noticia de que el santo padre participará en esta conferencia no tiene fundamento”), fue que nunca significó por parte de ella una propuesta formal, y que contestó eso por ansiedad.

Pero que seguirá insistiendo en que la autoridad de los católicos participe en la mesa de diálogo para el fin de la violencia, junto a la gente de toda laya con que se pretende llegar a acuerdos y signar compromisos...

Si la depresión es una neurosis del individuo respecto a su pasado (abatimiento, infelicidad, culpabilidad), la ansiedad es la neurosis respecto al futuro, especie de patología anticipatoria.

De tal manera, y en vista de las conductas asumidas por las élites triunfantes del proceso comicial, estamos en condiciones de afirmar que la presente etapa anterior al 1 de diciembre de este 2018 se define evidentemente por la ansiedad.

Al parecer, luego de la dilatada espera para acceder al poder presidencial, congresal, estatal y municipal logrado finalmente al cabo de trece años, les urge entrar de inmediato en posesión de la autoridad que les está negada ahora, por lo menos hasta el término constitucional.

Y eso debe ser exasperante; hay que entenderlo.

Sin embargo, su ansiedad se ha visto atendida por la condescendencia de las autoridades nacionales y algunas extranjeras, que ha permitido hechos como la reunión del presidente virtual con los delegados norteamericanos, y la del gobernador de Baja California Sur con quien será comisario presidencial (delegado general o procónsul), a la cabeza de los candidatos que obtuvieron mayoría en las elecciones de este año y el presidente de su partido.

Y como todo está permitido a partir de ahora, doña Loretta se ha tomado la atribución flagrante de mentir con la noticia de la vinculación del jefe del estado Vaticano en la procuración del alivio a la tarea que tendrá a su propio cargo. Desde luego, a ella misma habrá que otorgar el mérito de haber definido esta etapa de actividades previas a la asunción de los nuevos integrantes de los poderes ejecutivo y legislativo de la nación, con el término “ansiedad”, que ilustra de muchas maneras el actual proceso de apuraciones de los agentes de la “cuarta transformación” por adelantar vísperas.

Una de ellas es el anuncio de la inminente, onerosa y demostradamente inoperante desconcentración de las secretarías de estado, cuya consecuencia inmediata ha sido la estresante preocupación de los mexicanos que laboran en el servicio público de la Ciudad de México, que se están viendo amenazados en sus intereses personales y familiares mediante una potencial movilización, a todas luces fuera de lógica e inconveniente por varias razones, de forma particular para los estados receptores y los forzados migrantes, que en el traslado habrán de afrontar trastornos inimaginables de toda índole.

Si se trata de forzar renuncias a empleos y antigüedades para abatir gastos de la administración federal en aras de la austeridad republicana, van por buen camino…

La ansiedad tiene que ver también, paradójicamente, con las marcha-atrás en dichos disparatados como el de las relaciones con los empresarios, así como el proyecto en ejecución del nuevo aeropuerto internacional de México.

La ansiedad se expresa asimismo en la supuesta búsqueda del encuentro del candidato triunfador con el llamado “ejército” de liberación nacional, que éste ha negado tajantemente por medio de sus portavoces. Su enmascarado y conocido dirigente manifestó en un bucólico comunicado que “Podrán cambiar de capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”, lo cual ratifica la posición de Guillén frente al tabasqueño.

Evidencia adicional de dicha ansiedad es la proclamación de las cincuenta “medidas” por la austeridad y contra la corrupción, que pretenden apuntar otras tantas acciones que nada tienen de novedosas: en buena parte se refieren a asuntos ya contemplados en la Ley, a la que simplemente hay que acatar y cumplir; otras son francamente absurdas o ingenuas y algunas más contienen intenciones de injerencia en los otros poderes federales y estatales. Ansiedad por ir adelantando lo que en el inicio del sexenio deberá ser presentado como Plan Nacional de Desarrollo.

Ante todo ello, el presidente de la República ha mantenido un discreto ritmo de trabajo exento de declaraciones que pudieren interrumpir el festejo y las cotidianas expresiones de ansiedad de quienes se preparan para la asunción a los menesteres gubernamentales. De tal manera que algunos analistas políticos hasta sostienen que el nuevo sexenio ya comenzó; tal es la ansiedad por adelantar los tiempos; que llegarán, pero a su tiempo.

Como solía recordarnos el maestro Domingo Carballo Félix: “A su tiempo maduran las uvas.”

O sea que “no por mucho madrugar…

Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. (En medicina) Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos. (Diccionario de la Lengua Española)

La explicación que intentó dar la señora Loretta Ortiz, coordinadora para el proceso de pacificación designada por el candidato ganador de la elección presidencial del 1 de julio en México, a su dicho de que el papa participaría en los foros de discusión para el logro de la paz en el país, de inmediato desmentido por el vocero del estado Vaticano (“La noticia de que el santo padre participará en esta conferencia no tiene fundamento”), fue que nunca significó por parte de ella una propuesta formal, y que contestó eso por ansiedad.

Pero que seguirá insistiendo en que la autoridad de los católicos participe en la mesa de diálogo para el fin de la violencia, junto a la gente de toda laya con que se pretende llegar a acuerdos y signar compromisos...

Si la depresión es una neurosis del individuo respecto a su pasado (abatimiento, infelicidad, culpabilidad), la ansiedad es la neurosis respecto al futuro, especie de patología anticipatoria.

De tal manera, y en vista de las conductas asumidas por las élites triunfantes del proceso comicial, estamos en condiciones de afirmar que la presente etapa anterior al 1 de diciembre de este 2018 se define evidentemente por la ansiedad.

Al parecer, luego de la dilatada espera para acceder al poder presidencial, congresal, estatal y municipal logrado finalmente al cabo de trece años, les urge entrar de inmediato en posesión de la autoridad que les está negada ahora, por lo menos hasta el término constitucional.

Y eso debe ser exasperante; hay que entenderlo.

Sin embargo, su ansiedad se ha visto atendida por la condescendencia de las autoridades nacionales y algunas extranjeras, que ha permitido hechos como la reunión del presidente virtual con los delegados norteamericanos, y la del gobernador de Baja California Sur con quien será comisario presidencial (delegado general o procónsul), a la cabeza de los candidatos que obtuvieron mayoría en las elecciones de este año y el presidente de su partido.

Y como todo está permitido a partir de ahora, doña Loretta se ha tomado la atribución flagrante de mentir con la noticia de la vinculación del jefe del estado Vaticano en la procuración del alivio a la tarea que tendrá a su propio cargo. Desde luego, a ella misma habrá que otorgar el mérito de haber definido esta etapa de actividades previas a la asunción de los nuevos integrantes de los poderes ejecutivo y legislativo de la nación, con el término “ansiedad”, que ilustra de muchas maneras el actual proceso de apuraciones de los agentes de la “cuarta transformación” por adelantar vísperas.

Una de ellas es el anuncio de la inminente, onerosa y demostradamente inoperante desconcentración de las secretarías de estado, cuya consecuencia inmediata ha sido la estresante preocupación de los mexicanos que laboran en el servicio público de la Ciudad de México, que se están viendo amenazados en sus intereses personales y familiares mediante una potencial movilización, a todas luces fuera de lógica e inconveniente por varias razones, de forma particular para los estados receptores y los forzados migrantes, que en el traslado habrán de afrontar trastornos inimaginables de toda índole.

Si se trata de forzar renuncias a empleos y antigüedades para abatir gastos de la administración federal en aras de la austeridad republicana, van por buen camino…

La ansiedad tiene que ver también, paradójicamente, con las marcha-atrás en dichos disparatados como el de las relaciones con los empresarios, así como el proyecto en ejecución del nuevo aeropuerto internacional de México.

La ansiedad se expresa asimismo en la supuesta búsqueda del encuentro del candidato triunfador con el llamado “ejército” de liberación nacional, que éste ha negado tajantemente por medio de sus portavoces. Su enmascarado y conocido dirigente manifestó en un bucólico comunicado que “Podrán cambiar de capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”, lo cual ratifica la posición de Guillén frente al tabasqueño.

Evidencia adicional de dicha ansiedad es la proclamación de las cincuenta “medidas” por la austeridad y contra la corrupción, que pretenden apuntar otras tantas acciones que nada tienen de novedosas: en buena parte se refieren a asuntos ya contemplados en la Ley, a la que simplemente hay que acatar y cumplir; otras son francamente absurdas o ingenuas y algunas más contienen intenciones de injerencia en los otros poderes federales y estatales. Ansiedad por ir adelantando lo que en el inicio del sexenio deberá ser presentado como Plan Nacional de Desarrollo.

Ante todo ello, el presidente de la República ha mantenido un discreto ritmo de trabajo exento de declaraciones que pudieren interrumpir el festejo y las cotidianas expresiones de ansiedad de quienes se preparan para la asunción a los menesteres gubernamentales. De tal manera que algunos analistas políticos hasta sostienen que el nuevo sexenio ya comenzó; tal es la ansiedad por adelantar los tiempos; que llegarán, pero a su tiempo.

Como solía recordarnos el maestro Domingo Carballo Félix: “A su tiempo maduran las uvas.”

O sea que “no por mucho madrugar…

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